PARÍS O GLOBO/GDA Y AP
Ingrid Betancourt dice vivir una "burbuja de felicidad". En una semana, la ex rehén de las FARC cambió la selva colombiana por una suite del lujoso Hotel Le Maurice de París. Y recibe unos 200 pedidos de entrevista por día.
Cualquier otra persona estaría agobiada, pero ella siempre parece dispuesta. Debe estarlo, no hay medio que no quiera hablar con ella ni autoridad pública que no quiera ser mostrado junto a la cara más visible del drama colombiano. Sobre su regreso a la civilización, dice sentirse conmovida ante el aroma de un perfume o la sensación del agua caliente sobre la piel. Asegura estar mentalmente "estable" y que durante su estadía de seis años, cuatro meses y nueve días como rehén su mayor temor fue que se afectara su personalidad. Para sobrevivir, debió adoptar la de un hombre; y la de un hombre perteneciente a las FARC.
-¿Cómo es la vuelta a la civilización?
-Mucho más fácil que caer en la prehistoria, que fue lo que me pasó a mí. Vivía en una estructura militar. Siempre tuve muchas dificultades para cumplir los horarios rigurosos que nos exigían los guerrilleros porque nosotras, las mujeres, hacemos las cosas de un modo diferente. Daban la orden de empacar equipos y los hombres tenían todo listo en cinco minutos. Yo entraba en pánico. Por eso, era maltratada. "Si te matan es tu problema", me decían.
-Cuando usted habla de vincular al presidente (de Venezuela, Hugo) Chávez en la negociación por los rehenes aún presos, ¿usted piensa que las FARC serían más condescendientes con él que con otros?
-Las FARC son una organización autista. Están en otro planeta. Es otra civilización, fuera de los parámetros de la lógica. Si las FARC se mantienen aisladas en el mundo, con los golpes que han sufrido últimamente, una derrota militar sería muy fácil. Nuestra libertad no precisó un solo tiro. Eso fue muy humillante para ellos.
-¿No se debe negociar?
-Sí, hay que negociar.
-¿Cómo, si ellos viven en "otro planeta"?
-Lo que precisamos son puentes, personas que puedan generar un nexo entre ese estado mental prehistórico en el que se encuentran y el mundo actual. Algunos podrán conseguir ese contacto.
-¿Solo Chávez lo lograría?
-Creo que otros podrían lograrlo. Pero por alguna razón, los guerrilleros de las FARC sienten que Chávez habla en el idioma de ellos.
-Luego de la operación que la liberó a usted y a otros 14 rehenes, ¿teme que las FARC lleven adelante alguna represalia con los otros secuestrados?
-Sí, es posible. Es posible que el régimen de cautiverio se endurezca. Yo fui obligada a andar descalza 24 horas, en la selva, con escorpiones y hormigas venenosas. La vida de un secuestrado es terrible, porque todo lo que nos significa un cable a la vida está sujeto a las arbitrariedades del comandante.
-¿Qué cambió la experiencia en su interior?
-Aprendí a comprender a los hombres y su mundo en relación con las mujeres. Crecí en una familia de mujeres. Papá era un santo y nunca sentí el machismo en casa.
-¿Y en la selva sí? ¿O algo peor?
-Sentí dominación, ganas de hacer daño a una mujer. Los guerrilleros tenían miedo que una mujer los pudiera manipular, no por fuerza sino por inteligencia. Estaban en una posición de fuerza, sosteniendo: "Llora, que nada vas a lograr llorando". Era preciso volverse hombre para expresar una idea o un sentimiento. Tengo mucho para contar al respecto, para escribir una enciclopedia.
-¿Cree que tendrá una vida normal?
-¡Por supuesto! Soy una mujer de 46 años, tengo dos niños que ya no son más niños. Tengo una madre. Me quiero dedicar a ellos.
-¿Quiere ser presidente?
-Siempre me preguntan lo mismo y me irrita un poco. No es un objetivo en sí. Puede ser un camino para un cambio, pero no puedo hacer de ello una obsesión. Además, me gusta cada vez menos la palabra "política".
-¿Y en el amor?
-Pues bien. Yo sigo con mi marido. Eso quiere decir que el sigue conmigo. Pero no sé si seguirá. En todo caso, hay un espacio... (ver nota aparte).
-¿Cuál es el vínculo de las FARC con el narcotráfico?
-El 90% de los guerrilleros eran campesinos que trabajaban con la hoja de coca, convirtiéndola en polvo para procesarla químicamente. En todos los lugares donde estuvimos había un campo de coca. La coca es parte del sistema de las FARC.
-¿Tuvo problemas con otros rehenes durante el cautiverio?
-Con los rehenes tuvimos experiencias duras. Pero no voy a hablar de ello ni de los pequeños problemas que tuvimos, porque la síntesis del cautiverio es la profunda solidaridad con los militares y policías secuestrados. Uno de ellos, William Pérez, también liberado, se dedicó a mí cuando vi la muerte de cerca. Lo comenté cuando me hice los exámenes médicos: me recuperé al 100%.
-¿Y es cierto que una vez pensó en huir a nado hacia Brasil?
-Sí. Fue cuando estábamos cerca de la frontera. Habíamos hecho un cálculo de que si nos dejábamos llevar por la corriente íbamos a llegar a la ciudad de Manaos. Ahora, cuando vaya a Brasil, voy a ir a Manaos, ¡libre!
Esposo de ex rehén admite posibilidad de una separación
A nadie pasó desapercibido que cuando Ingrid Betancourt viajó a Francia el viernes, dos días después de ser liberada, su marido, el publicista Juan Carlos Lecompte, no estaba con ella. "La determinación de que yo no fuera a acompañarla la tomamos en conjunto. Ella me había dicho que quería estar con sus hijos, porque siente cierta culpa de no haberlos visto crecer", dijo. Sin embargo, el hombre con el que la ex rehén se casó el 30 de enero de 1997 no descarta que su relación matrimonial se haya terminado.
Quedó claro que el encuentro no fue el esperado. "Me siento muy feliz con su liberación. Pero debo admitir que yo esperaba otra cosa. Esperaba un fuerte abrazo, nada de besos ni nada de eso porque estábamos en público. No hubo un fuerte abrazo. Ahí me puse a su lado, con mucha dignidad", dijo al diario colombiano El Tiempo.
"Hubiera preferido que hubiera sido un poco más cariñosa conmigo, no tan fría, pero es que un secuestro es una cosa muy complicada y uno no puede calcular el amor de esa manera. Además, quién sabe qué cosas oyó o le contaron de mí en su secuestro, como una supuesta relación que tuve con una mexicana". De acuerdo con el publicista, esos sólo fueron chismes.
Si bien Lecompte dijo que ver libre a su esposa lo hace feliz, reconoce que esa felicidad no es completa. "En este momento quisiera estar con ella... estoy confundido, no sé qué pensar".
"No debo descartar que se haya acabado todo con Ingrid. Puede pasar. No sólo lo pienso ahora, sino desde antes. El amor por mí pudo habérsele acabado en la selva. ¿Y qué puedo hacer yo? Mientras ella se organiza, se pone al día, hay que darle tiempo a las cosas. Si ya la esperé seis años y medio...", concluyó. El tiempo/GDA