RUBEN LOZA AGUERREBERE
Se ha dicho que todos recuerdan dónde estaban cuando se enteraron de la muerte de Kennedy. Yo me acuerdo. ¿Y usted, lector? Algo semejante, pienso, sucede con el 11 de setiembre de 2001, cuando ocurrió el diabólico ataque terrorista a las Torres Gemelas y el Pentágono. También recuerdo dónde estaba cuando vi los aviones embutiéndose en las Torres. ¿Usted?
Creo que el 11 de setiembre de 2001 fue el día que cambió el siglo XXI. Ha sido un impacto emocional, único. Tras el 11-S, la tierra en que habitamos, es otra. Y, sin embargo, demasiado poco, salvo algunos casos muy especiales, y de alto criterio, algunos y de bajísimo los más, poco se ha escrito sobre ello. Y, en tal sentido, corresponde destacar una vez más el breve libro (que desearíamos más extenso) del celebrado escritor americano Don DeLillo, uno de los mayores novelistas de Estados Unidos de hoy, según sostiene el inglés Martin Amis, y hasta hace poco un autor de culto.
Precisamente, Don DeLillo (autor de Ruido de fondo, la extraordinaria Submundo, "Jugadores" y Cosmópolis) ha dado a conocer el ensayo "En las ruinas del futuro" (Circe/Océano). Se trata de una breve, aguda, intensa y muy emotiva reflexión del atentado del 11 de setiembre, analizando diversos aspectos sobre la devastación física y emocional de aquella catástrofe contra la libertad.
Todo cambió el 11 de setiembre. Ahora, dice DeLillo, son "nuestras vidas y nuestras mentes las que se ven invadidas". Señala que parte de nuestro mundo se ha derrumbado sobre el suyo, y, en consecuencia, los terroristas del 11-S: "quieren traer de vuelta el pasado". "Somos -dice DeLillo- ricos, privilegiados y fuertes, pero ellos están dispuestos a morir". Esa es "su" ventaja. Y comenta que, sin duda, la tradición del derecho a la libertad de Estados Unidos, y su sistema judicial para defensa de acusados, deben parecer una "infamia" a los ojos de los terroristas suicidas. Y es que los terroristas edifican su conspiración en torno a su ira e indiferencia. La ventaja es que no se la ve. "Sabe quiénes somos -sostiene DeLillo- y qué representamos en el mundo... pero su mirada no alcanza a divisar ningún ser humano indefenso". El Apocalipsis no tiene lógica, y ellos la han traspasado. "Aquí" dice, "se trata del cielo y el infierno".
Los papeles que salieron volando tras la explosión, cuanta DeLillo, llegaron hasta Brooklin. Pero esto es más impresionante aún. Dice DeLillo: "Hojas de papel incrustadas en el hormigón... papeles que rebanan los neumáticos y permanecen allí encastrados". Y gente emergiendo de un mundo nocturno de cenizas, el de las Torres Gemelas, que eran el símbolo de la irresistible tentación tecnológica por llevar a cabo lo realizable.
Los terroristas del 11-S: "ven algo innatamente destructivo en la naturaleza de la tecnología", sostiene DeLillo. Y agrega que, entonces, la utilizan como lo que es: algo para matar. Un estado desprovisto de fronteras, teocrático, que depende del fervor suicida, y el mundo libre y democrático, están ahora enfrentados. Asistimos a la guerra entre el pasado y el futuro.
Análisis, descripciones y dolor, contienen estas páginas reflexivas del ilustre novelista. Quien sostiene con razón que aquello parecía irreal. "Cuan- do decimos que algo es irreal (agrega DeLillo) queremos decir que es demasiado real...". Hay que leerlo.