A pleno sol

Al promediar la tarde tibia y soleada del pasado lunes, todo parecía indicar que proseguía la rutina habitual en la Avenida 18 de Julio y sus calles transversales. Los ómnibus seguían cruzando semáforos en rojo, sus velocidades lucían excesivas, los peatones no se quedaban atrás en sus audaces cruces y los inspectores de tránsito probablemente miraban para otro lado.

Sin embargo, esa tarde no iba a ser una más en el benigno invierno de 2008. De repente todo cambió y en un abrir y cerrar de ojos quedó truncada una vida. Una señora de edad avanzada fue atropellada por un ómnibus de Cutcsa que iba hacia el Este, en el cruce de la principal avenida y Yaguarón. Su sangre quedó como mudo testimonio en aquella esquina fatal. La dama murió un rato después, en un hospital.

El tema de las responsabilidades en este caso concreto será dilucidado en la medida de lo posible, por la Justicia que ya inició sus indagaciones. Alguien no respetó el semáforo. Tal vez ninguno lo respetó. Eso se verá. Sea como sea, estamos ante una muerte anunciada.

¿Cuántas veces desde estas columnas hemos señalado que la avenida 18 de Julio y sus cruces se habían convertido en una jungla? ¿Cuántos ómnibus y peatones hemos visto cruzar allí, desaprensivamente? ¿Cuántos inspectores de tránsito andan a apenas una cuadra del edificio municipal, más preocupados por controlar el estacionamiento tarifado que la seguridad en el tránsito?

El accidente del pasado lunes se puede decir que estaba programado. No por un espíritu maligno sino por una sociedad en cuyo seno actúan seres acrecidamente desaprensivos. Seres que cada vez más nos acercan a los niveles de riesgo urbano de los países del Tercer Mundo.

Esta muerte en pleno centro, a pleno sol, no puede quedar como un dato estadístico más. No puede simplemente agregarse a la larga lista de las vidas segadas por accidentes de tránsito. Hoy importa que este violentísimo fallecimiento quede como una advertencia imborrable respecto de los niveles de audacia mortal a los que se llega cotidianamente en esta capital de la República Oriental del Uruguay. Algo inaceptable. Algo que tiene que cambiar de inmediato.

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