M. LIMA, H. VAROLI y D. FRIEDMANN
Barrio Sur vibró al cierre del Día del Patrimonio. Carlos Páez Vilaró, frente a la casa de su amiga Martha Gularte, se olvidó de sus dolencias y desfiló con Zulucat para honrar a las mujeres con quien salió por primera vez en una comparsa hace 50 años.
Ayer, el sol que hubo desde temprano hizo que la convocatoria recibiera tres veces más público que el sábado, dijo a El País William Rey, presidente de la Comisión de Patrimonio. Indicó que la Escuela Aeronáutica tuvo 15.000 visitantes en un solo día y que en el interior, Durazno y Cerro Largo fueron los departamentos con más movimiento.
"El tema elegido (homenaje a las culturas afrouruguayas) tuvo mucho impacto y eso es importante", afirmó Rey.
En Barrio Sur, Páez Vilaró se colgó ayer de tarde el piano de 6 kilos 550 gramos hecho por Juan Velorio, en medio de solicitudes de autógrafos y fotos.
A las 18 horas comenzó a desfilar en la inauguración de la denominada, desde ayer, Curuguaty Peatonal del Candombe. "La Peatonal del Candombe no es otra cosa que ponerle un disfraz lubolo, una especie de dominó, a lo que fue la callecita de Curuguaty donde pasaron todos nuestros negros históricos, todas nuestras grandes comparsas", dijo Páez Vilaró en medio del ruido de las aproximadamente 2.000 personas que esperaban el comienzo del desfile de la comparsa.
"No podía dejar de venir a este homenaje que le hicieron a Lágrima, a Martha y a Rosa con quienes salí por primera vez en una comparsa hace 50 años", agregó el artista.
En el homenaje hecho por la Comisión Nacional de Patrimonio a la cantante Lágrima Ríos y a las vedettes Martha Gularte y Rosa Luna "faltó Juan Ángel Silva porque es uno de los símbolos del candombe uruguayo", opinó Páez Vilaró, quien tuvo un taller de pintura en la pieza que Silva tuvo en el conventillo Medio Mundo.
Con el paso lento, el artista, de 84 años, acompañó a los jóvenes vestidos de amarillo y naranja por toda la cuadra Curuguaty y pasó por el monumento a Gardel hasta la puerta del ex conventillo Medio Mundo. En ese lugar se inaugurará en diciembre un edificio de 44 apartamentos del complejo del Banco Hipotecario que lleva el mismo nombre del conventillo y cuya arquitectura trata de tener similitudes con aquel.
Frente a ese lugar Zulucat dejó de tocar. La comparsa y el público aplaudió al artista. El hijo de Lágrima Ríos, Eduardo Bernardini, le gritó: "Carlos, estos (Zulucat) son el primer premio del próximo Carnaval".
A las 18.30 el artista se hizo a un lado, se sacó la túnica de colores y se descolgó el piano para dejar que Zulucat siguiera el desfile.
Para el hijo de Lágrima Ríos "es un milagro que Páez Vilaró haya venido. Es divino verlo acá". Miró al cielo y dijo: "Las tres grandes -Lágrima Ríos, Rosa Luna y Martha Gularte- están mirando y gozando".
Más temprano, en la Ciudad Vieja, Páez Vilaró fue la cara más conocida del Mercado del Puerto. El artista les pintó dos platos a los mozos de El Palenque, almorzó y tomó vino, se sacó fotos con la gente y hasta compró tres billetes de lotería.
En la Ciudad Vieja el eje de la movida patrimonial se concentró en la peatonal Sarandí. Llegó a convertirse en el hormiguero de gente de todos los años. Los artesanos y los vendedores ambulantes hicieron su zafra. Los tres escenarios que se instalaron en el entorno también estuvieron con público todo el tiempo, y los boliches y restaurantes tuvieron comensales en las mesas de adentro y de afuera. Como siempre, a la hora de visitar edificios, la gente eligió el emblemático Teatro Solís, el Cabildo y la Catedral. El mausoleo de Artigas también fue de lo más visitado.
En el Registro Civil se exhibieron las partidas de nacimiento de las tres homenajeadas en una vitrina y fotocopia de las partidas de escritores y actores nacionales. Mucha gente se entretuvo con eso.
"Estos días ayudan a mostrar cosas, a conocer… es una fiesta", dijo un vendedor de fotografías del Montevideo antiguo, un auténtico testimonio del patrimonio uruguayo.
Tenía fotos de los carnavales de 1917, de la antigua plaza de toros que había en La Unión, las tradicionales imágenes de 18 de Julio y los ómnibus viejos, de la playa montevideana, del Hotel Carrasco abierto y en actividad, del obelisco rodeado por edificios de hasta dos o tres pisos de alto, entre otras.
En el Museo del Carnaval, en la rambla portuaria, la cola para entrar daba vuelta la esquina, por la calle Maciel. Fue el punto de referencia para hablar de la cultura negra, del candombe, de las vestimentas y las tradiciones afros.
CERRO. El Día del Patrimonio puede ser también la oportunidad para difundir proyectos, conocer más las raíces y disfrutar en familia. Esos tres aspectos se conjugaron ayer en el Cerro. En la puerta del Centro Cultural Florencio Sánchez dieron a conocer varios iniciativas de la zona en una feria callejera sobre la calle Grecia: talleres de plástica, un plan de cogestión del Parque de Punta Yeguas y Nazaret, una iniciativa para mujeres con bajos ingresos de la zona.
Dentro del teatro, un centenar de personas esperaba la actuación de "Negranzas", la comparsa más antigua del Cerro. El grupo salió por primera vez a la calle en 1989, pero su gestación data de 1800, cuando las familias Asambuya y Machado se establecieron en ese tradicional barrio capitalino y cultivaron el toque del tambor.
Una de los sitios más visitados en la zona, además de la tradicional fortaleza del Cerro, fue el Museo de los Trabajadores de la Industria Frigorífica.
En la sala "Por la huella de los inmigrantes" había varias historias de personajes anónimos, pero importantes para la Villa del Cerro. Los más pequeños conocían así a las lavanderas Carmen y Natividad, recordadas por llevar los atados de ropa sin que se les cayeran, a Mariza que llegó de Polonia sólo con un rosario que estaba en exhibición y a Jesusa, una española, que tarareaba y se destacaba por su dulzura.
(Producción: F. Bonhome)