EFE | EL PAÍS DE MADRID
El crimen contra la humanidad perpetrado por los talibanes en marzo de 2001 al hacer saltar por los aires a los Budas del valle afgano de Bamiyán ha tenido una inesperada consecuencia.
A raíz de su declaración como Patrimonio de la Humanidad en peligro, por parte de la Unesco, se ha sabido que las cuevas en las estaban excavadas las gigantescas estatuas (55 metros) escondían las primeras pinturas al óleo conocidas, según ha descubierto un equipo de científicos europeos, japoneses y estadounidenses. Éstos han identificado la presencia de aceites secantes (los que se precisan en la técnica de pintura al óleo) que datan del siglo VII después de Cristo en los murales ocultos tras los Budas.
Se trata de escenas que representan a la divinidad sentada con las piernas cruzadas, vestida con ropajes rojos y rodeada de palmeras y criaturas mitológicas. Y son pinturas realizadas con la técnica del óleo, posiblemente con uso de aceite de nuez o semilla de girasol como secante. "Es el ejemplo más temprano de pintura al óleo del mundo, aunque los aceites secantes ya eran utilizados por los romanos y los egipcios como medicinas y cosméticos", explicó Yoko Taniguichi, del National Research Institute for Cultural Properties de Tokio, líder del proyecto, en el que también han participado científicos del Centre of Research and Restoration of the French Museums (CNRS) de Francia, el Getty Conservation Institute de EE. UU. y el European Synchroton Radiation Facility (ESRF), centro especializado en técnicas de rayos X ubicado en Grenoble (Francia).
Se han encontrado pinturas en doce de las cincuenta cuevas del Valle de Bamiyán realizadas entre los siglos V y IX después de Cristo, hallazgo que fue publicado el martes en el Journal of Analytical Atomic Spectometry. La historia del arte suele atribuir a los pintores flamencos del siglo XV, en particular a Van Eyck, la invención de la técnica al óleo. Los científicos calculan que las pinturas afganas son obra de artistas que viajaban a lo largo de la Ruta de la Seda, el antiguo camino comercial entre China y Occidente que atravesaba el desierto de Asia Central.
La química francesa Marine Cotte, colaboradora de la ESRF, reconoció a la agencia Efe que quizás sin la "conmoción" causada por la destrucción de los Budas no se habría prestado tanta atención a las cuevas que también resultaron muy deterioradas cuando fueron voladas las estatuas. Según Cotte, las cuevas se encuentran en "un estado bastante crítico" debido a las explosiones que derribaron a los Budas, a la guerra y a la actividad humana reciente.
"A partir de este estudio quizás podamos tener acceso a otras pinturas en esa zona del mundo, algo hasta ahora muy difícil por motivos políticos", declaró, y calificó el descubrimiento como "una lección de humildad para los europeos".
La investigadora japonesa Taniguichi agregó que la región es una gran desconocida y destacó que la investigación fue posible gracias al proyecto de conservación lanzado por la Unesco en torno a los Budas más grandes del mundo.
Operativo hecho con alta tecnología
El hallazgo realizado en Bamiyán no hubiera sido posible sin el Synchroton de Grenoble que mediante un acelerador de electrones produce unos rayos X millones de veces más potentes que los utilizados en un hospital, lo que permitió analizar por separado las distintas capas de pintura superpuestas en las cuevas.
Hay unos cincuenta sincrotones en el mundo y el de Grenoble, con 844 metros de circunferencia, es uno de los tres más grandes, según la información aportada por la Instalación Europea de Radiación Sincrotónica (ESRF). En estos momentos se está construyendo un sincrotón en Barcelona, al que llaman Alba, y que entrará en funcionamiento en 2010.
El primer sincrotrón de protón fue construido en Nueva York, y comenzó a estar operativo en 1952. En los años 70 se creó el acelerador de más alcance del mundo con una circunferencia de aproximadamente 6 kilómetros. El principal problema existente para el desarrollo de estos aparatos es el alto costo que tienen. De ahí también la importancia que ha tenido la decisión de la Unesco de tomar la responsabilidad de investigar la zona afectada por las bombas talibanes en 2001, desarrollando un operativo de inteligencia científica y tecnológica como pocas veces se ve y a un costo muy importante.