ANA PAIS
Cerró las puertas y ventanas de la cocina, abrió el gas y metió la cabeza en el horno. Ya estaba inconsciente cuando su ovejero alemán entró, la arrastró a la terraza y ladró hasta que un vecino, tras acercarse a la puerta y sentir el olor, llamó a Bomberos.
La historia no es de una película de Rin Tin Tin. Pasó hace algún tiempo en Pocitos, con una paciente que padecía una enfermedad psiquiátrica y un perro entrenado para acompañarla. Ella se salvó y él recibió más cariño de recompensa.
Si bien la zooterapia se practica en el mundo desde hace siglos, en Uruguay existen algunas experiencias aisladas de este tratamiento psicológico asistido por animales.
"Los perros y gatos generan una interacción afectivo-psicológica con el paciente que te permite ver su evolución e involución de acuerdo al vínculo que generan y a los comportamientos del animal durante la terapia formal", explica la terapeuta Laura Falco.
Una de sus pacientes padece bipolaridad asociada a otras patologías. Tiene un perro "con el cual no tiene compatibilidad, la estresa" y una gata que "funcionó muy bien el primer mes, la salvó de un pozo depresivo grande. Pero su enfermedad fue involucionando por otros factores y empezó a rechazar también a la gatita", dice Falco.
La paciente se quiere deshacer de ambos. Sin embargo, para la terapeuta este rechazo es positivo porque "la persona proyecta en los animales -que en consecuencia a veces actúan nerviosos y a veces agresivos-, y vuelca en ellos lo que de otra forma no podría sacar de sí".
Falco se apresura a aclarar que en el mundo se pueden contar los casos de pacientes que han agredido de gravedad a sus animales: "En términos técnicos se llama `biofilia` a ese sentimiento que todos tenemos de apego a la vida pese a sufrir la patología más grave. Por eso el animal, que de alguna manera es nuestra prolongación, nos mueve a seguir viviendo".
Tal es el caso de otra persona que intentó suicidarse abriendo la llave del gas de la cocina. Pero cuando vio a su tortuga cabecear como síntoma previo a morir, sintió culpa y la cerró. Hasta que la tortuga murió, años después, esa señora sintió que le debía la vida a su mascota.
Compañía. Para los psicólogos que practican la zooterapia, el animal es una herramienta más para evaluar al paciente. Para éstos, una forma de sobrellevar la soledad.
"Estaba muy desesperada, había hecho varios intentos de autoeliminación y esa vez estaba muy convencida", cuenta una paciente de Falco a El País.
Esa vez tomó un par de relajantes, se puso dos bolsas en la cabeza, las ató con cinta adhesiva y se acostó en la cama a esperar. Esperar a que se terminara el aire y se ahogara. A pesar de que la mujer sufre de broncoespasmos, el sonido que hizo cuando intentó respirar y ya no pudo, fue un llamado de alerta para su perra. De inmediato se subió a la cama y con desesperación intentó arrancarle las bolsas con dientes y patas.
"Ella se dio cuenta de que pasaba algo que no era normal. Cuando vi los ojos y la desesperación que tenía, me trajo a la realidad, me salvó la vida", dice.
Su perro no estaba entrenado para salvataje, pero al ver en peligro a su dueña (ella prefiere hacerse llamar "su mamá"), se le despertó el instinto.
Diana Santomauro es adiestradora de perros zooterapistas. Para los pacientes con tendencias suicidas, el entrenamiento consiste en simular posibles situaciones hasta que el animal aprende, por ejemplo, a avisar a quienes estén en la casa, a quitarle a la persona lo que tiene en la mano o a apretar un botón de emergencia, aunque éste poco se usa en Uruguay.
"Nunca se le tiene que exigir ni tratar mal. El perro tiene que hacerlo con gusto, para que cuando su dueño corra riesgo, reaccione rápido", explica la adiestradora. Después, por supuesto, viene la recompensa.
Pero el perro no es la solución para todas las enfermedades psiquiátricas, ya que implica una responsabilidad que el paciente muchas veces no puede asumir. El gato, en este sentido, ofrece una compañía independiente.
