Tropezar de vuelta

SEBASTIÁN DA SILVA

Los uruguayos en muchas cosas nos creemos más astutos, inteligentes o vivos que los demás, cuando la realidad nos va mostrando cómo pueblos de concepción más humilde logran anteponerse a las circunstancias y salir adelante.

No caeremos en el lugar común de detallar los exitosos modelos finlandeses, neocelandeses, vietnamitas o irlandeses, los lectores algo saben de los mismos y el que tenga interés encontrará mejor información de la que pueda surgir de esta columna. Pero lo que indudablemente identifica a estos pueblos o modelos exitosos es que todos de alguna forma comprendieron las mayores causas de sus problemas iniciales del pasado y bajo ninguna circunstancia quieren volver hacia atrás.

Vaya diferencia con nosotros, uruguayos campeones de América y del mundo, que por torpeza o por soberbia estamos comenzando a olvidar por arte de magia el dolor de la caída estrepitosa del 2002.

Dos o tres años de crecimiento y damos rienda suelta al gasto, tarjetas al tope, prestamos bancarios, cooperativas truchas que dan prestamos a diestra y siniestra, cero kilómetros, viajes, y "ainda mais".

Hasta el Banco República se suma a esta nueva calesita, anunciando préstamos en teoría atractivos en unidades indexadas para compra de vivienda, que ellos mismos saben que tienen en esa indexación la génesis de una morosidad cercana y dolorosa.

Con el dólar por el piso y con las tasas reducidas a nivel internacional, todos, inclusive aquellos que nos fue mal en la crisis, hemos vuelto a recibir angelicales llamados de tarjetas de crédito que nos ofrecen a sola firma la felicidad eterna.

Vamos a favor de la corriente, de bancos que miran solo el cierre del ejercicio en curso, y no se preocupan en lo más mínimo en la capacidad de repago de la montaña de dólares que deben de colocar agresivamente a como dé lugar.

Todos nos relamemos con los plasmas de 40 pulgadas, las "notebooks", las motitos a mil dólares, y el que más o el que menos gasta pensando en el hoy, desinteresándonos por el mañana.

Pero lo que tendría que ser un elemento de mejoría y de orgullo en cualquier familia y nación organizada puede ser para el Uruguay la antesala de problemas exactamente iguales a los sufridos tanto en la ruptura de la tablita de los ochenta como en la tragedia de hace cinco años.

Como sufrimos un problema endémico de falta de memoria y de pensar que todo lo bueno es para siempre, me voy a permitir patear el clavo y adelantar algunas cosas que nos pueden pasar si seguimos faltándole el respeto al dólar y a lo poco que ganamos.

Nuestros ingresos líquidos van a ir disminuyendo, el rubro tarjetas se va a incrementar mes a mes con la solución del pago mínimo, ello llevará a que nos atrasemos en la cuota de la casa nueva o el alquiler, que si todos se atrasan lloverán los lanzamientos y quedaremos con una vivienda comprada en el pico con una deuda mayor a lo que vale.

El auto nuevo tendrá mayor seguro y patente y dejaremos de ir al supermercado para pagar el viajecito a las cataratas de la Semana Santa de hace dos años.

Por tanto aprendamos, el que "gana más" que ahorre lo poco que pueda después de dejarle a este gobierno lo mucho que le saca y el que "gana menos" que no se endeude por impulsos que más adelante lo pueden volver a empobrecer. No cometamos la locura de volver a fundirnos por tercera vez en treinta años.

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