EDWARD PIÑÓN
Martín Silva sacó la última pelota, quizás la única -cuesta encontrar otra en la memoria- que no fue cortada por las dos gigantescas columnas que Jorge Da Silva tuvo en el fondo, y en la América ya nadie acompaña el destino de la pelota.
El "vamo`, vamo` la violeta. Vamo` la violeta, vamo` violeee" inunda el Estadio Centenario con la misma fuerza con la que Mario Risso y Andrés Lamas ganaron en el juego aéreo.
Defensor ya es campeón uruguayo aunque el reloj diga lo contrario y todavía en la Colombes crean que la hazaña es posible. Sólo no se percatan del hecho los que no tomaron debida nota de la enorme victoria que consiguió el equipo violeta en el control de su área y en la seguridad que tuvo su mediocampo para devorarse los intentos aurinegros.
Seis minutos más tarde, el pitazo final de Roberto Silvera, de soberbia actuación, no hace otra cosa que ratificar lo que se veía venir, por más que Peñarol expuso en la cancha la cuota de rebeldía necesaria como para forzar un nuevo partido.
Pero la violeta ya es dueña del Uruguay y lo consiguió de la mejor forma: venciendo en las finales al grande.
Ayer a lo mejor no jugó con la técnica y la precisión futbolística que demostró tener en la primera contienda y, por momentos, hasta pareció que podía sufrir alguna consecuencia por la intención que tuvo de controlar el partido más que de ir a buscarlo. Sin embargo, con la inteligencia del santiagueño Julio Marchant para encontrar espacios o fabricar otros en el fondo aurinegro, más la eficacia para marcar y la seguridad para no reventar la pelota de Pablo Gaglianone y Miguel Amado, Defensor fue consolidándose en el terreno.
Peñarol apuró, metió. Luchó el partido y hasta tuvo oportunidades para vulnerar la resistencia violeta. Pero ahí también aparecieron las figuras del equipo del Parque Rodó, como la de Silva para ahogar el grito de gol de Carlos Bueno o la solvencia de Sebastián Ariosa para cerrar un camino que parecía abierto por la vivacidad que esta vez tuvo el "Lolo" Estoyanoff.
Esa misma exposición de los carboneros no hizo otra cosa que darle mayor valor al trabajo de los muchachos de Da Silva.
Que, dicho sea de paso, tuvieron también situaciones muy favorables como para ganar el campeonato con dos triunfos consecutivos.
Si el desnivel no vino en el marcador fue porque uno y otro, hay que remarcarlo, se equivocaron a la hora de optar por los caminos que llevaban hacia el arco rival.
Peñarol, por ejemplo, insistió demasiado con la pelota por arriba. Y, en ese juego, se llevó una paliza monumental de la defensa violeta, que ganó una y otra vez. Lo increíble es que no hayan efectuado la lectura adecuada en el propio cotejo, para buscar variantes. Es más, lo único vertiginoso y riesgoso que fabricó el carbonero llegó con los desbordes del "Lolo" y con las pocas filtraciones que consiguió Aguirregaray por el sector derecho de su ataque. Pero no cargó las tintas ahí.
Defensor Sporting, en tanto, también falló al no ejercer una mayor presión sobre la última zona aurinegra y al no encarar con pelota dominada a una retaguardia que no encontraba una mejor forma de frenar los ataques que con infracciones. De haberle dado más profundidad a su juego, la consagración se hubiera consumado con un nuevo triunfo, ya sea por la diferencia técnica o por la acumulación de rojas.
Claro que para el equipo de Da Silva asumir ese reto podía convertirse en el dulce que pica los dientes, porque como Peñarol llegó a tener tres hombres en el ataque, un descuido le podía reportar un pasaje directo a otro encuentro.
A lo mejor por eso es que el cotejo no tuvo la voracidad del primero, lo que no significa que no haya sido bien jugado.
Es más, repasando uno y otro duelo, no queda otra que concluir que Defensor ganó en todos los frentes. Fue más fuerte, más veloz, más ordenado, más solidario y hasta demostró que tiene la pasta de los equipos grandes.
Por eso, hoy, sus fanáticos podrán recorrer con orgullo las calles del barrio Punta de las Carretas. Levantar la frente y gritar a viva voz que "desde el Franzini, salió el nuevo campeón".
Y un campeón con todas las letras. Con alma. Con estirpe. Con fútbol. Con la conducción brillante del "Polilla". Con grandeza. Porque ya nadie podrá decir que Defensor no es grande.
Las estrellas
A. Lamas
Cortó juego, impuso su voz de mando para ordenar a todos y salió jugando. Jugó otro gran partido.
M. Silva
Muy atento y seguro. Le ganó un mano a mano a Bueno y otro al "Lolo". Su seguridad también fue clave.
M. Risso
Un bastión del fondo violeta. Se aburrió de ganar por arriba. También anticipó con potencia. Fue un león.
Las cifras
17 años llevaba Defensor Sporting sin consagrarse campeón Uruguayo. Ahora tiene 4 títulos.
5 años ya suma Peñarol sin lograr el Campeonato Uruguayo. La última vez fue en 2003.