EDWARD PIÑÓN
Últimos minutos y hasta segundos del partido. La hinchada de Peñarol espera con angustia y en silencio el tiro de esquina que va a llegar desde la América con la Colombes.
El silencio sorprende, sobre todo después de haber sido testigos del enorme apoyo aportado una vez más desde la poblada Amsterdam, pero es el fiel reflejo de las faltas de garantías que ofrece la defensa de su equipo.
Peñarol ganó, pero terminó consumiendo de nervios a sus aficionados. Provocando que los hinchas juntaran sus manos contra el pecho y rezaran por el pitazo final de Líber Prudente.
Lo más llamativo, incluso, es que Juventud lo atacó poquito y lo complicó con la fórmula que tantas satisfacciones supo darle -en un pasado no muy lejano- al elenco carbonero. Es que a puro centro al área Peñarol terminó con el corazón en la boca y prácticamente suplicando por el final.
No debió haber sido de esa forma, sobre todo porque el ataque jugó como para darle tranquilidad a todo el equipo, especialmente por la potencia de José María Franco, por el buen manejo de Marcos García (Nasa), por las ganas que puso Antonio Pacheco, por la velocidad que le dio Carlos Bueno y hasta por la forma en la que Mario Álvarez dominó en gran parte del partido el medio del terreno.
Sin embargo, el elenco de Gustavo Matosas sigue siendo demasiado generoso en su retaguardia, lo que llevó a que el partido, producto de esa situación, se jugara con expectativa hasta el segundo final. Los de Möller, que quede claro, tuvieron el mérito de luchar y no bajar los brazos, porque en el resto fueron demasiado pobres. Como no anduvo Gastón Machado y como a los delanteros los dominaron cuando intentaron proyectarse por abajo, sólo quedó el espíritu para empujar e ir al área con alma y vida.
Ayudado por un conjunto aurinegro que tembló porque no pudo nunca rematar el duelo y porque creyó que la tarde se podía convertir en una tormenta, Juventud estuvo a un centímetro de igualar el partido, de no ser por la estupenda atajada de Gonzalo Salgueiro ante un cabezazo de Ricardo Möller.
En cierta medida, producto de las carencias de uno y de la forma en la que se desarrolló el cotejo, porque siempre Peñarol fue el que más quiso y el que se mostró como más protagonista, hubiese sido una injusticia.
Al manya lo único que le faltó fue solidez defensiva, porque los huecos que mostró en el fondo obligaron al debutante Salgueiro a mostrar sus virtudes.
Atención, esta pauta es gravitante para el futuro. Si Peñarol pretende capturar festejar un título, deberá impedir que su defensa siga tirando abajo lo que construye su delantera. Ayer, de no haber sido por la fuerza goleadora de Franco y por las manos del golero, Juventud lo ponía contra las cuerdas como antes lo hizo River Plate.
Por ahora, Franco tiene las armas bien cargadas.