El referéndum promovido en Venezuela tendiente a imponer una disparatada reforma constitucional dejó como saldo tres notorios vencedores y un solo derrotado.
El primero de ellos fue la democracia como sistema. Cuando los gobiernos no tienen más remedio que aceptar sus reglas y dejar que jueguen libremente, ella emerge como el único mecanismo legítimo y seguro para enfrentar toda forma de totalitarismo, temporal o sustancial, que de todo había en la reforma, desde la eventualidad de una reelección indefinida del Presidente hasta el establecimiento de un régimen socialista fuertemente autoritario. El segundo, fue la mayoría del pueblo como soporte de esa democracia, que se volcó a las urnas contrariando incluso sus intereses personales, - se incluía la trampa de la reducción de la jornada laboral de ocho a seis horas diarias -, rebelándose a la vez ante el grosero proselitismo que se viene cumpliendo desde hace años con los petrodólares y un régimen de beneficios muy parecido al uruguayo PANES a través del cual se pretende mantener también una clase de cautivos. Los pobres de Venezuela demostraron que son independientes y que en el momento de votar, lo hacen de acuerdo a su conciencia y no a la de quienes intentan comprársela. Y el tercero estuvo constituido por la juventud universitaria que, superando las indecisiones de la oposición, se levantó fuerte y unida, adoptando el papel de Fiscal del pueblo, lanzándose a la calle en los días previos y manteniendo su presencia hasta último momento en todas las mesas electorales defendiendo las hojas de escrutinio. Aquella juventud de mayo del 68, que amenazó incendiar el mundo con la violencia se ha convertido hoy en la juventud del sufragio, asegurando la libre voluntad de los pueblos. Es la misma actitud militante y vigorosa que ya exhibió en nuestro país la juventud del Partido Nacional, en un camino que han continuado las del Partido Colorado. Y que ambos Partidos deben apoyar.
El gran derrotado fue el Presidente Chávez quien disponiendo, ese sí, de todo el Poder y de todo el gobierno, - como ha reclamado el Canciller para el Frente -, no pudo imponerse ni a un sistema, ni a un pueblo ni a una juventud.