CARLOS MONTAÑO
Fiesta completa para los hinchas de Defensor Sporting. Festejaron el cuarto título en la historia y la primera vuelta olímpica en el Centenario, ya que en 1976, 1987 y 1991 los violetas habían levantado la copa uruguaya en el Franzini.
Los jugadores de Defensor Sporting con su autoridad y calidad manifiesta adentro de la cancha, trasmitieron serenidad a su público e hicieron que sus hinchas ubicados en la tribuna América sobre la Amsterdam se multiplicaran. Parecían mucho más de tres mil y provocaron la sana envidia de los seguidores del contrario, que se agarraron una y mil veces la cabeza por las reiteradas imperfecciones que exhibieron en la cancha los dirigidos por Mario Saralegui.
El aliento de los fanáticos de los carboneros desde la Colombes fue atronador y retumbó en todo el estadio, pero no hizo mella en el ánimo de los simpatizantes de los violetas, que se dieron el lujo de ver vacía la tribuna Amsterdam. Apenas iniciado el encuentro la arenga de la parcialidad aurinegra se hizo sentir con variado repertorio de cánticos que versaron sobre la necesidad y ansiedad por dar vuelta la historia y terminar con cinco años de sufrimiento en forma consecutiva.
Del otro lado afloró el colorido y alegre bullicio de los seguidores de Defensor Sporting, sano y con aroma a barrio.
¡"Tueeerto... Tueeerto.... Tueeerto!, gritaban con la tonalidad de las hinchadas brasileñas.
A pesar de las reprobaciones de los amantes a la "rayada", los "tuertos" de corazón siguieron con un sostenido apoyo. Del Parque Rodó y de Punta de las Carretas llegaron miles de personas con banderas, paraguas, papel picado, serpentinas y ganas de gritar campeón.
Los violetas tampoco se quedaron atrás en lo que a menciones irónicas se refiere: "Ahí están..., ahí están... los alcahuetes de Casal"!
La suerte de Peñarol estaba echada. Era inminente la cuarta vuelta olímpica del equipo de "La Farola".
Roberto Silvera dio el pitazo final y los jugadores de Defensor Sporting festejaron en el mediocampo durante un buen rato, mientras sus hinchas se desesperaban y relamían esperando que se acercaran para saludarlos. A Tabaré Viudez lo tiraron al agua. Marchant quedó prácticamente desnudo.
El estadio quedó en un abrir y cerrar de ojos casi vacío y el grito de Defensor campeón se adueñó de Centenario. La otra cara de la moneda se vio en las afueras del escenario. La lastimada hinchada de Peñarol se fue con el llanto contenido. En la salida de los futbolistas no hubo reproches. La vida de Peñarol en el Uruguayo terminó en silencio sepulcral.
Violetas recopados
Inolvidable. Emocionó ver a los hinchas de Defensor Sporting y a los jugadores festejando el título. El violeta hace rato que dejó de ser chico y volvió a ratificar su condición de rival clásico de los grandes de nuestro fútbol. En la tribuna y en la cancha los violetas se adueñaron del estadio y del título. Fue el gran triunfo de un trabajo organizado de la institución fusionada tanto en el plano económico como en el deportivo
El dolor y el placer
Contracara. El dolor aurinegro se trasluce en los rostros de Marcel Román y Matías Aguirregaray. Entretanto, los violetas iniciaban el festejo desenfrenado bañados más por la gloria que por el agua del foso cuya gélida temperatura pasó inadvertida en el corazón caliente de los campeones del Uruguayo 2008.
Papá ternura y un héroe
¡Grande Pá...! El "Polilla" Jorge Da Silva en un momento de emoción intransferible, premia a su hijo colocándole la medalla de campeón. La familia fue soporte trascendente para el entrenador, autor intelectual de una campaña memorable de los violetas.
Gigante. El "zurdo" Andrés Lamas comparte el trofeo con la gran cantidad de hinchas de Defensor Sporting que "se salían de la vaina" por entrar a la cancha a besar la copa de campeón. El zaguero volvió para jugar las finales y fue uno de los grandes héroes de la gesta del club de Punta de las Carretas que quedará grabada a fuego por haber vencido a un grande en la definición del título.