No le cuadra al ministro de Trabajo remontarse al pasado político de sus interpelantes y reclamarles coherencia. Porque, si de pasado y de coherencia se trata, Eduardo Bonomi es el menos indicado para propinar sermones a sus semejantes como lo hizo en la reciente interpelación en la cámara de Diputados.
El prontuario de Bonomi como tupamaro indica que participó en hechos de sangre, entre ellos el asesinato de quien fuera jefe de seguridad del penal de Punta Carretas, Rodolfo Leoncino. El hoy ministro purgó sus delitos con más de una década de prisión y hoy se declara partidario del sistema democrático que otrora combatió armas en mano, pero al menos debería tener cierto recato al hablar del pasado. Y tampoco vendría mal que alguna vez se mostrara arrepentido.