Alfonso Lessa
Con quién habló el presidente y exactamente para qué? Esas preguntas quedaron sin respuesta clara al finalizar la semana, después que el canciller, Gonzalo Fernández, confirmó la existencia de contactos con militares y ex tupamaros para lograr un mutuo reconocimiento acerca de sus actividades y los errores del pasado.
Ni los presidentes de los clubes militares ni unos cuantos ex guerrilleros consultados tenían la más mínima idea de lo que se estaba proponiendo. El único que reconoció que efectivamente había tratado el tema con el presidente, fue el senador José Mujica, pero incluso él consideró que no es el momento. Existió, de parte de los interlocutores, una reserva absoluta.
El planteo, en todo caso, fue confuso y sólo recogió, en lo público, rechazos desde todos los sectores implicados. Ni siquiera la aclaración de Gonzalo Fernández acerca de que no se estaba buscando un "punto final", pudo atenuar los cuestionamientos de los familiares de desaparecidos que, de paso, anunciaron que no concurrirán al acto oficial del 19 de Junio. El próximo jueves, al conmemorarse el natalicio de Artigas, se realizará por segundo año consecutivo el Día del Nunca Más, planteado por el presidente como una instancia para la reconciliación nacional.
Ya el año pasado los familiares no concurrieron como organización, como tampoco lo hicieron los ex presidentes Sanguinetti, Lacalle y Batlle. Sí se hicieron presentes, entre otros blancos, Jorge Larrañaga y Luis Alberto Heber. La mayor novedad, sin embargo, estuvo dada por la presencia de Pedro Bordaberry, quien se estrechó en un abrazo con el presidente Vázquez. Este fue, desde el punto de vista de lo que buscaba el presidente, el gesto más fuerte de esa jornada. La disímil reacción en los partidos tradicionales, pareció cortar horizontalmente dos generaciones de dirigentes.
Desde entonces, la nueva interpretación de la Ley de Caducidad siguió abriendo paso al revisionismo y al desarrollo de los juicios. Es decir, que durante este gobierno se han verificado cambios, pero hay sectores que no se sienten conformes: unos exigen más -incluso con la anulación de la Ley de Caducidad- mientras para otros, se vive un exceso que no respeta el espíritu de la mencionada norma.
El ex secretario de la Presidencia explicó que se trata de una gestión directa y personal de Vázquez que busca que las partes hagan "un reconocimiento de los hechos ocurridos en el pasado" para mirar al futuro con "el compromiso" de que "nunca más`" se reiteren los enfrentamientos.
El propio Fernández consideró los contactos iniciados por el presidente como una "etapa de sondeos" y tal vez el mismo hecho de reconocerse públicamente la propuesta, forme parte de esos tanteos en procura de conocer la viabilidad de un entendimiento de este tipo. Pero las reacciones no pudieron ser peores, incluyendo de parte de algunos actores términos como odio, rechazo o resentimiento.
Para los clubes militares, resulta casi imposible aceptar la iniciativa, debido a las presiones internas por los juicios y la prisión de varios oficiales retirados. También resulta muy difícil para las organizaciones de derechos humanos, frente a la sospecha de que los militares ocultan información sobre los desaparecidos. Y existen, por supuesto, organizaciones políticas que no tienen en sus planes renunciar a sus reclamos.
Todo indica que un gesto de reconciliación como el que se pretende, está lejos de concretarse. Y que aquellos que puedan ingresar en ese camino, deben hacerlo dispuestos a pagar costos.