La farándula
La fama es una mala consejera
HENRY SEGURA
No es común que una quinceañera recaude en un año 18 millones de dólares por participar en una serie de televisión. Esa circunstancia le garantiza una vida muy cómoda por el resto de su vida pero no le da un certificado de sensatez. Eso es lo que ha pasado con Miley Cyrus, la actriz y cantante adolescente que protagoniza la serie Hannah Montana y es estrella indiscutida de Disney Channel.
Tocada por la varita mágica de la fortuna, Miley es una figura muy requerida en los actos de lanzamiento artísticos y también por los medios. En ese entorno se le abrieron puertas muy tentadoras que a su edad no ha sabido controlar. Sobre todo la que tiene que ver con la aceptación de una sesión fotográfica y entrevista que la revista Vanity Fair mostrará muy pronto. El nivel de la fotos (hechas por la notoria Annie Leibovitz), es tan sugerente que la propia Miley decidió mostrar sus mejillas rojas de vergüenza y pedir perdón en público. Ella dice "supuse que sería artístico". La afirmación con la que trata de sacarse responsabilidad encierra un acto de ignorancia hacia la fotógrafa y trata de proyectar culpas hacia la "manipulación" hecha por la revista. ¿Miley Cyrus no tendrá padres y representantes que la protejan de tanta maldad?
Paradojalmente ya anunció que para el año que viene editará sus memorias. Un prodigio.
La fama a edad muy temprana suele provocar este tipo de encontronazos. Hace poco ocurrió algo más extremo con fotos de Vanessa Hudgens (High School Musical) desnuda que circularon por Internet. Pero la historia también es rica en casos que muestran cómo se arruinaron las vidas de algunos "niños prodigios" a los que la exposición pública pareció darles un escudo de protección que no resistió al más ínfimo de los temporales, como el de dejar de ser famosos.
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