Alimentos caros

SEBASTIÁN DA SILVA

En septiembre de 2006 titulamos esta columna con el nombre de "UruDubai". Buscábamos sintetizar las oportunidades de convertirnos en productores de biocombustibles a partir de la producción de granos. Año y medio después observamos cómo el debate sobre la suba de los alimentos a nivel mundial justifica nuestro optimismo sobre el futuro nacional y cómo la competencia nos coloca en inmejorable situación, si la sabemos aprovechar.

La suba histórica de los granos y de la carne genera en nuestro país una nueva falsa dicotomía. Se escuchan voces preocupadas que denominan la expansión agrícola como una amenaza a la ganadería, otras se angustian por las consecuencias de la llegada de nuevos emprendimientos forestales, e inclusive vemos cómo las inversiones de desarrollo lechero también tienen sus detractores.

Lo cierto es que de los 17 millones de hectáreas que tiene de superficie el Uruguay, el complejo ganadero lechero mantiene más de 15 millones de hectáreas sosteniendo los stocks vacunos pese al avance agrícola y forestal.

Lo que cambió es el concepto de producción. Campos llamados a ser eternos criadores de media unidad ganadera por hectárea, ahora tienen potencial forestal definido y se los valoriza, lo mismo que campos francos arenosos fueron descubiertos por la agricultura, llegando inclusive a tener rendimientos muy superiores en soja que la flor y nata uruguaya del litoral o campos de bañados son nuevas cuencas de producción lechera.

Hoy no existen zonas lejanas. En lugares conocidos como el "Uruguay profundo" se puede ver la maquinaria llegando con sus especialistas. Tanto las amortizaciones agropecuarias como su rentabilidad ya no son definidas por el Coneat sino por su retorno específico mucho más realista que lo que marca ese fantástico índice creado en los setenta que hoy habría de modificar. El patrimonio de los productores se quintuplicó en cuatro años y la inversión por metro de tierra aumenta día a día.

A este panorama auspicioso, le debemos sumar el verdadero secreto del modelo uruguayo, que no es otro que ser sólo tres millones de habitantes que tenemos que alimentar, permitiéndonos, si actuamos con inteligencia, incrementar los saldos exportables sin los traumas de las naciones más pobladas.

Por tanto, la preocupación mayor no debería de ser la suba de alimentos sino cómo podemos aumentar más nuestra producción de alimentos caros. La amenaza no es la soja a 400 dólares la tonelada, los novillos de 600 dólares, o la leche a 30 centavos, sino cómo esta bonanza, llega a todos.

Es estratégico tener un tipo de cambio más competitivo que permita la reinversión, es estratégico salir del pasmoso récord de tener el gasoil más caro del mundo gracias a los impuestos que se le pone, es estratégico generar incentivos fiscales para la expansión lechera, es estratégico asesorar e incentivar a nuestros productores en las nuevas áreas agrícolas para que no terminen arrendando los campos, es estratégico premiar las buenas tasas de preñez, es estratégico impulsar seguros que licúen las inclemencias del tiempo, es estratégico tener mucho cuidado con los créditos y sobre todo es estratégico hacer un esfuerzo sincero, cultural y político que logre que los uruguayos tomemos debida conciencia de nuestro potencial.

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