A. NAVARRO / J. BERTALOT
En plena zafra azucarera, productores y peludos se quejan por bajo rendimiento, falta de recursos e incertidumbres del proyecto de ALUR. Entienden que la situación no ha mejorado, pese a los puestos de trabajo y a las intenciones del gobierno.
El proyecto de Alcoholes del Uruguay (ALUR) cobró fuerzas en el año 2005, cuando el gobierno decidió que era necesario comenzar a producir etanol y biodiesel con materias primas nacionales para diversificar la matriz energética y generar puestos de trabajo rural, elevando al tiempo la calidad de vida de estos trabajadores.
En febrero de 2006 Ancap comenzó a trabajar en el proyecto de creación de un complejo agroindustrial sucroal- coholero con un plan de inversiones que ronda los US$ 40 millones, aunque para llevarlo adelante el gobierno ha comprometido recursos por cerca de US$ 70 millones.
"Por ahora no vemos impacto en el trabajador rural con el proyecto sucroalcoholero", dijo a El País el presidente de la Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas (UTAA), Jorge Rodas.
En la actualidad, a un cortador de caña, o "peludo", lo que gana le alcanza sólo para alimentar a su familia, según explicaron a El País.
Un "peludo" corta de promedio dos toneladas y media de caña de azúcar por día, por lo que gana unos $ 340 diarios, teniendo en cuenta que los productores pagan $ 136 la tonelada de acuerdo a lo convenido. Los asalariados rurales comienzan su jornada a las siete de la mañana, que es cuando los "levanta el camión", hasta alrededor de las tres de la tarde.
Además, los productores pequeños deben recurrir a adelantos que da ALUR para a su vez cumplir con el pago a sus empleados de campo.
El productor Alberto Rodríguez dijo a El País que hay problemas para conseguir "lo que corresponde realmente" y aseguró que la semana pasada lo que le dieron no le alcanzó para adelantar lo que le corresponde a su personal.
El jueves la UTAA decidió no permitir el ingreso de camiones con caña de azúcar al ingenio Mones Quintela en reclamo del pago de la quincena a los asalariados rurales y porque los adelantos que algunos productores realizan en forma semanal son de $ 500 por trabajador, según informó Rodas. Sostuvo que son los plantadores de caña los que incumplen con los trabajadores porque el dinero que reciben de ALUR como adelanto lo deben utilizar para comprar combustible y otros gastos que demanda la producción.
Otro tema que preocupa a los trabajadores es la zafralidad de esta actividad. La zafra actual culminará en octubre, por lo que los meses reales de trabajo no llegarán a cinco. "Queremos terminar con la zafralidad, porque resulta que un asalariado después que termina la zafra debe emigrar para Montevideo u otro departamento a conseguir changas y esperar la próxima zafra para volver a Bella Unión", indicó Rodas.
Al mismo tiempo los peludos temen por la mecanización en el corte que se anuncia para el año que viene. En la actualidad hay 1.200 peludos que ven con preocupación esta decisión de ALUR que ya este año está experimentando al respecto, por lo que proporcionó dos pequeñas máquinas a siete productores para mecanizar el corte. Rodas agregó que este sistema va a desplazar a los peludos de su trabajo en las chacras.
En esta zafra azucarera, los productores de Bella Unión están preocupados porque hay un 40% aproximadamente que está por debajo del rendimiento promedio de producción. Según el presidente de la Asociación de Plantadores de Caña del Norte Uruguayo, Ricardo Ferreira, el Rendimiento Industrial Teórico -la cantidad de azúcar que se produce por 100 kilos de caña- está en el orden de los 9,3 kilos de azúcar, pero en algunas zonas se registra un rendimiento menor, llegando a 8 kilos, sin conocer técnicamente la razón. Los productores afectados son aproximadamente el 40% de los casi 300 que cultivan caña de azúcar.
Más tierra para los trabajadores
En esta zafra azucarera hay unas 6.700 hectáreas de caña plantada por lo que se espera producir unas 350.000 toneladas. En 2006 había 2.700 hectáreas sembradas y para 2009 se espera alcanzar las 10.000, algo que algunos plantadores ven difícil.
Actualmente hay 380 productores, de los que 100 tienen menos de 5 hectáreas, 110 tienen entre 5 y 10 hectáreas, por lo que 66% de los productores tienen menos de 15 hectáreas y hay sólo tres productores con más de 100 hectáreas.
El acceso a la tierra ha sido uno de los reclamos que han planteado siempre los trabajadores. "Queremos campo para los compañeros porque no tenemos claro que va a pasar el año que viene. No sabemos si la empresa va a apuntar a más azúcar o más alcohol o a vender energía", dijo el presidente de UTAA, Jorge Rodas, a El País.
Rodas también explicó que aún no saben cómo se va a distribuir el campo expropiado por el Instituto Nacional de Colonización que tiene 2.033 hectáreas. En Colonia España, en tanto, ocupada el 15 de enero del 2006, hay seis familias trabajando a través de una cooperativa. Hoy plantan 20 hectáreas de caña de azúcar de las 36 que tiene el predio. Además la Universidad de la República instalará un centro de formación sobre cultivo de caña.
Oposición cuestiona riesgos de inversión
Para la oposición, el proyecto de ALUR es "un signo de interrogación", al tiempo que cuestiona la viabilidad comercial y los riesgos que esta inversión implica.
El diputado herrerista Pablo Abdala dijo a El País que advirtió en reiteradas oportunidades el riesgo de esta inversión, por lo que él considera "deficiencias estructurales" del proyecto de ALUR, tanto en lo que tiene que ver con la baja productividad por las condiciones climáticas y de suelo, los problemas de escala que tiene Uruguay y ciertos cuestionamientos a la proyección financiera del negocio.
"Está claro que estamos frente a una inversión de altísimo riesgo", aseguró el legislador.
En respuesta a muchas de estas críticas, el presidente de Ancap y ALUR, Raúl Sendic, ha dicho que este proyecto se diseñó para evaluarlo en quince años, tal como lo hace con el conjunto de sus negocios, y que se estima que tendrá una tasa de retorno de 14%.
Abdala está a la espera de que le respondan un pedido de informes que realizó en marzo sobre la tasa interna de retorno del negocios y el valor actual neto. "Sendic da por supuesto que en función de determinadas inversiones van a tener determinados resultados, yo quiero saber cómo llegaron a esa conclusión", afirmó.
El proyecto tuvo dificultades en 2007, básicamente por la baja del precio del azúcar a nivel internacional, la guerra de precios en el mercado interno declarada por la empresa MAN y las heladas en la región.
"Es todo un gran signo de interrogación desde mi punto de vista. Estamos todos en una actitud de expectativa. Hay que esperar la próxima zafra e ir viendo los resultados. Creo que tomaron un riesgo muy importante", sentenció Abdala.
El diputado planteó además que se pueden reiterar problemas de índole comercial, como los del año pasado, por la competencia que representan en el mercado interno tanto Azucarlito co-mo MAN, un operador que importa directamente el producto terminado generando problemas de precios.
Abdala también se refirió a la incertidumbre de la incorporación de Venezuela que está negociando la compra de un 15% de las acciones de ALUR desde hace meses. Este país ya tiene un 10% de ALUR que le compró a la Corporación Nacional para el Desarrollo. "Creo que hay una gran contradicción por parte de Venezuela porque entró a este negocio pero tiene un discurso muy crítico a la utilización de los alimentos para la producción de combustibles", dijo Abdala.