GUILLERMO ZAPIOLA
Pasó el Oscar y Europa festeja. Los cuatro actores ganadores son europeos, y las reacciones no se han hecho esperar. Políticos y colegas se han encargado de emitir los correspondientes mensajes de felicitación.
Las reacciones más sobrias han sido las británicas, quizás porque el hecho de que un actor o actriz de ese origen sea premiado no sorprende mucho. En último término, hay antecedentes para Daniel Day-Lewis o para la sorpresiva Tilda Swinton.
Que Javier Bardem sea el primer español en ganar un Oscar ya marca una diferencia, y la diferencia es mayor con Marion Cotillard, tercera francesa oscarizada pero primera vez que alguien lo logra por una actuación en francés.
De ahí que las reacciones españolas y francesas hayan sido más calurosas. La figura número dos del gobierno español, María Teresa Fernández de la Vega, ha dicho en declaraciones a la televisión pública que los españoles "tenían motivos para sentirse orgullosos", y transmitió "mi felicitación, mi enhorabuena y mi satisfacción".
Por su parte el Ministro de Cultura, César Antonio Molina, dijo que Bardem "como primer actor español en conseguir este importante galardón ha pasado a formar parte de la cinematografía mundial pero, además, añade otro triunfo importante a una familia, un apellido, sin los que no se podría entender la cinematografía española". Conviene recordar que Bardem proviene de varias generaciones de actores y cineastas.
Y las felicitaciones han atravesado las barreras políticas. En plena campaña electora el presidente y candidato del opositor Partido Popular, Mariano Rajoy le envió al actor un telegrama en el que asegura que el triunfo del actor es "un motivo de satisfacción y de orgullo para toda la sociedad española". A su vez el coordinador general de la coalición Izquierda Unida, Gaspar Llamazares, también felicitó "al gran actor Javier Bardem" por su éxito .
Igualmente la Academia española de Cine expresó su satisfacción. En un comunicado dijo: "La Academia quiere resaltar particularmente lo acertado y hermoso de las palabras de agradecimiento de Javier Bardem, no sólo porque utilizara el castellano para expresarse (un signo que interpretamos como reivindicación de nuestra lengua y el patrimonio cultural), sino también por el explícito homenaje a sus compañeros cómicos y a la larga estirpe de actores y creadores que le han precedido".
Por su parte, el gobierno francés felicitó a sus artistas por los tres Oscar que Francia se adjudicó, con un especial énfasis en Marion Cotillard, mejor actriz por La vie en rose. El presidente de la República, Nicolas Sarkozy, el primer ministro, Francois Fillon, y la ministra de Cultura, Christine Albanel, enviaron felicitaciones a los ganadores.
"Marion Cotillard encarna a una Edith Piaf de sorprendente realismo, emoción y pasión. A través de sus ojos revive el recorrido de quien le dio a la canción sus letras de nobleza y autenticidad y quien une estrechamente a Francia y Estados Unidos", manifestó el presidente de los franceses.
Francia y Estados Unidos: una relación hecha de amor y odio
Marion Cotillard es la tercera actriz francesa en obtener un Oscar (las anteriores fueron Simone Signoret, protagónica, y Juliette Binoche, secundaria), y el suyo fue uno de los tres galardones que la Academia otorgó este año a Francia. Su film se llevó también el Oscar a mejor maquillaje, y Le Mozart des pickpockets de Philippe Pollet-Villard el de mejor corto animado.
Se ha podido razonar que esos premios y las reacciones francesas replantean la paradoja (alguien ha dicho, la relación de amor-odio) que ha existido siempre entre franceses y norteamericanos en el mundo del cine. Como se sabe, la crítica y los realizadores franceses siempre han mirado hacia Estados Unidos (desde Louis Delluc a la Nouvelle Vague, que descubrió en Hollywood a autores que los norteamericanos despreciaban), pero Francia ha sido también, a través de legislaciones proteccionistas y difusión (y hasta producción) de materiales de otros orígenes, el líder de la resistencia mundial a la industria norteamericana: la figura del ministro Jack Lang es emblemática. También saben, empero, que Hollywood es la gran vidriera.
Los festejos y las efusiones de una noche diferente a todas las otras
Daniel Day-Lewis le da a George Clooney un beso agradecido, los Bardem (madre e hijo) intercambian alegrías, Tilda Swinton no termina de recuperarse de la sorpresa y Marion Cotillard se exalta ("Olivier, maestro, me cambiaste la vida", dijo al director de su film). Fueron los rostros de la celebración.
La noche de los Oscar fue realmente la hora de los actores
¿Se puede hablar de "la hora de los actores"? Es la impresión que surge, por lo menos, ante las reacciones mediaticas más visibles tras el anuncio de los Oscar. En el papel, resulta obvio que los "reales ganadores" fueron los hermanos Coen, habida cuenta del número y la importancia de los premios obtenidos por Sin lugar para los débiles (película, dirección, guión, actor secundario). Y sin embargo, esa impresión se contrasta con otra: la de que han sido los intérpretes los que realmente han enganchado en la imaginación de los observadores (periodistas y público).
Para el recuerdo, éste no va a ser, a la larga, el año del film de los Coen sino el de la voraz metáfora del capitalismo salvaje encarnada por Daniel Day-Lewis en Petróleo sangriento; el de la arrolladora vitalidad, dramatismo y entrañable humanidad de la Edith Piaf de Marion Cotillard en La vie en rose; el de la sombría, casi robótica maquinaria de matar que despliega sus violencias en Sin lugar para los débiles con la apariencia de Javier Bardem; incluso el de la sorpresa de Tilda Swinton, que no dio para hablar de Michael Clayton (realmente ¿alguien quiere hablar de Michael Clayton?) sino más bien para reforzar las ganas de ver I`m not There y comparar su labor con la de la derrotada Cate Blanchett.