Brasilia - En Brasil, que posee la mayor reserva de de agua dulce del planeta, el desperdicio alcanza niveles alarmantes y el 80 por ciento de los residuos acaba en mares y ríos, mientras que sólo la mitad de la población cuenta con saneamiento básico.
La situación del país que atesora el doce por ciento del agua dulce que existe en el mundo ha sido puesta en tela de juicio otra vez en ocasión de celebrarse hoy el Día Mundial del Agua, que este año las Naciones Unidas han centrado en la necesidad de saneamiento en las grandes urbes, sobre todo de los países en desarrollo.
De todo el agua que existe en el mundo, según diversos organismos internacionales, sólo el 2,5 por ciento es dulce.
En el caso de Brasil, la mitad de sus reservas está en los ríos amazónicos, que discurren por regiones que tiene la menor tasa de población por kilómetro cuadrado del país, pero aún así no escapan de amenazas.
La contaminación de los ríos de la Amazonía preocupa seriamente a grupos ecologistas y se atribuye, en su mayor medida, a la actividad de mineros ilegales que lanzan a los ríos el mercurio que usan para extraer el oro.
Estudios de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA), que integran Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Guayana, Surinam, Perú y Venezuela, dicen que en la minería ilegal se usan entre uno y tres kilos de mercurio por cada kilo de oro extraído.
La OTCA calcula que, en los últimos 50 años, se han vertido unas 1.300 toneladas de mercurio sobre el río Amazonas y sus afluentes, lo que revela las dimensiones del problema.
El desastre que muchos ecologistas pronostican tuvo inicio en la década de los años 40 y ha llevado a muchas especies de peces a las listas de animales en vías de extinción.
En las regiones más ricas del país, como ocurre en los estados de Sao Paulo y Río de Janeiro, la fuente de contaminación radica sobre todo en la falta de tratamiento de las aguas y en los insuficientes sistemas de saneamiento básico.
Según la Asociación Brasileña de Entidades del Medio Ambiente (Abema), el 80 por ciento de los desechos industriales y el mismo porcentaje de aguas fecales producidas en domicilios que cuentan con redes de saneamiento acaban en el mar, en ríos, lagunas y manantiales.
Para atajar ese problema, el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva ha puesto en marcha un ambicioso plan de infraestructura que contempla inversiones de cerca de 20.000 millones de dólares en obras de saneamiento hasta el año 2010.
Buena parte de ese dinero será dirigido a las favelas que trepan por las colinas de Sao Paulo, Río de Janeiro y Belo Horizonte, las ciudades más pobladas del país, donde falta saneamiento y también conciencia, según alertan estudiosos del uso adecuado del agua.
Un reciente informe de la organización H2C, dedicada a elaborar estrategias para un uso más racional del agua, estableció que cada brasileño gasta, en promedio, unas cinco veces más del líquido que necesita.
Mientras la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que cada persona use 40 litros de agua por día, en Brasil ese consumo es de 200 litros por cápita, denunció H2C.
A raíz de informes similares, el gobierno ha alertado más de una vez sobre la necesidad de cuidar el agua y ha encontrado eco en los medios de comunicación y empresas privadas, que se han sumado a la campaña o adoptado mecanismos para racionalizar el uso.
La búsqueda de esa mayor conciencia ha generado incluso momentos graciosos, como esta semana, cuando el presentador de la versión local del programa "Gran Hermano" regañó a uno de los participantes por haber dejado un grifo abierto durante 17 minutos mientras lavaba su ropa en la casa en la que está confinado.
EFE