JOSÉ MASTANDREA
El triunfo clásico volvió a darle tranquilidad a Peñarol. Al menos en lo institucional, donde había tenido una semana movida con fuego cruzado y declaraciones que vaticinaban serios problemas si se perdía ante el rival de todas las horas.
El cuerpo técnico y el plantel trataron de tomar distancia de la política interna del club, pero se rozó el nombre de Mario Saralegui y el entrenador no se calló.
Con ese panorama, Peñarol se preparaba para el clásico más importante del año. Al menos para sus intereses: si caía, quedaba afuera de la Copa y peligraba su participación en la Sudamericana.
El grupo volvió a hacerse fuerte en la adversidad. "Vivimos el clásico con normalidad, no dramatizamos, nos aislamos de todo", confesó el profesor Gabriel Souza, uno de los grandes responsables de la respuesta del equipo en la cancha.
Los jugadores se rebelaron. Se juntaron, hablaron, y se convencieron que tenían que salir adelante por sí solos. Algo similar a lo que sucedió cuando se perdió con Liverpool en Belvedere. "Es este partido", dijeron los referentes. Y así lo vivieron en la intimidad de Los Aromos.
El cuerpo técnico trabajó como siempre. Pero esta vez hubo más videos del rival. Hubo horas y horas de estudio en el dormitorio de Mario Saralegui. Allí, Ruben Paz y el profesor Souza planificaron todo sin descuidar ningún detalle.
Los videos fueron tres, pero se repasaron una y otra vez. Se pararon cuadro por cuadro en jugadas puntuales, siempre con papel y lápiz en mano, sacando apuntes, datos, jugadas y posturas. Desde los saques de Alexis Viera hasta las corridas del "Viruta" Vera. En Los Aromos, hubo cine Nacional.
Se vieron los partidos del tricolor ante River, frente a Rampla y también se volvió a pasar el video del clásico anterior.
Sólo un reducido grupo de jugadores (los más influyentes) vio algún video del rival, pero no con el cuerpo técnico sino para sacar sus propias conclusiones.
Después empezó el trabajo puntual, "caso por caso", diría un allegado al plantel.
Y allí se apuntó a sacar lo mejor de cada uno.
El tema del arco era importante. El propio Nicolás Biglianti lo confesó después de la victoria. "Tenía una asignatura pendiente con los hinchas y conmigo". Tras el triunfo, Saralegui lo felicitó y le grito: "¿Viste? Te dije que tenés huevos... que podías... jugaste como para quedarte un año más en Peñarol. ¡Te felicito canario!".
El clásico se jugó durante toda la semana. En los videos, en el pizarrón, en los apuntes.
El primer gol de Peñarol nació, precisamente, de una jugada preparada de pelota quieta.
Los secretos de la victoria siguen encerrados en Los Aromos.