WASHINGTON AFP Y ANSA
El presidente de Estados, George W. Bush, ordenó a las Fuerzas Armadas derribar con un misil de guerra un satélite espía estadounidense que se volvió incontrolable y amenaza con reingresar a la Tierra con una reserva de combustible tóxico, informó ayer la Casa Blanca.
El satélite, de 11 toneladas y que perdió su órbita hace algunas semanas, sería destruido por un misil táctico lanzado desde un buque de guerra estadounidense.
"El presidente ordenó al Departamento de Defensa llevar adelante la interceptación", dijo el asesor adjunto de Seguridad Nacional, james Jeffries.
Jeffries explicó que la decisión fue tomada por el peligro que supone que el satélite estadounidense reingrese a la atmósfera con casi media tonelada de un combustible tóxico llamado hydrazine.
Esta sustancia química altamente tóxica es el combustible usado por los motores de los satélites clásicos.
Extremadamente irritante, ataca el sistema nervioso central y puede ser mortal en altas dosis. Afortunadamente, se degrada rápidamente bajo los efectos del calor y de seguridad INERIS.
El vicemayor del estado conjunto, el general James Cartwright, sostuvo que "la mitad de los satélites que reingresan a la atmósfera se destruyen", pero señaló que es "impredecible" pronosticar lo que pasará con el satélite y que "una vez que la unidad esté en contacto con la atmósfera varios kilos podrían permanecer" y caer en la tierra.
"Una opción viable con la que contamos es utilizar un misil táctico desde un buque Aegis para golpear al satélite de manera de reducir el riesgo", agregó Jeffries.
Con esa maniobra, el satélite se rompería y perdería un mínimo de hydrazine en tierra, lo que provocaría un daño limitado.
"El misil está diseñado, por supuesto, para otras misiones. Pero concluimos que tanto el misil como otros sistemas relacionados podría ser reconfigurado por una única vez", explicó el asesor.
Las autoridades no proporcionaron durante la conferencia de ayer ninguna estimación sobre la fecha de la destrucción del aparato. "Queremos destruir el satélite de manera que sus piezas se quemen antes de caer a la tierra", señaló Cartwright, reconoció que "en las últimas dos horas" de la caída del satélite "se podrá predecir dónde va a caer" y señaló que el área que impactará "equivale a dos campos de fútbol americano".
Estados Unidos dispone de la mayor red de satélites espías del mundo. Las características de estos satélites, cada uno de los cuales vale más de U$S 1.000 millones, están cubiertas por los secretos de defensa.
El mayor satélite estadounidense que cayó sobre la Tierra fuera de control fue el Skylab en 1979, cuando centenares de piezas de la estación espacial de casi 80 toneladas cayeron, sin provocar daños, sobre el Océano Índico y una parte desolada del oeste de Australia.