JUAN ORIBE STEMMER
La conferencia de Bali culmina un proceso de intenso debate que, entre otras novedades, incluyó el otorgamiento del Premio Nobel de la Paz al Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), y a Albert Gore. El IPCC acaba de presentar su Cuarto informe sobre el cambio climático donde concluye que no existen dudas sobre el proceso de calentamiento global.
En 1997, la Tercera Conferencia de los países parte de la Convención Marco sobre el Cambio Climático aprobó el Protocolo de Kyoto donde se pactaron objetivos para reducir sus emisiones de anhídrido carbónico a la atmósfera.
El acuerdo entró en vigencia en el 2005 y terminará en el 2012. Ahora, los países reunidos en Bali para la 13ª Conferencia de las Partes, deberán encontrar un nuevo camino hacia un acuerdo internacional para después del 2012.
Las emisiones de gases de invernadero anhídrido continúan aumentando. Parte del desafío que enfrentamos es el caso de los nuevos países industrializados.
El ejemplo de China resume el dilema. Este país ya desplazó a Estados Unidos del primer lugar en el "ranking" de los países emisores de anhídrido carbónico a la atmósfera.
Sin embargo, si se consideran las emisiones de anhídrido carbónico por habitante, una medida más realista, se encuentra que los Estados Unidos envían a la atmósfera casi cuatro veces más anhídrido carbónico por habitante que China. Ello se debe a las diferencias entre el nivel de vida de uno y otro país.
La demanda por energía en China aumentará en las próximas décadas como resultado del aumento de la cantidad de sus habitantes y, también, debido a la muy saludable mejoría de su nivel de vida.
Y no será el único caso. La población de China pasará de los actuales 1.318 millones de habitantes a 1.437 millones para el año 2050. La población de la India, que hoy es de 1.132 millones, aumentará a 1.747 millones.
No se trata, entonces, solamente de conseguir que los países más industrializados contengan y disminuyan sus emisiones de gases de invernadero sino también de lograr que los países en vías de industrialización continúen progresando sin aumentar demasiado sus emisiones de gases de invernadero. Un compromiso muy difícil de lograr en la práctica.
Uno de los medios para conseguir aquel objetivo es impulsar el desarrollo de tecnologías y prácticas para hacer más eficiente la generación y el consumo de energía.
Ese objetivo debe ser logrado no solamente debido a un sentimiento de responsabilidad intergeneracional, sino también por muy buenos motivos prácticos.
Incluyendo que el cambio del clima global tendrá un enorme costo económico y social que, de una forma u otra, acentuará la inestabilidad política de nuestro planeta.
También es inteligente reducir en todo lo posible la dependencia del petróleo. Además, el desarrollo de nuevas tecnologías para la generación y conservación de la energía es un buen negocio porque, por un lado, impulsa el desarrollo industrial de los países, y por el otro produce valiosos bienes y servicios para la exportación.
Solamente los países muy ricos, o los muy ignorantes, pueden optar por no desarrollar políticas de largo plazo que incorporen estrategias sustentables de generación y conservación de energía.
Aunque muchos de los primeros ya han aprendido la lección y adoptan sus propias estrategias de energía.