El martes pasado a las 5 de la mañana Roberto Roland le dijo a su novia: "no aguanto más".
La novia de Roland, que se negó a dar su nombre cuando dialogó con El País, dijo que fue ella quien lo convenció de que debía entregarse a la Policía. La joven, que junto a la madre de Roland siguió desde afuera del Juzgado de Rosario la maratónica audiencia, relató cómo vivió el arrepentido los días posteriores al múltiple crimen.
Ese martes, antes del amanecer, Roberto permanecía despierto. Su madre dijo que en los últimos cinco días prácticamente no había dormido.
Y entonces le contó a su novia lo ocurrido. "Fueron cinco vidas", dijo Roland con los ojos llenos de lágrimas. "¿Pero cómo cinco, si fueron cuatro las personas muertas?", preguntó su novia. "Sí, ¿y el bebé?", repuso.
Un par de días antes Roberto estaba con su novia y su familia cuando vieron las noticias del crimen múltiple en la televisión. "Cuando dijeron que habían matado a cuatro personas y una mujer embarazada, él enseguida preguntó: ¿cómo que estaba embarazada? Y entonces lo vi cambiar de cara. Ahí me di cuenta de que le pasaba algo".
La novia de Roberto está convencida de que el joven no quiso tener parte en los crímenes, aunque hubiera aceptado participar del robo.
"Él me dijo que cuando llegaron a la estancia no quiso entrar, pero los otros enseguida le cayeron y le dijeron que tenía que entrar porque `estamos todos en el mismo barco`.", recordó su novia.
Roberto apenas había podido conciliar el sueño en la última semana. "Tenía visiones, veía a las personas muertas constantemente", dijo su madre durante un breve diálogo con El País.
La conducta de Roland se había alterado ostensiblemente, según sus más allegados. Aunque al igual que sus amigos había comprado algunas cosas, su novia insiste en que no efectuó grandes gastos. En cambio, comenzó a volverse más huraño, permanecía largo tiempo en silencio, con la vista perdida.
"A las 5 de la mañana (del martes) me lo contó todo, a las 5.30 yo estaba llamando a la comisaría. Como el móvil demoraba y demoraba en venir, él se quería ir caminando. Pero yo no lo dejé, tenía miedo de que, así como estaba, se tirara abajo del primer auto que pasara", recordó la joven.
Finalmente consiguió convencerlo: "Le dije, `no gordo, esperá, qué vamos a ir caminando que yo estoy muerta de frío`. Yo sabía que si me quejaba un poco podía convencerlo". Y lo hizo.
Cuando por fin llegó la camioneta policial Roberto subió sin vacilar. "Él al principio quería hacerse autor de todo, pero los policías no le creyeron", apuntó su novia.
Durante un breve intermedio en el interrogatorio policial, la joven pudo hablar con él y convencerlo de que se ciñera a los hechos que le había contado y que los demás implicados respondieran por su responsabilidad.
Roberto Roland fue procesado, al igual que sus otros dos amigos, como coautor de un delito de homicidio especialmente agravado. Su abogado patrocinante analiza la posibilidad de apelar el fallo dado que se prestó a declarar voluntariamente.