Tras las elecciones

JULIA RODRÍGUEZ LARRETA

Sobre las sensatas declaraciones realizadas por la presidenta electa de Argentina, respecto del asunto Botnia, que permiten algo más de optimismo de cara a una cuerda resolución del mismo, nos ocupamos en el editorial del jueves pasado.

Respecto de las fugaces expectativas surgidas en un momento, alrededor de la Cumbre Iberoamericana, éstas murieron antes de nacer. Pero en cuanto a las recientes medidas tomadas por el gobierno que termina, hay bastante de que hablar.

Más de una vez se dijo que Kirchner seguramente, se pondría a hacer el trabajo sucio necesario para dejarle el terreno más limpio a su mujer, para el momento que le cruce el pecho con la banda presidencial. Así es que se ha puesto a luchar contra la inflación, según lo que aparenta, aunque detrás se perciba una voracidad recaudatoria que busca dinero para hacer frente al desbocado aumento del gasto público. Se concretó entonces, el anuncio de ciertas medidas de las cuales ya se rumoreaba hace un tiempito.

Desincentivar las exportaciones de granos y subproductos, para que baje el precio interno de los mismos. Porque evidentemente, el manipuleo de los índices del Indec, es como querer tapar el cielo con la mano. Después de la nueva purga operada en el instituto de estadísticas, la primer cifra que se filtró de la inflación fue del 0,8%, luego cundió el ánimo de acercarse más a la realidad y parecía que se iba a hablar de un 0,9% pero al final, lo que se mostró como índice, fue 0,7%. La credibilidad de los datos del Indec sigue en picada e incluso la técnica norteamericana de medición, llamada inflación núcleo, que desestima factores estacionales, precio del petróleo y otros elementos distorsionantes, tampoco daría cifras como las que quiere el gobierno.

Será difícil para Cristina, si no consigue detener la escalada de aumentos salariales fogueados por los sindicatos además de una buena respuesta con el proyectado "pacto social", frenar el impulso inflacionario.

RETENCIONES. Este nuevo golpe para el sector agropecuario, condice con lo que decíamos la semana pasada. Se trata de un grupo al que se le puede sacar mucho jugo, ya que su peso como generador de votos resulta descartable. Si hay unos 400 mil productores y éstos se multiplican por familia, por 4 o 5 , el resultado da un 4% o 5% de la población del país, por lo cual es lógico que con una visión cortoplacista, el fisco los tenga en la mira para poder recoger más dinero y disponer de abundantes recursos para alimentar las políticas clientelísticas. Para los planes trabajar, más empleos públicos, el cinturón industrial, al tiempo que se incentiva el despoblamiento de la campaña y aumentan los asentamientos precarios alrededor de las ciudades.

Las recientes medidas, de las cuales se ha dicho que procuran favorecer el valor agregado de los productos, resulta que aumentan en mayor medida la tasa del impuesto a los subproductos como aceite, harina; que a las materias primas. Justo lo contrario de lo propuesto y de lo que se hace actualmente en China, por ejemplo.

Con este aumento que va de un 5% a un 10% en las retenciones, (puntos porcentuales de los derechos de exportación), el gobierno se hará de 1.500 millones de dólares extras, que además no seran distribuidos, (no hay que repartir con las provincias). Seguramente le vienen muy bien para hacer frente a la mentada suba del gasto público ocurrida en este año electoral.

Con la cosecha anterior, las retenciones le dejaron al Estado US$ 4.150 millones. Con la actual, calculada en 95 millones de toneladas, semejante a la del año pasado y con los precios de hoy, el aporte será un 78% mayor; US$ 7.400 millones.

Lo curioso es que en la plataforma electoral en 2003 del Frente para la Victoria, se hablaba de comenzar un proceso de eliminación de las retenciones una vez alcanzado el equilibrio fiscal, aunque agregaba también; en la medida de las posibilidades presupuestarias.

Por lo visto, no ha sido suficiente a pesar del continuo crecimiento de la economía, gracias sobre todo a las convenientes condiciones externas, mucho más que a la sagacidad de la conducción gubernamental, que la voracidad fiscal disminuyera. Ante las novedades, dirigentes de instituciones agrarias, han denunciado que estas decisiones de la autoridad, a quienes más va a perjudicar es a los productores pequeños, porque para absorber la suba, éstos tendrán que aumentar la escala. En enero pasado el gobierno creó un fondo compensador por 500 millones de dólares, en su mayor parte con las retenciones, para que ciertos precios no subieran, sin embargo sólo se habrían utilizado 17 millones.

Pero lo probable es que el mundo hambriento siga igual comprando.

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