DUJIANGYAN | PETER HARMSEN , AFP
Aunque China está acostumbrada a los terremotos, pues se sitúa en una de las mayores áreas mundiales de actividad sísmica, sus habitantes nunca están del todo preparados para los giros que puede dar su vida en segundos, por un temblor de tierra.
Shi Huaigui, un chofer chino jubilado de 58 años, vio el lunes cómo su vida se derrumbaba en apenas unos segundos, de forma tan brutal como intenso fue el sismo de 7,9 grados en la escala Richter que azotó el centro y suroeste de China, el peor en 30 años, que hasta el momento dejó como saldo más de 12.000 muertos sólo en la provincia de Sichuán y cerca de 20.000 personas aún atrapadas bajo los escombros, con cada vez menos chance de sobrevivir.
Como era su costumbre desde hace años, Shi había ido al mercado, dejando a su mujer Cao Dengping ocuparse de la limpieza en su modesto apartamento de Dujiangyan, en Sichuán, la región más afectada por el terremoto.
"En el camino de vuelta empecé a sentir la tierra moverse, e inmediatamente comprendí lo que ocurría", cuenta ante un tropel de piedras y paredes desmoronadas. Es su casa. Y en algún lugar en medio de los escombros está su mujer, con la que estaba casado desde hacía 40 años. "Todo lo que pido es que alguien venga a despejar el terreno y a buscar los cadáveres", dice tras haber pasado la noche bajo la lluvia.
Miles de habitantes de Dujiangyan, a 50 kilómetros del epicentro del sismo, prefirieron no dormir en sus casas por miedo a las réplicas del temblor, que se estimaron en unas 2.000 -algunas de hasta seis grados-, en poco más de un día.
"No sabemos nada. No hay nada que comer ni techo, nadie se ocupa de nosotros", protesta un hombre de edad media, aún empapado.
Algunos barrios de la ciudad parecen haber sido bombardeados: casas arrasadas, cristales rotos en las calles, vehículos aplastados.
Ciertos edificios han resistido mejor que otros. Uno de ellos se ha mantenido en pie, y sólo ha perdido la primera planta.
Cerca de la zona hay una fila de cadáveres cubiertos con plástico. Acaban de encontrarlos unos soldados que participan en las tareas de rescate. Una mujer se acerca y levanta una de las cubiertas, y al reconocer el cadáver de su hijo se desploma en llanto.
Muy cerca se escucha otra voz, pero esta vez por un buen motivo. Encontraron a un superviviente bajo los escombros. Inmediatamente es evacuado al centro de socorro y tratado por un equipo médico. Las sirenas de las ambulancias retumban en otros puntos de la ciudad.
"Hemos tratado a 200 heridos y recibido veinte cadáveres, sólo en este barrio", explica un doctor. "Nadie estaba preparado para esto, es realmente du-ro", reconoce.
El caos no perturba sin embargo a Wen Xiaobing. Este hombre de 38 años tiene los ojos clavados en el plástico que cubre a su madre Fu Qunyi, de 61 años, sacada de los escombros durante la noche.
"Lo he perdido todo. He perdido mi casa y mi madre", dice Xiaobing. "Mi hermano está en el hospital gravemente herido. Espero que alguien venga a llevarse el cadáver. Nadie ha venido de momento", añade fríamente y derrama lágrimas.
También en Dujiangyan, ciudad de 580.000 habitantes, se derrumbó un colegio, sepultando a 900 ocupantes del centro, entre alumnos y profesores. Hasta el momento sólo han sido rescatados 50 estudiantes.
Las esperanzas de encontrar sobrevivientes menguan con el tiempo y se cree que la cantidad de historias de muerte aumentará de manera drástica.
No habría víctimas uruguayas
Según comunicó a El País la Embajada de Uruguay en China, las autoridades locales no reportaron hasta el momento la muerte de ningún extranjero en el terremoto. El embajador uruguayo en el país asiático, Luis Almagro, dijo a El País que aproximadamente medio centenar de compatriotas viven de manera constante en China, y ninguno de ellos reside en las provincias más afectadas por el sismo.