"En ciertas patologías como la depresión o las crisis de pánico, el gato es de gran ayuda porque cuando el dueño lo necesita le da cariño, pero si lo saca a la calle, sabe que va a sobrevivir. No genera una culpa más", dice Falco.
A su vez, a las personas con trastornos compulsivos agresivos, el ronroneo del gato al acariciarlo le baja la presión arterial y lo seda.
En cualquier caso, Falco resalta que esta terapia no es alternativa, sino "un apoyo más". El paciente no puede prescindir del diagnóstico psiquiátrico, la farmacología y la terapia formal. Y ante todo, la mascota es una compañía, un remedio para la soledad.
Una compañía que la impulsa
"Si querés matar a alguien, dejalo solo. Después le viene todo lo demás", le dijo un médico a Cecilia Stracke hace 5 años, para explicarle por qué de pronto padecía asma, hiperinsulinemia, depresión y ataques de pánico.
Hace tres años y medio, la llamaron desde un refugio en el cual ya había adoptado a un perro, para ofrecerle a Canela. Esta cruza entre doberman y gran danés había sido abandonada en el Fortín de Santa Rosa cuando tenía sólo dos meses.
"Llegó acá flaquísima, me robaba comida, basura, cazaba palomas. Ahora no. En parte acá se le salvó la vida y eso ella lo retribuye. Tuve varios perros, incluso comprados y nunca había sentido que se preocuparan tanto por mí", cuenta Cecilia.
Desde hace 5 años sufre ataques de pánico. "Yo estoy mal y ella se pone a temblar, sube a la cama conmigo y me contiene. Con ella puedo salir a la calle porque me siento totalmente protegida. Incluso una vez intenté subir a un ómnibus con Canela, aunque por supuesto no me lo permitieron. Si estoy sola, tengo que hacer un esfuerzo sobrehumano para subir", cuenta.
"A veces paso dos o tres días en cama y cuando la veo, pienso: `No es justo que esté encerrada con el tamaño que tiene`. Por ella me sobrepongo porque es feliz corriendo. Y el hecho de poder hacer feliz a alguien no me lo pagan con nada", dice.
Cecilia tiene un álbum de fotos de Canela en el parque, en la playa, con "amigos". Y repite que ya no está sola.
Adiestradora
Santomauro: "Cuando estaba triste, el perro se daba cuenta que había algo fuera de lo normal"
Cuando me veía triste, lloraba, se subía a la cama y me hociqueaba, se ponía nervioso. Se daba cuenta que había algo fuera de lo normal", cuenta Diana Santomauro sobre la reacción de uno de sus perros ante sus ataques de pánico. "Desde el primer día, cuando le dije: `Andá a llamar a Eduardo` (su marido), él entendió y le fue a ladrar". Desde entonces, Santomauro se dedica a adiestrar perros para defensa personal y zooterapia. Lo recomendado para los animales con dueños que sufren ataques de pánico, es que insistan para salir a pasear, por ejemplo, llevándole la correa. De esa forma el paciente no sólo sociabiliza, sino que está obligado a tratar temas no relacionados con el problema que lo angustia, como el tipo de comida que le da al animal. Al respecto, Santomauro dijo que el perro necesita una "alimentación alta en proteínas, porque trabaja las 24 horas".
Perros
Si bien los labradores y golden retriever son las razas más predispuestas emocionalmente para tener compatibilidad con el ser humano, no existe una que sea mala de por sí y todas pueden adiestrarse. Los animales adoptados son todavía más agradecidos con sus dueños.
Gatos
El gato puede ser tan cariñoso como el perro, pero es más independiente. Son animales inteligentes y se los puede adiestrar para tareas básicas. Si una persona acaricia el gato mientras ronronea, baja la presión arterial como una especie de tranquilizante.
Caballos
La equinoterapia es el tratamiento con animales más extendido en Uruguay. Se utiliza sobre todo para pacientes con problemas motrices y esquizofrénicos, aunque también se genera un vínculo afectivo. En otros países del mundo, un efecto similar tiene la terapia con delfines.
Gallinas
Cuando la persona tímida crónica logra que la gallina (un animal que no está acostumbrado a interactuar con el ser humano) le tenga confianza y puede sostenerla en brazos sin que se mueva, se produce como un "clic" en el paciente, que le permite ir superando ciertos temores.