EDWARD PIÑÓN
Se había esfumado hasta la prórroga. Pero en el aire se intuía que Peñarol tenía guardado algo especial.
Quizás por la forma en la que se dio la propia jugada final, entre las dudas de si fue o no fue tiro de esquina. Quizás por la manera en la que Miramar Misiones se metió en su arco para aguantar los 15 minutos finales del partido. Quizás por la confianza que recuperó la gente por el estilo con el que se obtuvo el triunfo sobre Bella Vista cuatro días antes.
Había algo. Y en la Amsterdam lo vislumbraron. Si hasta el grito de gol pareció brotar mucho antes que la pelota saliera despedida de la cabeza del colombiano Leonardo Fabio Moreno.
Era el último centro. Pero se veía venir. Era la última jugada. No había lugar ni para pestañear o para patinarse en la cancha. Tenía que ser esa. Y lo fue.
Cayó del cielo. Pero fue la recompensa a la insistencia, a la búsqueda desesperada del triunfo. Porque podrá decirse que a Peñarol le sigue faltando el volumen de juego que Gustavo Matosas le quiere dar al equipo, pero no hay nada para reprocharle por todo lo que hizo el conjunto para impedir que se le escaparan las tres unidades.
Los tres puntos llegaron en los descuentos de la prórroga, pero pudieron caer mucho antes. Terminó siendo al viejo estilo Peñarol, con la mística del club que volvió a reflotar en las últimas seis unidades, pero bien pudo ser con la "onda Matosas".
Y si eso no ocurrió así fue porque Damián Frascarelli lo impidió en un par de oportunidades, porque el caño jugó a favor de Miramar Misiones o porque a Fernando Correa, por ejemplo, se le patinó la pelota cuando quedó en la puerta del arco para anotar.
Es que si bien es cierto que los cebritas le complicaron la tarde a los aurinegros, a la hora de medir las llegadas de riesgo, no hay dudas que el protagonismo lo tuvo Peñarol.
Eso sucedió porque Ramiro Bruschi aprovechó bien la banda, porque Carlos Díaz se proyectó con eficacia y porque Paulo Pezzolano acertó cuando metió alguna diagonal. Pero si de créditos se trata, lo mejor estuvo reservado para el final. Cuando el "Piojo" Pérez entró a la cancha en lugar del africano Mohammed.
Con su velocidad y decisión para filtrarse entre los defensas rivales, el "Piojo" inyectó al equipo la fuerza que precisaba para terminar de poner en el horno a los "monitos".
Que al final quedaron "cocinados", cuando parecía que el partido ya estaba liquidado.
Ellos no se los esperaban, pero los carboneros sí. Había algo que lo estaba anunciando. Que permitía intuirlo. Se veía venir que era "a lo Peñarol". Y fue.
La cifra
6 puntos ya ganó Peñarol en los últimos segundos. Con Bella Vista a los 93` y con Miramar a los 94`