La minería en la mira

JULIA RODRÍGUEZ LARRETA

La recaudación en Argentina en el mes de noviembre, aumentó un 32% en comparación con el mismo mes del año anterior. Una cifra que superará los $ 18.000 millones. Por todo el año se calcula que el fisco recibirá de los contribuyentes, una cifra cercana a los $ 200.000 millones de pesos. Sin embargo, la voracidad recaudatoria del gobierno no parece ceder y ahora hay un nuevo sector en su mira. El de la minería.

Durante décadas, la abundante riqueza subterránea del generoso suelo argentino fue pobremente explotada y así era que mientras Chile desarrollaba enérgicamente su industria minera, la argentina no despegaba por la falta de incentivos o las múltiples trabas que la frenaban.

Hasta que bajo la presidencia de Menem se elaboró una buena ley de minería que estableció reglas más claras para alentar estas inversiones consideradas de alto riesgo. O sea que en la denostada década del noventa, comenzó una franca recuperación en este sector.

Entre otras cosas, la nueva legislación dio ciertas garantías al inversor y así es que según la ley 24.196 de inversiones mineras, fue fijada una estabilidad fiscal, que prohibía modificaciones en las cargas tributarias por tres décadas.

Esto no quiere decir que luego los capitalistas no hayan tenido que luchar contra pretensiones provinciales de diverso tipo, de acuerdo a su apetito recaudatorio, pero al menos en lo nacional, habían otras garantías. Garantías que en este momento parecen estar en un tembladeral.

Porque con la aparente intención de alcanzar más fácilmente un superávit primario del 4% del PBI, en lugar del 3,6% de este año, la mirada de la Secretaría Legal y Técnica se ha posado con evidente codicia sobre las explotaciones mineras, ahora que los metales también disfrutan de la suba de precio experimentada por los commodities.

Para atraer a lo inversionistas, en la ley se estipuló que los impuestos que rigen al momento del estudio de factibilidad serán los únicos aplicables al proyecto. Si bien la norma permite que se pongan nuevos impuestos a los proyectos que estén a estudio y comiencen más adelante o los emprendimientos desarrollados antes de la vigencia de esa ley.

Los que ya están trabajando bajo estos parámetros tienen alguna esperanza de que se respete la normativa, pero de todos modos, se les ha prendido una luz amarilla. Se trata de un sector que emplea a 42.000 personas y para este año la extracción de minerales representa un valor de US$ 3425 millones.

Y la inquietud no se nota solo en los que ya están trabajando, sino en posibles nuevos inversores. Prueba de ello es que la gran compañía minera Barrick, que preveía una inversión de US$ 2,4 billones de dólares en un yacimiento de oro cercano a la frontera con Chile, conocido como Pascua Lana, ha decidido detener el proyecto y ya están mirando hacia otros lados.

CAMPO. Por otro lado, mientras el gobierno sigue haciendo concesiones a los sindicatos, continúa con sus ataques al sector agropecuario. Ya se concretó el cierre temporal de los registros de exportación de trigo, aún cuando en la Secretaría De Agricultura, esta misma semana, habían negado que el gobierno fuera nuevamente a cerrar las exportaciones del cereal.

Han dicho que por el momento se mantendrá sólo hasta el martes, para evaluar el impacto de la merma en la producción y asegurar el abastecimiento local, porque heladas tardías afectaron los cultivos del sudeste y sudoeste bonaerense. A su vez, persiste el cierre de exportaciones para el maíz.

Ante la política de elevadas retenciones a las exportaciones de granos, la última suba de 5 a 10 puntos, es interesante destacar las opiniones vertidas a La Nación, por uno de los más importantes productores de estos tiempos.

Para el Sr. Grobocopatel, al frente de una empresa familiar que explota nada menos que 150 mil hectáreas, (10% propias y 90% arrendadas), en Argentina y otros países de la zona, las retenciones ayudan a concentrar la riqueza. Todo lo contrario de lo que buscaría un gobierno populista como el de Kirchner, que supuestamente es la redistribución de la riqueza.

Su punto de vista suena muy sensato, al hacer notar que las retenciones provocan una disminución en lo que recibe el productor. Si éste se encuentra en áreas no muy buenas y tiene rendimientos menores, su competitividad disminuirá y ante una crisis será el primero en quebrar.

Afirma que el impacto de las altas retenciones, que significan cobrar los granos con un dólar a 2 pesos, mientras hay que comprar los insumos con un dólar de 3,5 pesos, desincentiva invertir en tecnología y mejorar la productividad. Para él sería más acertado, un impuesto fijo a la tierra que estimule la producción y la inversión.

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