XIMENA AGUIAR
Detrás de la mano que pide hay niños emancipados, otros explotados por un adulto, y otros que sienten la responsabilidad de sacar adelante a su familia. Ahora que el INAU pide no darles la moneda, vuelven a aparecer los problemas de fondo.
Quien está dentro del auto puede pensar que una moneda se da por caridad. Pero los chicos que piden en los semáforos, hablan de sus "clientes". Tienen claro que lo que hacen es un trabajo. Un trabajo que es considerado por la OIT como una de las peores formas de trabajo infantil, por los riesgos y consecuencias que tiene la permanencia en la calle.
"Uno de los elementos más críticos es que implica una emancipación. La familia deja de tener control del niño, de sus relaciones con otros adultos, el niño empieza a transar bienes y servicios, maneja dinero, adquiere valores distintos de los que manejan los niños de su edad. Pasa el tiempo, y se convierte en un niño muy diferente a los otros, y reincorporarlo es muy complejo", dijo José Enrique Fernández, sociólogo encargado del estudio Características de niños trabajadores y sus familias en 2005.
Desde el punto de vista del trabajo infantil, Fernández estuvo de acuerdo con la campaña del INAU para no dar monedas a los niños de la calle.
"No hay que ser clientes de trabajo infantil, sea en la feria, en la panadería o en la calle. Si no, somos otra parte de problema, en eso hay que ser intransigente", señaló el sociólogo.
Quienes trabajan diariamente con niños de la calle, enfatizan que la solución depende de otras acciones. "Nos parece que una medida así no soluciona los problemas que tienen los gurises que están desarrollando esas estrategias. Claro que la situación de calle vulnera muchos de sus derechos, pero están vulnerados ya de antes, cuando tienen que salir a buscar recursos", dijo Lucía Avellanal, de Gurises Unidos.
Intuitivamente, las personas que recibieron ayer los folletos de la campaña del INAU que fueron repartidos en el Cerro, compartían los razonamientos de los especialistas. Algunos sostuvieron que dar una moneda estimula la permanencia en la calle, y otros se quejaron de la falta de efectividad del organismo, aunque no de la campaña en sí. Todos los consultados señalaron su preocupación por la gravedad del problema de la mendicidad infantil, y la impotencia frente a una situación que los encara a diario.
Relación. También los especialistas sienten el conflicto frente al niño que pide una moneda. "Yo les dejé de dar, pero me genera un problema interno. Mis hijos prácticamente me exigen que les dé, tuve que explicarles. Tampoco sé qué hacer", dijo Fernández. "Yo no les doy, porque apuesto a vincularlos con un servicio, entrando en diálogo. Pero no puedo pedir que todos los ciudadanos hagan eso. Es una situación muy fuerte, yo lo dejo a criterio de cada uno", apuntó Avellanal.
El gesto de dar la moneda refuerza los roles del niño mendigo y la persona que comparte su dinero. Más allá de que se critique una actitud hipócrita, o un modo despectivo, doctrinas éticas y religiosas postulan la importancia de la caridad.
"Estas indicaciones generales nos vienen bien, pero hay que dejar que la gente actúe con ese criterio y tenga la libertad de dar o no de acuerdo a su propia conciencia. Que no nos anestesie porque el INAU ahora se encarga, eso sería demasiado hipócrita", dijo el obispo Pablo Galimberti.
La campaña "marca un criterio general, que en la Iglesia también manejamos, de promover y no meramente asistir. Pero también se tiene que contemplar que puede haber niños que no estén en una red de protección. Y no podemos calcular frente a cada caso, eso mata la generosidad", añadió.
Por otro lado, Roxana González, directora del Programa Calle del INAU, señaló que al mendigar "el niño vende su condición de niño pobre, y recibe esa imagen de sí, no de sus posibilidades y potencialidades como persona, que como adultos tenemos la responsabilidad de darle. La escuela, o un centro de educación no formal, son medios para eso". Más allá del gesto puntual, González señaló la oportunidad que da la campaña para repensar el problema. "Moviliza, también a quienes trabajamos con esa población. Es importante que haga pensar, y recordar que el niño que pide no es parte del paisaje de la ciudad".
Distinguir. Los especialistas señalan la diversidad de situaciones que llevan a un niño a pedir. Hay niños que tienen una vida prácticamente independiente de una familia conflictiva o que sufrió una tragedia que le impide hacerse cargo de los niños. Están también quienes son explotados por los encargados de protegerlos.
