Vázquez en Cuba

| Incógnita. Habrá que ver si la vía que transitará Raúl Castro implica algún cambio político en la isla.

Alfonso Lessa

La visita de Tabaré Váz-quez a Cuba dejó en claro la identidad emocional de la izquierda con aquel país, pero al mismo tiempo resumió las dificultades y contradicciones que su régimen genera para la izquierda uruguaya.

Cuba ha representado durante casi cinco décadas para buena parte de la izquierda, un ejemplo: el romanticismo revolucionario, el idealismo, el antiimperialismo y, para algunos -cada vez menos- un modelo de equidad. Quienes han visitado la isla, saben, sin embargo, que la realidad es mucho más dura.

El régimen político, obviamente, es el que ha contado con menos apoyo, aún entre los partidos de izquierda y el que ha generado mayores problemas al momento de defender a Fidel Castro. El partido único, la falta de libertades, la absoluta ausencia de espacio para la disidencia y la persecución de los opositores, no son precisamente un modelo para un país como el Uruguay, acostumbrado al pluralismo político.

Cuando Uruguay recuperó la democracia, en 1985, el entonces presidente Sanguinetti restableció rápidamente las relaciones diplomáticas con La Habana. Y en su segundo gobierno, invitó a Fidel Castro a viajar a Uruguay. Sanguinetti sostenía que era necesario ayudar a la apertura de los gobiernos de diferente signo tratando de integrarlos y no de aislarlos.

Más tarde, Jorge Batlle ingresó en una fuerte polémica con Fidel Castro, que terminó en una nueva ruptura de relaciones con Cuba.

Vázquez volvió a restablecer esas relaciones, pero aun en el acercamiento, ha actuado con cautela respecto a La Habana. Y es que la llegada simultánea de la izquierda a varios gobiernos de América Latina, ha mostrado claramente al menos dos modelos: uno, el de Chávez -cargado de populismo- que ha tratado de construir un eje con Fidel Castro, Evo Morales y Ecuador. Pero no fue ese el camino seguido por Vázquez, que ha estado mucho más cerca de Lula y de Bachelet.

Vázquez ha recibido críticas por no dialogar con la oposición cubana. Desde el oficialismo se respondió que eso hubiera sido un acto de descortesía con los anfitriones, que era una visita oficial y la invitación de La Habana hasta pudo haber peligrado.

Es cierto que Vázquez quedó en una situación política complicada, pero también es verdad que la reunión de jefes de Estado y gobierno con la oposición no es algo fuera de lo común. Y si hay un país que lo sabe, es precisamente Uruguay: ¿quién no recuerda, por ejemplo, la visita del rey Juan Carlos -en plena dictadura- donde se reunió con la oposición?

Vázquez esperó más de tres años para viajar a Cuba y su visita se produjo en un momento de transición, en una etapa pos Fidel que muestra algunas señales de cambio. Habrá que ver si la vía que se apresta a transitar Raúl Castro implica también una apertura política -para lo cual la parte más radical del exilio en Miami no ayuda mucho- o si se inspirará en el modelo chino, que abrió la economía manteniendo una rígida dictadura. A mediano y largo plazo, esto parece mucho más difícil para Cuba. Si ocurre, en todo caso, también planteará un desafío para los tantos que sostienen un doble discurso respecto a China, el que ignora o relativiza al régimen, a cambio de un jugoso mercado.

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