Claudia Barro y su marido Eduardo tuvieron a su primer hijo en compañía de la doula Marta Sucunza. Barro habló con EL PAÍs digital sobre lo que significó esa experiencia para una madre primeriza
¿Cómo llegaste a tener un hijo acompañada por una doula?
- Yo ya venía trabajando con Marta en un taller de respiración y gimnasia. En esas clases me comentó que estaba haciendo este rol de doulas a lo cual me propone asistir a mi parto. Con Eduardo estuvimos de acuerdo, también con mi ginecólogo y fue realmente una experiencia espectacular.
¿Qué te llevó a estar de acuerdo con que ella estuviera?
- El hecho de tener tranquilidad, de estar con una persona que me conocía desde los tres meses y medio de embarazo, de trabajar con ella dos veces por semana, dos horas diarias. La tranquilidad fue lo más importante, tanto para mi como para Eduardo, por que si bien él quería asistir al parto eramos padres primerizos y nos daba ese miedo de cómo lo íbamos a encarar. Marta cumplía con todos esos requisitos en darnos tranquilidad, apoyo y conocernos a ambos, que es muy importante.
¿La preparación se extendió a tu pareja?
- Si. Al principio venía yo sola. Luego Eduardo vino dos o tres veces donde nos sacamos todas las dudas, más que nada él. Y era eso, preparanos psíquica y mentalmente desde el primer momento.
¿Cómo fue la experiencia cuando te internaste?
- Yo rompí bolsa en mi casa y a la primera persona que llamo es a Marta. Luego mi ginecólogo. Llegué el Sanatorio y Marta lo hizo media hora después y de ahí en más el acompañamiento fue total: cómo me sentía, siempre respetando mis tiempos lo cual fue muy importante para mi. Además fue muy importante el respeto del ginecólogo y de Marta a mi pareja. Cuando Eduardo se acercaba Marta la daba su espacio, me preguntaba si iba ella o si iba Eduardo.
- Cuando llegaron las contracciones, permitió que primero estuviese Eduardo a mi lado, pero le vino un poco de miedo y se sintió mal, entonces Marta le preguntó si quería que lo hiciera ella. En ese momento fue Marta al 100%. Ella respetó hasta el momento en que se dio cuenta que se necesitaba su intervención y que yo necesitaba su ayuda.
¿Y cómo fue ya en sala de parto?
- El primero en entrar fue Eduardo, luego Marta y por último el ginecólogo. Cuando vino el primer pujo Marta le preguntó a Eduardo si quería ayudar él o ella. Mi marido dijo que ella, ya que el quería disfrutar de otra forma ese momento. Ella me ayudó en la postura, en controlar la respiración, pujar, en recordar dónde tenía que hacer la fuerza. Realizó un trabajo espectacular, me sentí muy acompañada, apoyada, contenida lo cual es muy importante. Me sentí muy bien.
¿Lo recomendás a otras madres?
- Totalmente. Lo mejor que puede pasarle a una madre... es decir, en mi caso yo era primeriza y fue saber, tener claro que hay que disfrutar cada momento del embarazo. Yo nunca pensé cosas negativas que pudieran pasar, ya que uno se enfrenta a muchas historias de otras mujeres. Bueno, yo deseché todo eso siempre pensando en positivo.
¿Conocías la ley de acompañamiento?
- Sabía que una mamá tenía derecho a elegir a una persona que la acompañe en el parto, pero no sabía que podían ser dos. Cuando hablé con el ginecólogo para que entrara Marta se nos planteó la incertidumbre si entonces podía entrar Eduardo. El médico me dijo que sí sin ningún problema, que la elección de que Marta también entrara era nuestro y el la respetaba totalmente. Fue fundamental la comunicación entre mi médico y Marta. Hubo una fusión de equipo de gran importancia.