Al igual que Maximiliano Robespierre, apodado "El Incorruptible" por los revolucionarios franceses de 1789, también circulan entre nosotros los políticos que rinden constante tributo a la virtud con denuncias sistemáticas de las tropelías de sus antecesores, lo cual se parece a un intento de resaltar la pureza de la propia gestión.
El problema sobreviene cuando el virtuoso en cuestión es a su vez objeto de denuncias, cosa que acaba de ocurrir con el ministro de Transporte y Obras Públicas, Víctor Rossi, quien en dos notas de una misma publicación periodística aparece primero como denunciante y en seguida como denunciado.
En efecto, entrevistado por el semanario Brecha en su última edición, haciendo gala de esa natural propensión de ciertos gobernantes progresistas a incriminar alegremente al prójimo, Rossi declara que antes de su llegada al ministerio las asociaciones del Estado con empresarios privados eran "un viva la Pepa". En sus denuncias, en las que no falta la nada elegante palabra "joda", Rossi añade que las decisiones de sus antecesores perjudicaron al erario público en beneficio de los privados, situación que este Robespierre de flamígera espada dice que corrigió de una vez y para siempre. Claro que no lo hizo suprimiendo las asociaciones con privados que tanto denostó en el pasado sino que esos emprendimientos mixtos seguirán existiendo, anuncia, pero bajo nuevas y prístinas reglas por él dictadas.
Junto a tan tonificante entrevista, el referido semanario de izquierda publica a continuación una nota que da cuenta de "una serie de actos de corrupción en el Ministerio de Transporte" en perjuicio de las direcciones de Transporte, Vialidad y Arquitectura de dicha secretaría de Estado. De ellas y de la persecución que ha hecho carne en el funcionario ministerial que las denuncia públicamente, el Ministro confiesa no tener el más mínimo conocimiento, lo que resulta extraño en un jerarca que lleva más de mil días al frente de la cartera. De todas maneras y para tranquilidad de la población, Víctor Rossi prometió que averiguará si tales acusaciones son veraces. De confirmarse, se espera que la reacción sea digna de las tradiciones del inflexible Robespierre.