Desconociendo y duplicando las tareas de la existente Junta Anticorrupción, el ministro de Economía creó su propia junta para trabajar en exclusiva en el área de la Aduana. Si sus demás colegas de gabinete lo imitaran, el Estado se poblaría de organismos similares, a pesar de que ya funciona uno, a nivel nacional, con potestades para trabajar con el Poder Ejecutivo y el Poder Judicial en materia de corrupción.
Su verdadero nombre es Junta Asesora Económico Financiera del Estado aunque se la conoce más como Junta Anticorrupción. Fue creada por la ley 17.060, del 23/12/98, y actúa en la órbita del Ministerio de Educación con un directorio tripartito, un abultado presupuesto y decenas de funcionarios especializados.
Lo más adecuado del punto de vista jurídico -y de la lógica más elemental- hubiera sido confiar a ese organismo la ejecución de las acciones que ahora se le asignan a la llamada Comisión Honoraria para la Transparencia del Proceso Aduanero. Un título rimbombante para un grupo de cuatro personas que podrá recibir denuncias, recabar información, sugerir procedimientos a las autoridades y derivar las denuncias a las instituciones competentes del Poder Ejecutivo o del Poder Judicial.
Es decir, las mismas y exactas funciones que ya ostentaba la Junta Anticorrupción instalada precisamente para entender en situaciones como las detectadas en la Aduana.
El error cometido al engendrar esta Comisión nace de la precipitación con que actuó el ministerio en la emergencia. Todo empezó cuando el senador Mujica denunció ante Tabaré Vázquez irregularidades en la actividad aduanera, lo que se leyó como un ataque indirecto contra el ministro de Economía, responsable de ese servicio.
Astori, ante el estruendo causado por las denuncias de su ex-compañero de gabinete (y, digámoslo, eventual rival en la candidatura presidencial por el Frente Amplio), salió a defenderse a las apuradas e improvisó con la formación de esta extraña Comisión que ignora la labor de la Junta Anticorrupción. Su creación es innecesaria aunque políticamente hablando quizás sirva para llenar el ojo y taparle la boca al senador denunciante.