Moneda de dos caras

Mi señora volvió a casa transformada. No se trataba, en este caso únicamente, del efecto provocado por una de esas ofertas que a ella le atraen como el azúcar a la mosca y que a mí me dejan sin jubilación antes incluso de haberla cobrado. Nada de eso. Ocurre que alguien, en la calle, le entregó un volante en el que se explican las razones por las que, desde el gobierno, se sugiere a los ciudadanos que no entreguen monedas a los menores que ejercen la mendicidad en los semáforos de Montevideo.

"Tienen razón. Si uno no les da una moneda, sus padres ya no les mandarán a pedir a la calle", me dijo mi esposa, mientras blandía el volante que le habían entregado. Según la teoría oficial, la forma de cortar con la infame explotación que algunas "personas" hacen de sus hijos de corta edad pasaría por negar una ayuda a estos chicos que, a cualquier hora y bajo cualquier clima, realizan malabares, limpian vidrios o simplemente extienden la mano en las esquinas más concurridas de la ciudad.

Yo me permito, sin ser un entendido en la materia, tomar una prudente distancia de esta teoría y, fundamentalmente, de quienes levantan esta bandera. Después de todo, los funcionarios de hoy son los opositores que ayer se agraviaban por la proliferación de niños pidiendo limosna en los semáforos y prometían un cambio radical en esta dolorosa realidad una vez que la izquierda llegara al poder.

A esa gente le llegó el tiempo de hacer. De llevar a los hechos lo que tanto habían pregonado. Para ello dispusieron de mayorías parlamentarias históricas, de un respaldo popular impar y de recursos absolutamente extraordinarios. ¿Para qué usaron esos enormes privilegios? Para crear un nuevo ministerio, para aumentar la burocracia, para colocar parientes actuales y futuros, y para iniciar una cadena de favores, a partir del denominado Ingreso Ciudadano, que ahora desde la propia izquierda se dice que podría romperse si ganan los partidos tradicionales?

¿Tiene esta gente autoridad moral para hablar de la pobreza, del dolor que ella causa y de las mejores formas para combatirlo?

¿Se preocupó en algún momento este gobierno de condicionar el pago del Ingreso Ciudadano al compromiso de los padres de que sacarían a sus hijos de la calle, so pena de perder este beneficio que todos financiamos si no cumplían con esa premisa?

¿Ha hecho algo este gobierno, que ha recaudado como ningún otro en la historia moderna, para sacar a los niños de la calle y para responsabilizar a los padres de esos menores por el daño que están provocando a las futuras generaciones que hoy pasan más tiempo en el semáforo que en un banco de escuela?

Esta izquierda, que pasa más tiempo enojada con los periodistas que con los problemas, no hizo nada durante cuatro años y ahora proclama, como la gran solución, que los uruguayos dejemos de darle una moneda a estos niños, aunque las autoridades van a seguir permitiendo que éstos menores sean explotados por sus padres, incluso a sabiendas de que si piden y no llevan a su casa el dinero necesario, van a ser molidos a golpes por esos adultos a quienes las mismas autoridades no miran ni siquiera de reojo, aunque les pagan un Ingreso Ciudadano que todos bancamos con nuestros impuestos.

Por eso no le voy a hacer caso a esta recomendación de los expertos de la izquierda y, haciendo uso de la libertad que todavía queda, voy a seguir dándole una moneda a quien yo quiera, y renegando de los muchos billetes que, sin quererlo, tengo que darle todos los meses al niño Danilo en un semáforo donde a mi edad no debería detenerme.

elpepepregunton@hotmail.com

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