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América Latina. Brasil se dedica a los megaproyectos
Integración energética viene con voltaje bajo
Voltaje bajo. Los países de la región desconfían de los demás y trazan sus propios planes en materia energética. Las empresas brasileñas soportan varias limitaciones para invertir en el extranjero

AMÉRICA ECONOMÍA | THE NEW YORK TIMES

El giro de Brasil, que concentra sus recursos en megaproyectos propios, y la indiferencia de México obligan a la región a que la tan mentada "integración energética" sea a tropezones.

En el norte de Chile el racionamiento de energía eléctrica es ya parte del día a día. En Argentina, los industriales se preparan para los rigores del invierno con una preocupación redoblada: el gobierno les pide que consuman menos gas y electricidad en las horas de consumo máximo, a medida que las temperaturas bajan. En Brasil, dependiente todavía del gas boliviano, también crece el temor de que falte combustible para que el sector industrial mantega su sólido ritmo actual.

La apretada relación entre la oferta y la demanda de gas y electricidad no representa sólo una amenaza para el crecimiento económico de los países del Cono Sur: se trata de una crisis que deja expuesta la inexistencia de una integración energética efectiva en América Latina. Cada país permanece de espaldas o desconfiando de los demás, trazando sus propios planes y recelando de cualquier tentativa de establecer directrices comunes para un abastecimiento regional.

En este contexto, se hacen más sombríos los indicios de que Brasil está girando desde una política prointegración energética hacia otra donde la autonomía es su meta. No era así hace apenas cuatro años, cuando un optimista Luiz Inácio Lula da Silva, en 2003, aseguraba que se tomaba seriamente la posibilidad de participar en la construcción del llamado Gasoducto del Sur, el cual llevaría gas desde Venezuela, su impulsor, a Brasil, Paraguay, Uruguay y Argentina.

Hoy, los estudios técnicos para la construcción de ese monstruo de la ingeniería están suspendidos, y Petrobras corrió a comprar Ipiranga, bloqueando así la entrada de Pdvsa en el mercado brasileño de distribución de combustibles. Una clara señal de la rivalidad geopolítica entre los dos países, feroz después que técnicos venezolanos fueron a Bolivia a entrenar a los nuevos funcionarios de la resucitada empresa estatal de hidrocarburos YPFB, para asumir el control de las refinerías de Petrobras.

Irónicamente, el arribo de un gobierno popular, en teoría afín al de Lula, en un país rico en gas, Bolivia, ha exacerbado las rivalidades. El presidente Evo Morales estableció una política de "primero, gas para los bolivianos" y "exportación a precios internacionales", para lo cual tuvo que incumplir varios acuerdos. Para el profesor Ronaldo Bicalho, del Grupo de Economía de Energía de la Universidad Federal de Rio de Janeiro (UFRJ), la falta de seguridad de que los contratos no serán rotos a la primera señal de adversidad, es un elemento muy fuerte que bloquea toda integración.

Como no se avanza en ello, de pronto las plantas de regasificación de Gas Natural Licuado (GNL) emergen como hongos en Sudamérica. Brasil construye una en Rio, otra en Ceará y estudia una tercera en el sur. Chile se apresta a terminar dos, Uruguay construye una y Argentina se arriesga con la tecnología de buques regasificadores.

Más allá del tema del gas, el foco de la estrategia energética de Brasil ha variado de forma sutil. Ha salido de escena la ambiciosa idea de la integración sudamericana y ganó fuerza el deseo de internacionalizar de las empresas brasileñas del rubro. La línea de esa ofensiva la forman Petrobras, Eletrobras y el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES).

Eletrobras, responsable del 40% de la generación eléctrica de Brasil, por ejemplo, obtuvo este año la autorización legal del gobierno para invertir en proyectos en el exterior como accionista mayoritario. La empresa estatal ya está involucrada en la construcción de hidroeléctricas en Venezuela, Argentina y Brasil. Ello, sin hablar de su participación en emprendimientos locales, como las usinas de Santo Antonio y Jirau, que producirán en plena selva amazónica más de 6.000 Mw, una inversión que supera los US$ 20 mil millones.

