Desgracias en obras urbanas: una fatal, la otra con suerte

Infancia. Agustín Amarillo, un niño de 8 años murió aplastado por un caño de una obra vial en Punta de Manga | Otro chico se cayó en un pozo profundo, pero pudo ser rescatado por los vecinos

2007-10-04 00:00:00 500x500

DÉBORAH FRIEDMANN

Paola está en la puerta de su casa en Punta de Manga. Mira al vacío, en el lugar en que su sobrino Agustín (8) murió aplastado por un caño. Una desgracia. En Carrasco la desgracia fue "con suerte": salvaron a un niño que cayó a un pozo.

Ambos casos, que sucedieron en las últimas horas, tienen varios puntos en común: fueron protagonizados por niños y en obras a cargo de la Intendencia de Montevideo.

Agustín Amarillo tenía 8 años. El lunes de tarde estuvo jugando con otros dos niños, parientes suyos, en la puerta de su casa ubicada en La Calera, casi Avenida Instrucciones. Allí, una empresa contratada por la Intendencia coloca caños de hormigón en zanjas para canalizar el agua de lluvia. Dejan algunos caños para que los ve- hículos puedan ingresar después a los garajes.

Paola, la tía de Agustín, recuerda que les dijeron a los niños que entraran, porque había caños sueltos. Un vecino le había advertido a miembros de la empresa que realiza la obra que "apuntalaran los caños, porque uno se iba a terminar cayendo encima de un niño", relata.

Agustín volvió a salir y Sheila, su madre, le dijo que entrara a la vivienda. Regresó, pero volvió a jugar en la puerta, sin que sus mayores lo advirtieran.

Minutos después, un vecino vio que Agustín estaba debajo de un caño. Se había puesto a jugar en la cuneta. Uno de los caños se le cayó encima, indica el parte policial. "Mi padrastro intentó sacarlo pero no pudo. El caño pesa unos 100 kilos", dice Paola. Llamaron al 911 pero vino "mucho después", cuenta. Finalmente, con una máquina pudieron quitar el caño de encima de Agustín. Lo llevaron a la policlínica de Capitán Tula. Ya estaba muerto.

Su familia no encuentra consuelo. Sheila, su madre, está embarazada de 4 meses. Ayer, después del entierro de Agustín, intentaba descansar. Tiene otros dos hijos, Pricilla (2) y Jean Carlos (1).

El padre de Agustín hizo la denuncia en la seccional 17. La familia va a llegar hasta las últimas consecuencias judiciales, asegura Paola. "Fue negligencia; el caño no estaba apuntalado. Si no, ¿cómo un niño tan flaquito como Agustín lo iba a tirar? Si los responsables tienen que ir presos, que vayan. El dinero no va a solucionar esto. Nadie lo va a devolver", afirma.

La Justicia investiga el caso. Hasta ayer no había detenidos y se trabajaba en reunir información. Los padres de Agustín irán a declarar en los próximos días.

Mientras, la Intendencia de Montevideo abrió una investigación para evaluar la responsabilidad de la empresa Emilio Álvarez en la muerte de Agustín. El director de Vialidad de la Intendencia, Walter Guillén, afirmó que "no se le puede echar la culpa a nadie por la muerte del niño", según "El Observador". Ayer, Guillén se excusó de hacer declaraciones a El País.

"CON SUERTE". Exactamente un día después, el martes a las 17 horas, Gladys caminaba por Emilio Ravignani y Cánovas del Castillo, Carrasco Norte. Sintió que un niño lloraba y decía: "No puedo salir del pozo". El "pozo" es, según el director de Saneamiento de la Intendencia, Américo Rocco, "gigantesco": tiene 6 o 7 metros de largo por tres de ancho. Allí la comuna realiza una reparación en un colector que está a 5 metros de profundidad, explicó.

Después de escuchar los gritos, Gladys quedó en shock, y le pidió a un niño que pasaba por ahí que trajera ayuda. "Le dije que se quedara quieto. Estaba todo mojado y nervioso. Yo tenía miedo que se desmoronara todo", recuerda. Por "suerte" -una palabra que repiten los vecinos de la zona- eso no pasó. Un vecino trajo una manguera. Le dijeron al niño que se atara y entre varios, tiraron despacio hasta sacarlo. Salió ileso.

Gladys dijo que el pozo le preocupa, porque hay varios niños que juegan en esa cuadra. Estaba mal señalizado, afirma, y cuenta que ayer le pusieron "madera alrededor".

Ernesto, otro vecino, coincidió con ella. "Ponen una cinta y al rato ya está en el suelo. No hay barreras suficientes", dice.

Sin embargo, Gladys Imer, sostiene lo contrario. Tiene el pozo frente a su casa. "Estaba perfectamente señalizado, con cintas de un lado a otro de la calle y también balizas. Tiene un cartel de calle cerrada y otro a dos cuadras de acá. La comuna no tiene la culpa", dice.

Ella también estuvo en la tarde del martes. Dice que ese niño junto a otros "tiran las balizas". "Se ve que quiso tirar una y se cayó", comenta.

Desde la Intendencia, Rocco afirma que en esa obra "está todo perfectamente balizado, con una cinta que las une y además tienen luz". "El chiquilín cayó en el pozo, en una zona que estamos construyendo, y afortunadamente no pasó nada, dijo Rocco. (Producción: H. Varoli y E. Delgado)

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