WASHINGTON | EL PAÍS DE MADRID Y AGENCIAS
El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, anunció ayer una pausa indefinida en la retirada de soldados de ese país instalados en Irak luego de julio, última etapa del recorte de tropas prometido el año pasado.
En esa instancia se producirá el regreso de 20.000 de los 158.000 soldados estadounidenses apostados en el país árabe (un 25% menos de lo que había el año pasado), tras lo cual se presume que el remanente se quede en Irak esperando una decisión de parte del sucesor de Bush, que dejará el cargo en enero de 2009.
En su discurso desde la Casa Blanca, ante autoridades y veteranos de guerra, el mandatario indicó que tras cumplirse esta etapa, el estratega estadounidense en Irak, David Petraeus, tendrá "todo el tiempo que necesite" para determinar cuándo se podrá avanzar en la retirada definitiva de los soldados.
En los hechos, se tratará de una pausa de 45 días para que el alto mando militar analice la situación de seguridad en Irak, donde en las últimas semanas se ha reavivado la violencia entre chiitas y las fuerzas regulares iraquíes, apoyadas por las tropas estadounidenses.
Con el Ejército al límite de sus fuerzas, algo que el propio Petraeus reconoció durante su comparecencia ante el Congreso un día antes, Bush quiso ofrecer un signo de consideración tanto a los militares como a sus familias y anunció la reducción de los períodos de servicio de las tropas de combate en Irak y Afganistán de los 15 meses actuales a sólo un año.
"Para aliviar la carga sobre nuestras tropas y sus familias, he ordenado al Secretario de Defensa que reduzca la duración del despliegue", prosiguió el presidente quien además garantizó a los soldados que una vez que hayan pasado un año en el exterior, podrán disfrutar de otro año de estancia en el país. Dichas medidas, que entrarán en vigencia a partir del próximo 1° de agosto, no afectarán la capacidad militar en Irak y Afganistán, aclaró Bush.
Defensa. Su administración se ha aferrado a la campaña militar "contra el terror", iniciada tras los ataques del 11-S, aunque ello le ha llevado a perder drásticamente buena parte del respaldo a su gestión. Actualmente, la popularidad del presidente está en el subsuelo.
Sin embargo, Bush resaltó los "progresos significativos" alcanzados: "Aunque queda mucho por hacer, la violencia sectaria disminuyó de manera dramática y las muertes de civiles y militares también", destacó el presidente, quien dijo que la guerra le está siendo "difícil pero no sin final".
Esta encendida defensa de la polémica campaña en Irak y Afganistán, se produce en medio de fuertes cuestionamientos de parte de la oposición demócrata que controla el Congreso (que se ha opuesto a las propuestas militares del gobierno), todo ello acentuado por el clima de campaña electoral.
"Las tendencias en Irak son positivas y nuestras tropas van a ganar", declaró Bush. Y agregó que tanto las autoridades iraquíes son cada vez más capaces de encabezar la lucha antiterrorista y que las fuerzas estadounidenses tienen planeado dedicarse a combatir ataques extremistas y a continuar entrenando a las fuerzas locales. Aunque el presidente, ante la escalada de la violencia en la zona, no podía dejar de admitir que "continúan los problemas serios y complejos en Irak pero se ha dado un cambio estratégico importante; hoy tenemos la iniciativa", frente a "amenazas" como Al Qaeda o Irán.
Bush dijo que "un Irak libre no tolerará las interferencias de militantes iraníes". El mandatario instó a elegir a Teherán entre dejar vivir en paz a su vecino o continuar con la desestabilización. "Si Irán toma la decisión correcta, Estados Unidos, lo alentará a seguir por el camino de la paz", pero si no, insistió Bush en un tono duro "protegeremos a nuestras tropas y a nuestros intereses".
El costo de la guerra
El pasado 20 de marzo se cumplieron cinco años de la guerra en Irak. El balance deja cifras en rojo para el mandatario estadounidense, George W. Bush.
Desde su inicio, la campaña militar en Irak le ha costado a Estados Unidos, unos U$S 527.000 millones, monto que la ubica como la guerra más costosa de la historia.
Estados Unidos es el país con mayor presencia militar en Irak: con 158.000 soldados, seguido por Gran Bretaña (4.100), Georgia (2.000), Polonia (900) y Corea del Sur (650).
Según cifras oficiales, el número de bajas de soldados estadounidenses ya supera los cuatro mil.
Se estima que en el período de la guerra han muerto unos 80.000 civiles, aunque otros sondeos duplican las cifras.
Los combates entre las fuerzas regulares y los rebeldes ha generado 4,5 millones de desplazados.
Además del costo humano, económico y militar, la guerra en Irak ha provocado la caída de la popularidad de Bush, que ninguna encuesta sitúa por encima del 30%. El 53% de los estadounidenses ya descarta una victoria militar en Irak.