TACUAREMBÓ | WALTER BIQUE
El padre de una niña abusada fue asesinado a golpes en la cárcel. La madre, también presa, fue atacada por otra reclusa, así como un hombre de 69 años, responsable de atentado violento al pudor. Efecto contagio del caso que sacude Maldonado.
Juan Gilberto Coitiño (43) fue hallado sin vida en los baños del pabellón 2 de la cárcel local, pocas horas después de haber sido derivado allí por la Justicia. Una golpiza propinada por otros reclusos tuvo consecuencias extremas. En el sector de la cárcel donde se aloja a la población femenina, la esposa de Coitiño fue atacada por otra reclusa. Y también fue agredido por los presos el hombre de 69 años que el día antes había sido procesado por atentado violento al pudor contra la hija de 10 años de Coitiño y su esposa.
El caso había sido investigado y puesto al descubierto por la Comisaría de Atención a la Familia de la Jefatura de Policía de Tacuarembó. En esa dependencia se había recibido una denuncia telefónica anónima por la línea destinada a estos efectos (0800 8117).
El jueves, cuando la madre fue a buscar a la niña a la escuela, la Policía la había retirado previamente, y luego se procedió a la detención de los padres y el otro hombre.
Con el consentimiento de sus padres, la niña de 10 años era víctima de abusos. El hombre la iba a buscar a su casa en el barrio Torres. A veces le entregaba dinero a la madre, y a la niña le hacía regalos, la llevaba "de compras" y "a pasear".
Los tres involucrados fueron puestos a disposición de la Justicia, que dispuso el procesamiento con prisión para Coitiño por el delito de omisión de los deberes inherentes a la Patria Potestad. A su esposa, M.M.C.S., la madre de la niña (51 años), el juez la procesó por un delito continuado de atentado violento al pudor en calidad de comisión por omisión. Al autor de los abusos -C.O.S. de 69 años- lo procesó por un delito continuado de atentado violento al pudor.
Cuando la noticia del atentado en la cárcel comenzó a difundirse en Tacuarembó, el comentario inmediato fue que aquello era un efecto directo del caso de Pamela Silva que sacude todavía a la ciudad de Maldonado. Los reclusos no eran ajenos a ese caso; de hecho tienen radio y TV cable, y en Tacuarembó es un tema que los medios siguen y que es comentado ampliamente
Sospechaba. En el barrio Torres los vecinos no sospechaban lo que ocurría en la casa de Coitiño. La niña, actualmente en un hogar del INAU, iba a la escuela N° 70, de contexto sociocultural crítico, según la clasificación de Primaria. También la madre de la niña iba a la escuela en el marco del plan solidario. Por eso nadie sale de su asombro cuando comenzaron a revelarse los detalles del caso.
"La niña iba asiduamente a la escuela y a menudo su madre pasaba a buscarla a la salida", comentó un vecino del barrio. Según sabían la niña tenía en la escuela "un desempeño aceptable". "No es una niña retraída, se lleva bien con todos, por eso no di mucha importancia a los comentarios que desde hace tiempo se hacían", comentó otro vecino mientras alistaba un carro tirado por caballos.
Lo cierto es que, según estableció la investigación, C.O.S. solía visitar la casa de la pequeña. Con el consentimiento de su madre la sacaba a pasear y de compras. Si bien el individuo no llegó a consumar relaciones sexuales con la niña, sí abusaba de la niña a través de contactos físicos. Muchas veces, según se demostró, lo hizo en la propia casa de la niña y ante la madre.
Durante los interrogatorios C.O.S. reconoció estos hechos. Las pericias forenses determinaron que el individuo no había llegado a consumar actos sexuales con la niña.
Venganza. La cárcel departamental de Tacuarembó alberga a 71 reclusos. Se la considera superpoblada, con unos 15 internos en cada uno de sus cuatro pabellones. Los sectores están divididos: uno para homicidas, uno para violadores, otro para procesados por drogas y el restante para rapiñeros. Se agrega un pabellón femenino.
El cuerpo de Juan Gilberto Coitiño fue hallado en uno de los baños del pabellón 2. Según las pericias de Policía Técnica y del forense, Coitiño fue golpeado hasta la muerte y luego llevado al baño. El ataque se produjo entre las 21 horas del jueves y la mañana de ayer. Todos los reclusos del pabellón comenzaron a ser indagados en busca de los responsables del homicidio. En la agresión que sufriera M.M.C.S. en el pabellón femenino, la responsable fue una de las reclusas, inmediatamente identificada.
Ni la mujer, ni el hombre que confesó los abusos sufrieron lesiones de entidad. Toda la furia de los reclusos recayó sobre el padre de la pequeña.
Paralelamente, la Jefatura de Policía, a través de su centro de Atención a la Familia, comenzó a pedir a la población que se denuncien casos de violencia doméstica para evitar estos extremos. Ayer, según versiones no oficiales, habría ingresado una denuncia de violación contra una niña, esta vez en la localidad de Curtina.
Una tragedia se encadena con otra. Por estas horas los tacuaremboenses sienten que, de algún modo, no están ajenos al clima que provocó el caso de la niña asesinada en Maldonado.
Repercusiones en la prensa de la ciudad
"Aberrantes delitos contra una niña de 10 años", titulaba ayer el diario El Avisador de la ciudad de Tacuarembó. Horas más tarde, en su edición online, el periódico actualizaba la información bajo el título: "El padre de la niña habría muerto en la Cárcel departamental".
La primera nota, publicada en la edición de papel, daba una somera versión de los hechos a partir de la información vertida desde la Jefatura de Policía local, que contenía los detalles básicos de lo ocurrido.
La breve crónica digital recogía lo que, de algún modo, parece ser el sentir de la gente. "Los hechos recientemente ocurridos en Maldonado contra la niña Pamela de 11 años, debieron sensibilizar a quienes decidieron tomar en sus manos aplicar un castigo ejemplar contra estas personas, mucho más violento que el que la Justicia decretó según lo establece la ley", expresaba la crónica de El Avisador.
"Sin justificar la acción de quienes impusieron ese castigo, un comentario que se corre entre la población de nuestra ciudad es que `En Tacuarembó no es tan fácil`", agregaba a renglón seguido.