AGENCIAS
Bajo la consigna de "No más FARC", casi cinco millones de personas, marcharon por las calles de varias de las principales ciudades de Colombia y del mundo en protesta contra la guerrilla y exigiendo la liberación de los rehenes.
Identificados con los colores del pabellón nacional (amarillo, azul y rojo), o simplemente con pancartas, millones de colombianos coparon las calles de las 40 principales ciudades del país en una manifestación sin precedentes.
"No más FARC", "No más secuestros", "No más muertes", "No más terrorismo", eran las leyendas de los miles de carteles que identificaban a miles de manifestantes.
En muchos lugares, los comercios y oficinas cerraron al mediodía para que sus empleados pudieran participar de la movilización. Los funcionarios públicos tenían a su vez la autorización para acudir a las marchas y actos de protesta.
En todo el país, se estima que 4,8 millones de personas se manifestaron, según datos de la policía nacional colombiana. Un récord; casi el quíntuple de la manifestación que, también contra las FARC, se realizó en ese país el pasado 5 de julio.
La escena se repitió en otras 125 ciudades en todo el planeta, que se sumaron a la propuesta anunciada el pasado 4 de enero por un grupo de profesionales colombianos jóvenes mediante la red social de internet Facebook con el título "Un millón de voces contra las FARC".
En París, Berlín, Sydney, Lima, Quito, San Pablo y Caracas se realizaron movilizaciones en las que cientos de personas, mayoritariamente colombianos, expresaron su solidaridad con los secuestrados y su repudio a la guerrilla. Entre las convocatorias más importantes estuvieron las de Londres, con 3.000 personas, y Caracas con cuatro mil.
CRÍTICAS. No obstante, la iniciativa no estuvo exenta de polémica. La marcha se produjo 48 horas después que la guerrilla anunciara en un comunicado que liberaría -en fecha aún no fijada- a tres rehenes (Orlando Beltrán Cuéllar, Gloria Polanco, y Luis Eladio Pérez) en vista de la mala condición de su salud y como un nuevo gesto hacia el presidente venezolano y ex mediador en el conflicto, Hugo Chávez.
Los familiares de los secuestrados de las FARC participaron en una misa en Bogotá, y descartaron adherirse a la iniciativa pues consideraban que la protesta se había politizado y estaba ajena a su reclamo de un acuerdo humanitario que promueve el canje de 43 secuestrados por unos 500 guerrilleros.
Los organizadores de la marcha así como el gobierno colombiano rechazaron cualquier sesgo político en la marcha.
"Entendemos que esta marcha es una exigencia del pueblo a nosotros, para que aportemos todas nuestras energías, todos nuestros esfuerzos por la erradicación definitiva del secuestro", dijo el presidente colombiano, Álvaro Uribe, quien no participó de la marcha.
Yolanda Pulecio, madre de la ex candidata presidencial y rehén de las FARC, Ingrid Betancourt, afirmó que se sentía preocupada por quién iba a beneficiase con esta marcha. "Quizá no la capitalicen ni los secuestrados, ni el acuerdo humanitario, ni la paz", dijo Pulecio. Algunos sectores creen que esta marcha es un obstáculo para el acuerdo humanitario, y ante ello, Uribe, podría disponer una acción militar.
"Si esa marcha tiene algún crédito es que firma la sentencia de muerte de los rehenes", afirmó en Francia Arnaud Mangiapan, presidente del Comité de Apoyo de Ingrid Betancourt.
TENSIÓN. Aunque el anuncio de las FARC enciende la esperanza de los familiares de los secuestrados, también llega en un momento de tirantez bilateral entre Caracas y Bogotá.
Uribe, enfrentado con Chávez tras interrumpir su mediación ante las FARC en noviembre pasado, dijo en una entrevista con el diario español El Mundo publicada ayer, que pese a "la irritación personal que yo pueda sentir, por encima de eso están los intereses superiores de Colombia".
Las gestiones para la liberación de los tres rehenes serán comandadas por Chávez, informó el gobierno venezolano a través de un comunicado en el que también agradeció a las FARC que haya elegido a Caracas como facilitador.
Chávez ya había calentado el ambiente al advertir que su país "está alerta" ante una posible "agresión militar" de parte de Colombia sobre Venezuela, orquestada por Washington.
"La oligarquía colombiana, por orden del imperio, ha iniciado una arremetida contra Venezuela", dijo Chávez.
El venezolano ya había acusado a su homólogo colombiano, el pasado 25 de enero. Chávez dijo entonces que Uribe estaba "fraguando" una "provocación bélica", por orden de Estados Unidos, lo que podría "prender una guerra".
Días después, instó a los países que componen el ALBA (Bolivia, Cuba, República Dominicana, Nicaragua y Venezuela) a conformar un estrategia transnacional de defensa para una eventual disputa con Colombia y Estados unidos.
La escalada en la tensión diplomática se traslada a otros ámbitos. Caracas ha dispuesto operativos militares en su frontera con Colombia para evitar el contrabando de productos que escasean en Venezuela.
En ese contexto, el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula Da Silva, inició gestiones -según el diario O Estado de San Pablo- para aliviar la "irritación" diplomática.