CANELONES PATRICIA MANGO
Familiares, amigos y vecinos de Sauce y Toledo despidieron con lágrimas a la familia que perdió la vida en el choque frontal en ruta 5. Anoche la Justicia envió a prisión al chofer del camión.
La mañana del miércoles comenzó lluviosa y con vientos. Podía presagiarse una jornada gris acorde al escenario que vivía, desde la noche anterior, la ciudad de Sauce.
Allí, con la tristeza como telón de fondo, en pleno centro de la ciudad se velaron y luego inhumaron, en este orden, los restos de Juan Alberto Martínez Acevedo (49), Domingo Chirionez (64), su esposa Ana María Saracho(51) , sus hijos Luis Matías, Ana Karen (29) y Daniela, Javier Andrade (31, esposo de Daniela) el hijo de la pareja, Alex Andrade de un año y medio y el primo de éste, Maycol Do Nascimento (13).
Son las víctimas de un accidente carretero que les truncó la vida cuando se dirigían a Durazno, todos, en la camioneta de Javier, un vendedor de lechones, corderos y leña afincado desde toda la vida en la zona de Toledo. Un camión cargado de leña cruzó la ruta, los aplastó y deshizo a tres familias en cuestión de minutos.
Sobre las 9:25 partió el primer féretro con rumbo a su última morada. Era seguido de cerca por automóviles particulares y 3 ómnibus de la Cooperativa UCOT. Sus integrantes, de forma espontánea pusieron a disposición esas unidades. Trasladaron a los familiares y amigos desde Toledo a Sauce y viceversa, e hicieron los recorridos de rigor hacia el cementerio. Motos, bicicletas y una imponente columna humana iba en procesión hacia la última morada de las víctimas.
La ciudad entera estaba en silencio, no había bocinas ni música callejera. Es más, cuando los vehículos pasaban, la gente quedaba parada oteando la escena. Los comerciantes salían de sus locales y se paraban en la puerta, unos comentando bajito, otros, simplemente mirando con incredulidad.
Las inhumaciones fueron ininterrumpidas y culminaron poco antes de las 11 de la mañana. Los cuerpos fueron llevados a un panteón municipal ante la atenta mirada de unas 250 personas, ahora sin rastros de lluvia y con un Sol plomizo amortizado por el incesante viento. Por voluntad familiar, Javier Andrade fue el único de los nueve enterrado en tierra. La inhumación colectiva en el nicho comunal es un beneficio que le corresponde a Andrés Chirionez, que perdió a sus padres, tres hermanos, dos sobrinos y cuñado. Pese a que varios de los fallecidos no eran parientes sanguíneos, la Intendencia resolvió exonerar el pago de los tributos que correspondían.
La ciudad de Toledo, de donde eran oriundos todos los fallecidos, vivió la jornada de luto. La Junta Local comunicó a la Asociación de Comerciantes que el día era de duelo y solicitó que se plegaran los comercios, al menos durante el entierro.
DUELO. En la ciudad de Toledo se decretó duelo durante todo el día. En Sauce, sólo hasta que culminaron las exequias. Los funcionarios de ambos lugares y de Suárez, que también integra el zonal donde trabajaba el hijo del matrimonio fallecido, se volcaron en su totalidad para participar de las ceremonias.
Una vez que finalizaron, podía verse en la vereda de la Junta Local, varias personas aguardando la apertura de la oficina municipal para realizar sus trámites. La ciudad debía seguir su jornada. Al igual que en dos accidentes anteriores que costaron la vida de varias personas, la Intendencia dispuso asistencia sicológica para los sobrevivientes y para sus familiares, informó a El País el intendente interino Yamandú Orsi.
El jerarca dijo que ya están hechas las coordinaciones pertinentes con el Ministerio de Salud Pública para asistir y contener con este servicio a quienes sean afectados directamente con la tragedia.
Orsi confesó que, una vez que tomó conocimiento del hecho, llamó al ministro de Transporte, Víctor Rossi, y al director Nacional de Trabajo, Julio Baráibar. De Rossi, esperaba escuchar algo "de alguien que entienda del tema, a ver qué se puede hacer para parar esto". Y de Baráibar conocer "qué tipo de regulaciones existen para los conductores de camiones". En ambos jerarcas, comentó Orsi, encontró "una preocupación enorme".
Fallo tras extensa audiencia
Florida Federico Iglesias
Al cabo de una extensa audiencia la jueza Ana García Da Rosa envió a prisión al conductor del camión, J.R.O.R. (29). El trabajador ingresó en la sede judicial sobre la hora 18.45 y la abandonó ya sobre la hora 22. Con llanto y cabizbajo fue contenido por una decena de compañeros de la empresa Palominos que había permanecido a las puertas del Juzgado Penal durante buena parte de la jornada.
A media tarde la jueza y el fiscal Fernando Pérez D`Auria recibieron los informes periciales. El subdirector de Policía Técnica, el comisario inspector Roberto De Los Santos presentó un completo informe sobre las características de la colisión frontal y las pericias mecánicas practicadas al camión de carga. También presentó un informe el director de Investigaciones de Florida, el comisario Fernando Bosch.
Fuentes de la investigación indicaron más tarde a El País que los elementos reunidos por la investigación policial y técnica habían demostrado de manera indudable que el camión con una carga de 22 mil kilos de rolos había invadido la senda contraria, y que hubo negligencia de parte del chofer. Aunque el extremo no se pudo probar, se estima que el chofer se durmió en el momento de la colisión.
Todos estos elementos fueron determinantes para que el fiscal solicitara su procesamiento con prisión, que en definitiva fue adoptado por la jueza.
Al final de la intensa jornada judicial, la magistrada resolvió el procesamiento con prisión por un delito complejo de homicidio culpable con pluralidad de muertes en concurso real, con dos delitos de lesiones. El chofer pasará a cumplir la pena de prisión en la cárcel departamental de Florida.
Sueño de la familia unida
Javier Andrade, su esposa Andrea Daniela Chirionez, su hijo Alex, dos hermanos de ella, dos sobrinos de la pareja y los padres de Andrea Daniela salieron de Toledo poco después de las 3 de la madrugada del martes rumbo a Durazno. El viaje familiar era un proyecto largamente acariciado, ya que por primera vez en muchos años estaría toda la familia junta e incluso Andrea Daniela conocería parientes con los que no había tenido contacto. El padre, Domingo Chirionez, aprovechaba su licencia anual y, de paso, para darle una alegría a su esposa, Ana Saracho, que padecía una enfermedad. Todos viajaban en el vehículo de Javier Andrade, una camioneta Chevrolet de 1952. Una familia modesta y trabajadora de Toledo, razón por la que en virtud de la desmedida cantidad de fallecidos se resolvió exonerarlos de los costos de traslado y de las inhumaciones. El servicio de necrópolis debió reforzar su personal casi al doble de su dotación. Cuatro funcionarios del cementerio de Pando fueron trasladados al Sauce para cumplir con los servicios funerarios.