EDWARD PIÑÓN
Ganó Nacional y bien. Con justicia, por el dominio de pelota que tuvo en la primera parte. Por las jugadas que se hilvanaron con precisión. Por la profundidad que tuvo su ofensiva. Por la agresividad con la que reaccionó para dar vuelta un encuentro del que debió apropiarse mucho antes.
Ganó Nacional. Por el diez que se sacó su ataque, que fue tan potente y tan efectivo que borró de la cancha los errores (en realidad horrores) que cometió su retaguardia. Y son horrores porque solamente así pueden calificarse las equivocaciones que tuvieron Deivis Barone, Alexis Viera y Oscar Morales para hacer que el partido por momentos se complicara.
El propio tricolor fue el encargado de revivir a River en un cotejo que dominó desde el inicio gracias a la velocidad con la que se tocó la pelota. A la inteligencia del "Viruta" Vera para buscar diagonales, a la capacidad de Adrián Romero para proyectarse por la derecha (en ese sector no se ve obligado a enganchar siempre para el medio) y a la buena utilización que se hizo de la franja izquierda con Diego Arismendi y Gastón Filgueira.
Nacional jugó como equipo. Sus volantes presionaron y se impusieron para robar pelotas, para encerrar a los darseneros. El ataque no dependió en exclusividad de la cabeza del "Chengue" Morales. Así fabricó jugadas y le anunció a River que quería meterse en la lucha por el título.
La apertura en el marcador fue lógica y esperada. Llegó con un golazo de Vera y pudo ser el principio del fin.
No pasó porque Nacional no reaccionó de la misma forma en su retaguardia. Es que si de malas reacciones se trata, ningunas tan desconcertantes como las que llegaron para un doble impacto darsenero.
Repuesto del 1-1 transitorio, Nacional siguió siendo el dueño del partido y desniveló con otro estupendo gol (pase de Cardacio, remate del "Chengue" y definición de Vera tras un rebote en el arquero García). Pero el fondo tricolor pareció estar obsesionado con darle un dolor de cabeza a su técnico, a los hinchas y hasta el resto del equipo. Primero Darío Flores cabeceó apareció más solo que Adán en el día de la madre para meter el 2-2 y después "OJ" le regaló el balón a Souza para que lo dejara parado a Viera.
Lo interesante del asunto es que ni con ese marcador adverso el tricolor apeló a "dale como sea". Por el contrario, siguió acertando en las entregas, manejando la pelota -gracias a un diferente Martín Ligüera-, y agobiando a un River que murió de ojos abiertos con la línea de tres.
Es que los huecos de su defensa también fueron muy significativos y ahí sacó gran ventaja un elenco albo que tuvo habilidad y mini sociedades por los dos costados.
Ligüera, Vera -otra vez- y al final Lodeiro (con una súper joya) le dieron al elenco del Parque Central una victoria para soñar con retener la Liguilla. Con un ataque así puede confiar.
La estrella
D. Vera
Por la fuerza de los tres goles que convirtió, fue el hombre del partido.