Todos los uruguayos recordamos que el 1° de marzo de 2005, ante la Asamblea General, el Dr. Vázquez expresó: "Dentro de la Constitución todo, fuera de la Constitución nada". A lo que agregó, en el discurso politiquero que pronunció horas más tarde, que en su gestión de gobierno, se ajustaría a dos Biblias: la Constitución y el programa del Frente Amplio.
Pero pronto olvidó ambas promesas, de sentido inequívoco y coincidente. Es hombre generoso en sus ofrecimientos pero avaro en su cumplimiento. Y es, asimismo, de memoria corta o frágil. Es una notoria característica de su personalidad la inconstancia en sus opiniones y decisiones. Anuncia a los cuatro vientos que va a hacer una cosa y luego, muy jarifo, hace la contraria. Lo que no lo enaltece, por cierto.
Cuando esa arista de su carácter voluble se manifiesta en asuntos intrascendentes, su mala costumbre de desligarse de sus compromisos no es plausible pero tampoco es grave. Pero cuando desemboca en gruesas transgresiones de la Constitución, que es la mayor salvaguardia de nuestros derechos, el asunto es mucho más serio y censurable.
Es casi un caso de perjurio, pues el señor Presidente de la República, por imperio del art. 158 de la Carta, formuló ante la Asamblea General, -y el país entero, que lo escuchaba por la televisión-, el antedicho 1° de marzo, la siguiente solemne declaración:
"Yo, Tabaré Vázquez Rosas, me comprometo por mi honor a desempeñar lealmente el cargo que se me ha confiado y a guardar y defender la Constitución de la República". No obstante ello, a muy poco andar, pues fue en el mismísimo mes de marzo de 2005, el señor presidente se saltó a la torera el art. 185 de la Lex Magna, en cuyo mérito los Directorios de los Entes Autónomos y de los Servicios Descentralizados, "... cuando fueren rentados, se compondrán de tres o cinco miembros según lo establezca la ley en cada caso".
Dichos Directorios, por decisión suya, pasaron a ser cuatripartitos o bipartitos, según debieran tener cinco o tres integrantes. Ni guardó ni defendió la Constitución. La violó, muy suelto de cuerpo. Ahora anuncia que va a designar al miembro faltante en cada organismo.
Lo que no borrará la burda inconstitucionalidad perpetrada durante tres años. Y que nos trae a la memoria el cuento de cierto cura párroco que, tras anunciar a los feligreses, desde el púlpito, la anulación del segundo matrimonio de un bígamo, agregó candorosamente:
-De manera que doña Fulana de tal, queda como antes...
También el Dr. Vázquez ha sido contumaz en ignorar la prohibición de ser empleado "en empresas que contraten obras o suministros con el Estado o cualquier otro público". Que pesa sobre él en razón de lo dispuesto por el art. 124 - 1° de la Carta y de que "El Presidente de la República gozará de las mismas inmunidades y le alcanzarán las mismas incompatibilidades y prohibiciones que a los Senadores y a los Representantes (art. 171).
Y el lunes pasado, confirmando su mala memoria y su bien ganada fama de incumplidor de sus promesas, el primer magistrado se mandó en Paso de los Toros, rodeado de su corte de ministros actuales y cesados, un acto de indisimulado perfil político electoral. Ello es innegable, desde que cerró su show oratorio con la misma frase que utilizaba cuando fungía de candidato:
"¡Hasta la victoria, siempre!" ¿Cuál victoria? La que no lograrán sus huestes en las próximas elecciones, a pesar de los esfuerzos que ha empezado a hacer, inconstitucionalmente, por alcanzarla. Dejemos de lado todo lo folclórico de dicho acto, -acarreo de gente en medio centenar de ómnibus, pancartas y banderas frenteamplistas, así como su discurso de estilo rechinante con su investidura-, que ya ha sido objeto de amplio comentario y crítica periodística. Y centrémonos en lo esencial.
O sea, que cometió una ostentosa violación de la Constitución. Ésta, en el num. 5° de su art. 77, le veda "intervenir en ninguna forma en la propaganda política de carácter electoral". De la que el Dr. Vázquez se mofa.
Total, pensará, ¡qué le hace una raya más al tigre! Hora es de que la oposición reaccione formalmente. Y no mediante inocuas declaraciones a la prensa.