JULIA RODRÍGUEZ LARRETA
LA OTRA ORILLA
Parecería que ya se está convirtiendo en costumbre, que la flamante presidenta de la Argentina, Cristina Fernández, lance inesperadamente amonestaciones a los jefes de Estado, cuando están de visita en su país.
Recuérdese si no, el reto que dejó tieso a Tabaré Vázquez, cuando en su acto de asunción y frente a todas las autoridades nacionales y extranjeras allí presentes, lo recriminó por la instalación de Botnia y el supuesto incumplimiento uruguayo frente a la CARA (Comisión Administradora del Río Uruguay).
Salvando las distancias, que ciertamente las hay y grandes, ahora le tocó el turno de escuchar graves amonestaciones, al visitante llegado desde Guinea Ecuatorial. Presidente del país africano a partir del golpe de Estado ocurrido en 1979, quien ha sido denunciado múltiples veces por las violaciones a los derechos humanos, entre otros por Amnistía Internacional.
Por lo que, en este caso, no puede menos que compartirse, por merecidas, las críticas al dictador, pero no de esta manera y cuando se están firmando acuerdos de cooperación en energía, derechos humanos (qué ironía), educación, ciencia e infraestructura.
Por más que el Sr. Teodoro Mbasogoro Obiang Nguema, cuente con enormes recursos "hidrocarburíferos", (terminología propia de Cristina), algo muy atractivo en estos tiempos que corren, más vale primero tener bien claro si se quiere recibir a tal o cual Presidente, por los motivos que fuera. Si pesan más los intereses que los principios, entonces hay que evitar el sermoneo en público.
Tan molesto quedó el visitante, quien no debe estar nada acostumbrado a recibir filípicas y menos de una señora, aunque sea la presidenta del país, y tan desairado por lo que hubo de ser un agasajo en el Congreso, al cual faltaron los legisladores de la oposición y pocos fueron los oficialistas presentes, que a punto estuvieron los acuerdos, de terminar en la papelera. Y finalmente, la cena en su honor no fue suspendida.
Pero la cuestión es que de rebote, el cuestionado Presidente africano canceló su visita al Uruguay, donde también iba a ser recibido por el gobierno uruguayo. A pesar de que el Frente Amplio se jacta de ser el cruzado de los derechos humanos.
PRESIDENCIA. Se ve que a Cristina no le es fácil despegar su imagen de primera mandataria de la de su marido, quien a pesar de haberse mudado de la Casa Rosada, ha estado muy presente en estos dos meses. Así que con ánimo de marcar presencia y sobre todo con noticias auspiciosas, se adelantó una semana al anunciar las cifras de crecimiento del PBI en 2007, elaboradas por el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE). Algo que no se hace si dichos anuncios pueden impactar en las cotizaciones, que fue exactamente lo que pasó con los títulos con cupones ligados al PBI. Un instrumento de la época de Lavagna, (quien ahora aclara que nunca fue opositor), que tiene un costo muy alto para un país como la Argentina, con alto crecimiento.
De tal manera, en cuatro años, estas unidades conocidas como cupón PBI le significarán al tesoro una erogación de U$S 5.000 millones. Equivalente a la deuda con el Club de París. Una operación muy costosa y que no evitó sin embargo, que muchos rechazaran el ofrecimiento de canje, (24%) y todavía quedan 25.000 millones de dólares en bonos impagos, lo cual le impide a la Argentina acceder al mercado de crédito internacional.
Pero el manejo de los índices que se perciben en el gobierno, siempre ponen en duda las cifras oficiales y para varios economistas el crecimiento real de la economía no sería el 8,7% que se ha dicho, sino menos de un 7%. La manipulación de las marcas de la inflación, por parte del INDEC, tienen una directa relación con la sobreestimación del aumento de la actividad económica.
Por otra parte, son muy reales los precios internacionales de la soja, que no hace más que subir, llegando a los U$S 500 la tonelada, ( 80% de aumento en un año), lo cual representará unos $ 10.000 millones más por sobre los $ 45.000 millones que ingresaron el año pasado a las arcas del Estado, si los commodities siguen firmes. Y con la particularidad de que estos ingresos no son coparticipables o sea, que el gobierno nacional no tiene obligación de repartirlos con las provincias, lo que le permitirá seguir gastando a su gusto.
La espada de Damocles que cuelga sobre la casa de gobierno en estos días, relacionada con el peligro del avance inflacionario son las inminentes paritarias y los pedidos de aumentos salariales que se han estado exigiendo, por encima del techo que quiere poner el gobierno.
Pero finalmente, Moyano, (CGT) supuesto enemigo de Cristina, parece dispuesto a tratar de atemperar los reclamos.