CIUDAD DEL VATICANO. EFE, ANSA Y AFP
Un brillante sol invernal permitió que 40 mil personas abarrotaran ayer la plaza de San Pedro para escuchar el tradicional mensaje de Navidad "Urbi et Orbi" de Benedicto XVI, el tercero en lo que va de su Papado.
El Papa pidió paz para el mundo, de Darfur a Sri Lanka, "y en particular por Irak, Líbano y Tierra Santa". Denunció que cada vez hay más emigrantes, refugiados y deportados en el planeta a causa de las guerras, las tensiones étnicas y el terrorismo, pero también debido a calamidades naturales, muchas de ellas consecuencias "de preocupantes desequilibrios ambientales". Aseguró que las principales víctimas de esas situaciones son "los niños y las mujeres" y reclamó "soluciones humanas, justas y duraderas" para todos esos conflictos.
Vestido de blanco y oro, Benedicto XVI mostraba signos de fatiga, horas después de haber oficiado la Misa del Gallo, en medianoche. Aún así, su voz sonó clara desde el balcón principal de la Basílica de San Pedro: "En este día de paz, el pensamiento va sobre todo a donde retumba el fragor de las armas, a las atormentadas tierras de Darfur, Somalia y del Norte de la República Democrática del Congo, a las fronteras de Eritrea y Etiopía, a todo el Medio Oriente, y en particular para Irak, Líbano, Tierra Santa, Afganistán, Pakistán, Sri Lanka, a la región de los Balcanes, y las otras tantas situaciones de crisis, desgraciadamente olvidadas con frecuencia".
En un año en que el cambio climático estuvo muy presente en la agenda internacional, el Papa no omitió aludir a ese tema. Ya lo había hecho en la madrugada, durante la Misa del Gallo, durante cuya homilía lamentó el estado en el que se encuentra el planeta "debido al abuso de las fuentes de energía y de su explotación egoísta y sin ningún reparo".
El Papa de 80 años, nacido en Alemania con el nombre de Joseph Ratzinger, dijo que la Navidad es "un acontecimiento histórico y un misterio de amor, que desde hace más de dos mil años interpela a los hombres y mujeres de todo tiempo y lugar. Es el día santo en el que brilla la gran luz".
"Que la luz de Cristo, que viene a iluminar a todo ser humano, brille por fin y sea consuelo para cuantos viven en las tinieblas de la miseria, de la injusticia y de la guerra", agregó.
En este punto, el papa Ratzinger también puso su mirada en las víctimas de "sangrientos conflictos armados, del terrorismo y de todo tipo de violencia, que causan sufrimientos inauditos a poblaciones enteras", ubicando como a los "más vulnerables" a las mujeres, niños y ancianos.
Ante toda esta situación, la esperanza, enfatizó el Papa, está en el mensaje de Cristo para todos, y que se necesita "humildad y fe" para reconocer "la gran luz de Cristo portadora de paz", que vuelve a brillar en el día "que ha nacido el Salvador de la humanidad".
Tras el mensaje, el Papa impartió la bendición "Urbi et Orbi" ( a la ciudad y al mundo) en 63 idiomas. Una de las novedades de este año fue la inclusión del guaraní entre las lenguas a las que apeló.
En español, Benedicto XVI proclamó: "Feliz Navidad. Que la paz de Cristo reine en vuestros corazones, en las familias y en todos los pueblos".
A la plaza del Vaticano concurrieron 40 mil personas, pero el mensaje fue transmitido a 88 países a través de unos 60 canales de televisión.