"Conozco gurises que son el sustento económico de la casa. A veces es cierto que son castigados si no traen lo suficiente, porque más o menos saben lo que pueden sacar y si no lo trae es porque se lo gastó", señaló Fanny Garrido, directora del hogar Rescatate, que trabaja con chicos con larga trayectoria en calle. "Sacan más de 300 pesos diarios, depende del niño y la zona. Cuanto más chicos son, más sacan", informó.
También encontró casos, excepcionales, en los que un adulto controla a varios niños mendigos, que no son sus hijos. "Hace algunos años en el barrio Peñarol había una señora que tenía varios chicos `a su cargo`, pero sin papeles. Salían, iban al Centro a hacer mendicidad y ella les daba techo y comida. También hubo una pareja bajo el puente de Sarmiento, con varios chicos que ejercían la mendicidad para ellos".
Por otro lado, Avellanal señaló que la mayoría "están comprometidos con buscar los $ 40 o $ 50 para la familia. No le pegan, sino que van asumiendo esa responsabilidad, para ayudar con las necesidades de sus hermanos. Si no los consiguen, claro que se frustran, y se quedan más rato".
Antonio Martínez: "No creo que la gente deje de darles"
Vendedor ambulante en ómnibus
La campaña me parece perfecta. En el sindicato luchamos para que salgan de la venta en ómnibus y de los semáforos. Pero siempre hubo niños pidiendo, y no creo que la gente deje de darles".
María Pérez: "Me siento mal si doy, y mal si no doy"
Transeúnte, 24 años
La campaña me parece bien, pero no sé si es la solución. Algunos pueden pedir para comer y otros para sus padres. Me da cosa darles una moneda y también no darles. ¿En general? Les doy".
Cecilia Cardozo: "No doy porque sé que no lo ayudo"
Transeúnte, 22 años
No darles dinero, incentivos para que vayan a la escuela, multar a los padres... todo ayuda. Yo no doy, aunque me da lástima, porque sé que así no lo ayudo, sólo quizás me saco la culpa".
Las cifras
630 Son los atendidos en programas para niños de calle, directamente por el INAU o a través de distintas ONGs en Montevideo.
600 Son aproximadamente los niños que practican la mendicidad en Montevideo y área metropolitana; un tercio de los 1.887 en calle.
Con folletos para guardar
En la terminal del Cerro, ayer de tarde, seis jóvenes con uniformes negros y naranjas repartieron los folletos de la campaña del INAU y charlaron con los interesados sobre los fundamentos de la propuesta. Mientras esperaban el ómnibus, algunos comentaban sus posiciones sobre el tema, y otros guardaban los folletos de papel satinado con vistosas historietas para leerlos más tarde. El tema interesó: en el suelo no quedó ni uno solo de los folletos entregados.
"Dé o no la moneda, mírelo a los ojos"
Al negar la medida paliativa de dar una moneda, la campaña suscita rápidamente la pregunta: ¿qué hacer entonces?
Roxana González, directora del programa Calle del INAU, señaló que se puede llamar a la Línea Azul (0800 5050) para avisar, si un niño suele estar en situación de calle en determinada zona.
Actualmente, esas denuncias son atendidas por el programa que trabaje en la zona o por un equipo móvil de atención, que hoy integran sólo dos personas. Entre los 140 nuevos funcionarios que entrarán al INAU, este servicio ambulatorio será prioritario, señaló. Tras la llamada, "a veces se espera que el niño desaparezca. No va a desaparecer, se va a empezar un trabajo con él, con la familia y la escuela, pero hizo un recorrido para llegar ahí y tiene que hacer otro inverso para salir", añadió.
Más allá de la moneda, Lucía Avellanal, de Gurises Unidos, señaló que "está bueno mirarlos a los ojos, no maltratarlos, no perder de vista que son niños, aunque estén en una situación particular. A veces damos de mala manera, como a un perro; ellos se dan cuenta y eso afecta su subjetividad. Es importante hablarle bien, saludarlo, respetarlo, mirarlo a los ojos, también si le voy a decir que no".
González también consideró que la medida de no darles monedas "viene bien si se acompaña de otras".
Una de las difundidas en los propios folletos es la herramienta de asignaciones familiares condicionadas, para las que se diseñó un sistema de monitoreo entre el BPS, ANEP y el Mides, para relevar la asistencia "Ya hizo el traspaso de información sobre las matrículas y en unos meses se va a hacer el primer chequeo", dijo Julio Bango, director de Infamilia.
Actualmente, los programas específicos para chicos de calle realizados directamente por el INAU o a través de convenios atienden a unos 630 niños y adolescentes, y hay otros atendidos en otros programas.