EDWARD PIÑÓN
"Uruguay es un equipo sin hinchada", dijo, y le asistía la razón, el maestro Óscar Tabárez antes del partido que la celeste iba a disputar contra Venezuela.
La realidad duele, pero mucho más lo hace el ver en la cancha un equipo (se le debe llamar así porque lo integran once futbolistas) que no manda ni una pequeña señal. Ni con fútbol, ni con fuerza, ni con amor propio.
Es verdad que a la celeste hay que quererla por el valor que ella tiene y que sólo con eso alcanzaría para que el público se identifique con la camiseta, pero sin victorias, recibiendo dolorosos cachetazos históricos y acumulando fracasos, es casi imposible que surja el intercambio pasional entre el hincha y el jugador.
Y el de ayer fue uno de esos días en los que en lugar de arrimarse a la gente se le terminó dando una patada en la boca del estómago (por no ser más grosero). Porque un empate contra Venezuela en el Centenario, para sumar dos partidos consecutivos de anfitriones contra los caribeños sin victorias, es demasiado grueso.
Lo peor es que la celeste planteó mal el duelo y sacó poco provecho del caudal futbolístico que tienen sus figuras. El maestro la pifió fea al formar un equipo con tres jugadores por detrás de Abreu, porque además de darle al visitante el valor que quizás no tenga vio cercenada su capacidad de penetración.
Tal como lo había mostrado en el último ensayo a puertas abiertas en el Complejo Celeste, Uruguay no tuvo en su juego la profundidad necesaria como para encerrar al visitante y terminó levantando centros que al principio dieron resultado, pero que después terminaron siendo un divertimento para el arquero Vega y para el zaguero Rey.
Además, y hay que ser bien justos, los futbolistas no colaboraron ni un poquito con el esquema del DT. Es que Suárez, por ejemplo, se empeñó en hacer la jugada individual aunque tuviera tres o cuatro jugadores por delante suyo. Y Forlán, para no ser menos, prestó demasiado poco la pelota y en ocasiones terminó buscando la personal en lugar de apuntarle al compañero mejor ubicado.
No es lo único. De la misma forma que en el banco de suplentes faltó un jugador tan o más creativo que el "Nacho" González, para tratar de darle a Uruguay mejor volumen ofensivo (léase Robert Flores o Antonio Pacheco), no caben dudas que en la cancha nadie tuvo la inteligencia suficiente para dejar de tirar centros al área chica.
Con el reducto convertido en propiedad absoluta del arquero, los celestes no fueron capaces de hacer la lectura adecuada del juego y buscar otras alternativas.
Por si fuera poco, ni el gol tempranero de Lugano le dio a Uruguay la capacidad de arrollar a un conjunto que mostró enormes debilidades.
Venezuela recién sacó lo mejor de su repertorio cuando Fabián Carini, una vez más, no respondió de la mejor forma en un remate de larga distancia de Juan Arango. El rebote del arquero lo aprovechó Vargas y a Uruguay se le vinieron arriba todos los fantasmas.
Con eso, la celeste quedó al borde del nocaut y también de la despedida de la Copa del Mundo, aunque este empate tampoco da como para soñar mucho con llegar a Sudáfrica 2010.
El cúmulo de errores por querer resolver la historia por sí solos, el desorden generalizado por el tremendo impacto que significó ver como el primer remate del rival se convertía el gol, estuvo a centímetros de provocar otra catástrofe contra Venezuela. Ahí sí, apareció un pie de Carini.
Pero no da como para considerarlo demasiado importante, porque no haber sumado tres puntos pone a Uruguay al borde del precipicio.
Peor situación imposible. Lo increíble de ello, aunque parezca una paradoja, es que a los jugadores y al técnico los salvó el hecho de que la celeste no tenga hinchada: ¿Por qué? Porque si ayer hubiese habido hinchas de verdad, en lugar de silbarlos les hubiesen gritado "que se vayan todos, que no quede, ni uno solo".
Las cifras
5 puntos suma la selección uruguaya en las actuales Eliminatorias: un triunfo y dos empates
7 unidades tenía Uruguay en la quinta fecha de las Eliminatorias para Alemania 2006.
Las estrellas
Renny Vega
Le tapó un tanto a Pereira y después del gol de Lugano se quedó con todos los centros.
José M. Rey
Falló en las primeras jugadas, pero después le ganó bien a Abreu y sacó mucho.
Diego Pérez
Por ganas, empeño y su capacidad para correr y quitar, fue lo mejor de la celeste.