Ecuador se volvió un santuario de las FARC

Campamentos. Ex rebeldes y notas revelan la colaboración de Correa con narcoguerrilla

2008-03-13 00:00:00 300x300

BOGOTÁ | EL PAÍS DE MADRID

Ecuador se ha convertido en santuario de las FARC. Así lo revelan tanto ex combatientes como las computadoras incautadas a la guerrilla, en la operación militar que acabó el 1° de marzo con la vida de su número dos, Raúl Reyes.

Esas computadoras revelan detalles inéditos sobre la colaboración del Gobierno ecuatoriano con las FARC. Gracias a las redes de corrupción entretejidas con autoridades locales y militares, la insurgencia instaló al menos ocho campamentos estables, desde donde lleva a cabo tráfico de armas, transporte de drogas, tránsito de secuestrados y adoctrinamiento de las poblaciones.

"Toda la zona fronteriza es segura en el lado ecuatoriano", cuenta Miguel, un miembro de la seguridad de Reyes que abandonó la lucha armada y vive en la clandestinidad. "Hacemos nuestros campamentos en fincas y nos abastecemos en las comunidades. Altos mandos militares nos apoyan con la logística, con armamento, carpas y uniformes. En el Frente 48 llevamos uniformes ecuatorianos, porque es más fácil que esperar a que el Secretariado los mande desde Colombia".

Los guerrilleros se mueven por el norte de Ecuador en camionetas Toyota, como constató un funcionario de la OEA, que expresaba en privado el desconcierto que le provocó cruzarse en comedores del área fronteriza con miembros de las FARC bien pertrechados.

En este territorio liberado, la guerrilla ha establecido corredores para el transporte de cocaína, principal fuente de financiación. "Desde Putumayo entran las camionetas cargadas con pasta base, que preparan los campesinos, y por carreteras ecuatorianas siguen hacia el oeste e ingresan de nuevo en Colombia por Nariño, donde están los laboratorios. Luego la droga vuelve a salir por Ecuador, hacia la costa", explica Miguel, que conoce muy bien el terreno por haber sido mando medio del Frente 48 durante más de diez años, y que ahora se ha acogido, como miles de sus compañeros, a un programa de reinserción. Gracias a las "mensualidades" que reciben de las FARC, las autoridades locales hacen la vista gorda. "Los jefes de la policía avisan a los retenes, para que nos dejen pasar. En el cruce de la frontera, hay una base del Ejército ecuatoriano que controla la ruta. Y también están comprados".

La inteligencia colombiana detectó once campamentos en suelo ecuatoriano; ocho de ellos cuentan con talleres, arsenales y pistas de entrenamiento. Estas ocho se ubican en la frontera norte de Ecuador, de este a oeste, en las zonas de los ríos San Miguel y Putumayo.

Desde esa retaguardia, Colombia ha sufrido 39 ataques de las FARC en cuatro años; en uno murieron 22 soldados. "Hemos entregado 16 informes a la Comisión Binacional para Asuntos Fronterizos, y ocho más a la Cancillería ecuatoriana, sobre la presencia de las FARC en su suelo", dice un alto funcionario colombiano. "Ellos lo niegan o no responden".

Bogotá dice entender ahora esa actitud. Esa mina que es el ordenador de Raúl Reyes ha develado las relaciones políticas sostenidas por las FARC con el Gobierno de Quito al más alto nivel. El número dos de la guerrilla da cuenta de dos reuniones, el 18 de enero y el 28 de febrero de este año (un día antes de su muerte), con emisarios del presidente Rafael Correa. Uno de ellos es su ministro de Seguridad, Gustavo Larrea. El presidente ecuatoriano propone reunirse con los mandos de la guerrilla en Quito, establecer "coordinaciones sobre la frontera binacional", contrarrestar los efectos del Plan Colombia contra el narcotráfico con denuncias de las fumigaciones, "cambiar a los mandos de la fuerza pública" hostiles a la guerrilla… Se trata de neutralizar al presidente colombiano, Álvaro Uribe, representante "de la Casa Blanca, las multinacionales y las oligarquías".

La indignación de Correa por el ataque colombiano contra la base de Reyes se volvió virulencia cuando esos dos correos salieron a la luz. Llamó "mentiroso e insolente" a Uribe y dijo que asociarle a él con las FARC era "una desfachatez". Luego justificó la presencia de la guerrilla con los desvelos de su Gobierno por lograr la liberación de los secuestrados.

El problema, según Correa, es que Colombia no cuida sus fronteras. "Qué cinismo", responden en Bogotá. "Ecuador se niega a establecer mecanismos de cooperación. Con Perú tenemos patrullas conjuntas, y allí no hay problemas. Con Ecuador quisimos hacer lo mismo, y ha sido imposible". Para compensar, Larrea, el ministro que tan buenas migas hizo con Raúl Reyes, acaba de proponer la interposición de cascos azules entre ambos países.

EE.UU., Interpol y la OEA en la crisis

El subsecretario de Estado de EE.UU., Thomas Shannon, afirmó ayer que el gobierno de su país está "estudiando cuidadosamente" la información disponible sobre la denuncia colombiana de que el presidente venezolano, Hugo Chávez, tendría vinculación con la guerrilla de las FARC.

Esa información proviene de las computadoras halladas en el campamento bombardeado el 1° de marzo, donde murió el número dos de las FARC, Raúl Reyes. El secretario general de Interpol, Ronald Noble, dijo ayer en Bogotá que ese organismo va a verificar que el contenido de esas máquinas no haya sido borrado o manipulado. No se tratará de un juicio sobre los contenidos, aclaró, si no una verificación meramente tecnológica.

Las autoridades colombianas están de acuerdo con esta tarea, según el director de la Policía Nacional de Colombia, Oscar Naranjo.

Mientras tanto, el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, se reunió ayer con el presidente colombiano, Álvaro Uribe, en Bogotá. Según dijo, con los datos recabados en la misión que lideró esta semana, en Ecuador y Colombia, presentará un informe a los cancilleres de ese organismo, el próximo lunes en Washington.

De acuerdo con Insulza, todavía existen divergencias de opiniones entre Quito y Bogotá sobre cómo ocurrió el ataque militar colombiano en suelo ecuatoriano, que acabó con la vida de Reyes y tuvo a ambos países, más Venezuela, al borde de una guerra. Sin embargo, descartó que tales diferencias puedan generar una nueva crisis multilateral. AP y EFE

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