Otras Puntas en el viaje a Uruguay de un periodista inglés

José Ignacio. "Escaparate de arquitectura"

Escapando del lujo de Punta del Este, un cronista del diario inglés "The Guardian" recorrió las "otras Puntas" que tiene para ofrecer la costa uruguaya. Una mirada extranjera que puede ayudar a redescubrirnos.

Punta del Este es "la Saint Tropez de Sudamérica", repite el cronista de "The Guardian", Benji Lanyado. "Con vistosos hoteles y boutiques de diseñadores, sus playas estarán llenas desde enero a marzo de ricos y famosos". "Para algunos es el lugar para pasar unas vacaciones perfectas".

Pero Lanyado es columnista de viajes de bajo presupuesto, y en su viaje por Latinoamérica buscaba otra cosa. "Después de pasar medio día allí empecé a odiarlo". Punta del Este pasó a ser "un desalmado vacío de clase alta, hamburguesas con papas fritas y casinos". "Las señales de tránsito están esponsoreadas por Visa, ¡por favor!". "Por suerte, todo lo contrario está a sólo 40 minutos en auto".

Así empieza el cronista británico su viaje de descubrimiento de las "otras Puntas" de Uruguay José Ignacio, Cabo Polonio, Punta del Diablo, realizado en diciembre.

encanto. Sacándole fotos a los carteles pintados a mano y deslumbrándose con los lugareños -un hombre en un carro tirado por un burro, un pescador cuidando varias cañas de pescar en la playa- entra en la primera parada, José Ignacio. Lo precario se vuelve pintoresco cuando va unido a las comodidades de la Posada del Faro y al filete de cordero con ratatouille regado con vino Merlot del restaurant La Olada. Paseando entre las casas del balneario, como en un "escaparate de arquitectura", destaca la variedad de los estilos, desde los experimentos cúbicos futuristas a las casonas con fachadas color pastel.

En comparación con Punta del Este y su "profunda incongruencia entre dinero y gusto", José Ignacio es "una elegante demostración de cómo el desarrollo puede hacerse bien", sostiene Lanyado.

Continuando en la carretera y avistando los campos uruguayos -"vastas praderas de pasto amarilleando en el inicio del verano"- encuentra un cartel de bienvenida a Cabo Polonio, junto a los camiones que realizan la entrada por las dunas que rodean el balneario.

"Algo entre un kibutz y un limpio pero caótico asentamiento", habitado por "una comunidad autosuficiente de hip-pies y pescadores". Los pocos kilómetros que lo distancian del inicio del viaje hacen más impactante el contraste.

El inglés se hospeda en el hostel de Cabo Polonio, "básico pero no incómodo", al que incluyó en el tercer puesto entre los mejores de América del Sur, en parte gracias a la cocina de su dueño, el chef argentino Alfredo, a base de pescado fresco preparado con hierbas.

La experiencia se completa con la luz de las velas, la amabilidad de los lugareños que entran y salen del hostel con su mate bajo el brazo o que charlan en las mesas del bar de Joselo, y el "delicioso licor de miel" que sirve el ciego dueño del boliche.

La última parada es Punta del Diablo. Allí Lanyado se aloja en el nuevo hostel Diablo Tranquilo, otro emprendimiento llevado adelante por extranjeros, esta vez una pareja de estadounidenses, Brian y Heidi.

El balneario es cada vez más popular entre uruguayos, argentinos y brasileños, aunque no sólo; el inglés también encontró otros europeos visitando la zona, que está creciendo.

"Las nuevas construcciones sugieren que en el futuro será más parecido a José Ignacio que a Cabo Polonio, aunque por ahora es una deliciosa combinación de los dos", aventura. Y si es posible esa mezcla, para algunos sería el lugar donde pasar las vacaciones perfectas. Al menos Lanyado concluye: "si esta costa alguna vez llega a desarrollarse completamente, espero que sea en esta dirección".

El sabor de los líos locales

Los conflictos locales también atraparon la atención del extranjero.

En Cabo Polonio "hay una asamblea el próximo viernes en la que los pobladores esperan resolver una larga disputa con el gobierno, que oficialmente es el dueño de los terrenos". "Todo Punta del Diablo es propiedad de una sola familia que, en los últimos años, empezó a vender sus terrenos, echando a los ocupantes", interpretó Benji Lanyado.

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