"Eletrobras debe desempeñar un papel destacado en el continente, pero las inversiones son complicadas", explica Vicente Koki, analista del sector eléctrico de Banif Securities. ¿Por qué? "Hay un potencial hidroeléctrico limitado en la región", agrega, y para explotarlo "es preciso asociar a las centrales con la construcción de líneas de transmisión que cubrirán distancias considerables", agrega. Por si ello fuera poco, hay también temas de diversidad regulatoria, junto con el aspecto vinculado a la legislación medioambiental "que hacen que un proyecto nuevo demore hasta nueve años en salir del papel".

Más allá de estos problemas, las empresas brasileñas que desean ir a realizar obras en el resto de la región encuentran una limitación muy concreta. Por un lado, no siempre poseen las garantías que pide el poderoso BNDES y, aunque las tengan, el capital de esta institución también se encuentra focalizado hacia Brasil. El mismo BNDES necesita más de US$ 55.000 millones para asistir los pedidos de financiamiento previstos por el Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC), buque insignia del segundo mandato del presidente Lula da Silva.

Y es que en Brasil las cosas que faltan por hacer son casi demasiadas. La integración es un sueño distante, aun allí: la red eléctrica de su región norte se encuentra aislada y depende de subsidios para la quema de combustibles líquidos altamente contaminantes.

Chile también tiene su norte desértico, pero industrial-minero, aislado del resto del país y de su vecino Perú. Preocupado con la fragilidad de la situación, su ministro de Energía, Marcelo Tokman, realizó en 2007 una peregrinación entre sus colegas de Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú, explorando posibles acuerdos de interconexión eléctrica andina.

Con el apoyo del PNUD, la idea se encuentra en la fase de estudios técnicos preliminares. Según María Isabel González, gerente general de la empresa de consultoría Energética y ex secretaria ejecutiva de la Comisión Nacional de Energía (CNE) de Chile, la "interconexión es posible" y existe la voluntad política de sacarla del campo de las promesas, aunque eso llevará por lo menos una década.

Los problemas al sur de Ecuador son lo suficientemente importantes para que Colombia opte por la integración con sus vecinos de América Central. En abril pasado, el ministro colombiano de Minas y Energía, Hernán Martínez Torres, y el secretario de Energía y del Canal de Panamá, Dany Kuzniecky, firmaron un tratado bilateral que permitirá la interconexión eléctrica de los países. México, directamente, está totalmente lejano (ver aparte)

¿Hay que aceptar este realismo de integración mezquina? Es cierto, "tenemos dificultades regulatorias, institucionales, políticas, pero América Latina es hoy una región privilegiada en términos mundiales -responde Nelson Siffert, jefe del Departamento de Energía Eléctrica de Bndes-; en este sentido, la integración energética presenta evidentes razones de eficiencia económica".

Para él, los problemas son de corto plazo. "En pocos años , Brasil será exportador de petróleo. Aparte de eso, en Sudamérica usamos un tercio de nuestra capacidad hidrológica y el 42% de nuestra matriz energética es renovable. Nosotros, los sudamericanos, tenemos un destino común y eso va a prevalecer".

Problemas de energía e indignación indígena

Internacionalizarse en la región no es fácil, y los problemas pueden surgir de las más diversas fuentes. Pueden dar fe de un ejemplo "folklórico" las empresas Cemig y Alusa.

Ambas compañías energéticas brasileñas tuvieron que revisar el trazado de una línea de transmisión de 190 kilómetros, que construyen sobre las localidades chilenas de Charrúa y Temuco, porque pasaba sobre diez kilómetros de tierras indígenas. Esto significa que el proyecto, en principio muy simple, llegará a tener un costo de US$ 60 millones, ocho millones de dólares más de lo previsto. Además, ya se adelanta que habrá un atraso en la culminación de las obras que superará los dos meses al plan inicial.

Muchos analistas consideran que esto puede afectar al interés brasileño en invertir en energía fuera de la región. Sin embargo, no tienen que cruzar la frontera para encontrar problemas similares. Los indígenas también se pintaron de guerra, esta vez en el propio Brasil, para oponerse a la inundación de áreas en las márgenes del río Xingú, en la Amazonia. El 20 de mayo, un grupo de caiapós agredió con cuchillazos a un ingeniero de Electrobras, que salvó la vida, pero no el susto.

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Petróleo. Camino a convertirse en una superpotencia petrolera, Brasil se mira el ombligo.
Foto: AP. 
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