BUENOS AIRES. AFP, EFE Y LA NACIÓN/GDA
Gobierno y oposición intercambiaron reproches y acusaciones tras el asesinato de tres policías el viernes, hecho no aclarado y que tiñó de sangre la campaña electoral, cuando solo faltan siete días para los comicios.
Angustia, dolor y rabia eran los sentimientos imperantes ayer en la ciudad argentina de La Plata, durante el velatorio y entierro del sargento Pedro Díaz (45) y los oficiales Ricardo Torres (26) y Alejandro Vatalaro (27). Los tres policías fueron acribillados y apuñalados el viernes de madrugada mientras se encontraban en una dependencia policial provincial de esa ciudad.
Todos los candidatos presidenciales argentinos condenaron el hecho. Pero mientras el gobierno, a través del presidente Néstor Kirchner, dijo que el triple asesinato responde o "a un ajuste de cuentas mafioso" o "a sectores que no quieren que se lleven adelante juicios" contra represores de la última dictadura militar, impulsados por la actual administración, la oposición responsabilizó al Ejecutivo por la falta de reacción ante la violencia. El tema entonces, se metió de lleno en una campaña electoral que hasta el momento se había caracterizado por la apatía.
El gobernador de Buenos Aires, Felipe Solá, aliado de Kirchner, fue ayer al velatorio de los efectivos ejecutados. Familiares y allegados de las víctimas, algunos llorando desgarradamente, se acercaron al dirigente para reclamarle justicia. El gobernador opinó en la misma sintonía que el presidente sobre las muertes, inclinándose por la hipótesis del "móvil político" y calificándolas de "mensaje mafioso (cuya) intención ha sido dañar en lo más profundo" a las altas esferas políticas del distrito electoral más grande del país, con el 40% de los votantes. Aun así, se mostró cauteloso al enfatizar que esas presunciones debían ser comprobadas.
Las hipótesis que manejan los investigadores son básicamente dos: una venganza o un acto contra el gobierno, lo que avalaría la hipótesis oficial. Uno de los agentes asesinados había participado recientemente en un operativo culminado con la detención de una banda de delincuentes. La saña con que se trató a las víctimas -decenas de balazos y puñaladas, ajusticiamiento por la espalda- no le resta fuerza a esta versión.
La acción contra el gobierno, ya sea nacional o provincial, respondería a una venganza a la política de la Casa Rosada en materia de derechos humanos. Fue durante esta administración que se anularon las leyes de amnistía y se realizaron los primeros juicios a represores. En anteriores ocasiones, el gobierno había hablado de la existencia de "elementos residuales" de la última dictadura en el seno de la Policía Bonaerense.
El presidente Kirchner había dicho el viernes, horas después del hallazgo de los cadáveres, que "no es casualidad que (el crimen) se dé tan pocos días antes de las elecciones".
Ese mismo día, la primera dama, senadora, y candidata oficialista, Cristina Fernández de Kirchner, favorita para triunfar en el comicios del domingo 28, se sumó a los repudios por los homicidios en un acto de campaña en el que dijo "por más que nos hieran, por más que nos golpeen, no nos van a derrotar".
INSEGURIDAD. El arco político opositor condenó por igual el triple atentado, pero -al contrario que el gobierno- encuadró el brutal ataque en el marco de la inseguridad y el aumento de la delincuencia. Las mayores críticas fueron dirigidas al ministro bonaerense de Seguridad, León Arslanian.
La candidata liberal cristiana Elisa Carrió, a quien las encuestas ubican en segundo lugar en las preferencias de los votantes, calificó el hecho como "una injusticia brutal".
"Fue un fusilamiento horrendo", afirmó el ex ministro de Economía y presidenciable Roberto Lavagna, que encabeza una coalición de peronistas disidentes y opositores socialdemócratas y está ubicado en tercer puesto, según los sondeos de opinión. Lavagna vinculó el crimen de los tres policías ocurrido en una dependencia oficial de la provincia de Buenos Aires "con los problemas de la inseguridad ciudadana" y acusó al gobierno de Néstor Kirchner de falta de reacción ante el tema de la violencia, que se metió de lleno en la campaña electoral.
"Hay ocho asesinatos por día pero el gobierno no reacciona porque disimula la realidad para llegar a las elecciones", disparó el ex ministro de Kirchner.
El candidato derechista Ricardo López Murphy, con escasas chances en los comicios, condenó el triple crimen y señaló que los homicidios "son una grave responsabilidad del gobierno, por no tener un sistema de seguridad razonable".
El jefe de Gabinete, Alberto Fernández, dijo ayer que "no hay que convertir este hecho espantoso en un hecho de campaña, porque tal vez alguno haya querido hacer un hecho de campaña con este hecho espantoso".
"¿Para qué está la policía? ¿Para ser blanco de unos asesinos?"
LA PLATA. Desconsolado, sin poder entender aún lo que le había sucedido, Salvador Vatalaro, el padre de uno de los tres policías asesinados, dijo: "A los asesinos, hay que matarlos".
Su hijo se llamaba Alejandro, tenía 27 años y era soltero. "Si yo tengo la suerte de encontrarlos en la calle (a los asesinos de los tres policías bonaerenses), no sé qué voy a hacer", dijo el padre de Vatalaro. "No sé cómo fue, no sé lo que pasó. Lo único que sé es que a mi hijo me lo mataron", sostuvo el hombre en declaraciones a un canal de noticias.
"Al policía no se lo respeta ni se lo tiene en cuenta. Si el policía mata a alguien, es un asesino, un caso de gatillo fácil. Mi hijo cuidaba de nosotros y lo matan. El policía no tiene derechos humanos. ¿Para qué tenemos a la policía? ¿Para que sea un blanco de los asesinos?", se preguntó entre indignado y conmocionado.
Ricardo Torres Barbosa había egresado en enero pasado de la Escuela de Policía Juan Vucetich, con el grado de oficial. Tenía 26 años. Estaba casado y tenía un hijo de dos años. Y tenía una gran ilusión porque su esposa está embarazada de siete meses.
Según las primeras conclusiones de los médicos forenses, Torres Barbosa habría sido el primero en caer por las balas de quienes el viernes a la madrugada irrumpieron en la planta transmisora dependiente del Ministerio de Seguridad de la provincia de Buenos Aires.
El sargento Pedro Díaz, quien intentó escapar y fue ultimado por la espalda, tenía 45 años y dos hijos de 27 y 25 años. A su cargo tenía la custodia del destacamento donde fueron abatidos.
Torres Barbosa y Vatalaro rotaban las dependencias que custodiaban. Donde encontraron la muerte, estos dos últimos llevaban un mes y medio. Sus cuerpos tenían rastros de golpes, cuchilladas y balazos. LA NACION/GDA