Un actor maduro en un romance otoñal

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GUILLERMO ZAPIOLA

Casi todos los observadores internacionales han opinado que se trata de un regreso por la puerta grande. Peter O`Toole protagoniza "Venus", película por la que volvió a ser candidato al Oscar y que se estrena el viernes próximo.

La labor del veterano actor es de lo que más se ha hablado en esta película que le valió su octava candidatura al Oscar y su octava pérdida de la estatuilla. Pero parece haber a priori otros elementos de interés en esa comedia dramática dirigida por Roger Michell.

Lo que cuenta Venus tiene que ver con un par de veteranos actores (O`Toole, Leslie Philips), amigos de toda la vida, cuyos temas de conversación suelen ser las enfermedades y la muerte próxima. En su existencia irrumpe de pronto una ruda joven (Jodie Whitaker), que lo cambia todo. El personaje de O`Toole se enamorará de esa chica cincuenta años menor que él.

La crítica ha elogiado especialmente la labor de O`Toole, señalando que se desempeña con igual solvencia como el actor que compone en la ficción ("nadie recita a Shakespeare como él"), y como el personaje que encarna fuera del escenario. Esa labor es "pura poesía", se ha dicho.

Hay por cierto otro nombre a tener en cuenta en el film, y es el del escritor anglo-pakistaní Hanif Kureishi, quien ha escrito para cine cosas como Mi bella lavandería (1983) y Sammy y Rosie van a la cama (1987), ambas dirigidas por Stephen Frears (el de La reina), y llevó al cine London Kills Me (1991), sobre asunto propio. Hombre escindido entre sus raíces islámicas y su inserción en la cultura británica, muy crítico (por ejemplo) del islamismo radical, Kureishi es una de las figuras más interesantes de la literatura inglesa de hoy.

Pero todo indica que Venus no es "la película de Hanif Kureishi", y ni siquiera la del correcto e impersonal director Michell, quien hizo antes Un lugar llamado Notting Hill. Es, a secas, la película de O`Toole, uno de los mayores actores de la historia del cine pese al empeño casi deliberado que aplicó a lo largo de los últimos treinta años para dilapidar su talento innato.

Por supuesto, la carrera de O`Toole es una de las más asombrosas del cine moderno. A los treinta años protagonizó Lawrence de Arabia, con una labor que encabeza una encuesta reciente de la revista hollywodense Premiére como la mejor actuación cinematográfica de la historia.

Más allá de lo que pueda pensarse de cualquier lista que considere al insufrible Marlon Brando como "el segundo mejor actor de la historia" (admitámoslo, por un film en el que no estaba mal, Nido de ratas), y que cree seriamente que Dustin Hoffman es más importante que John Wayne, el dato no deja de ser revelador.

CULMINACIONES. Y hay que agregar que el Thomas Edward Lawrence de O´Toole es solamente una de las varias composiciones memorables que el actor proporcionó en su década más fértil y exigente, los años sesenta: a ese período pertenecen sus dos Enrique II (en Becket, 1964, y El león en invierno, 1968), su Lord Jim (1965, una actuación perfecta en una película imperfecta: quien no estaba a la altura del material de Joseph Conrad era su director Richard Brooks), o su vesánico general nazi de La noche de los generales (1969). Esas actuaciones alcanzarían para garantizar el prestigio perdurable de un actor, y no son las únicas de primer nivel en su carrera.

Antes y después hizo mucha cosa irregular, y caerse dentro de una botella de whisky ciertamente no ayudó. Hace más de treinta años tenía el estómago tan estropeado por la bebida que se le vaticinaron pocos meses de vida. Salió de ello y de otras cosas (por ejemplo el cricket, un deporte que le encanta pero que tuvo que abandonar porque, reconoce, "ya ni siquiera puedo ver la maldita pelota").

Su primera esposa, Sian Philips, de quien tiene dos hijos, lo ha definido como "peligroso y perjudicial". Sin embargo fue capaz de pelear por la custodia de su tercer hijo, Lorcan (sin casualidad, su nombre es la versión gaélica de Lawrence), que tuvo con la modelo Karen Brown, y la ganó. O´Toole dejó de tomar, y Lorcan es actor.

Venus parece formar parte de ese proceso de recuperación. "Morirse es fácil y hacer una comedia es muy difícil. En esta película quise poner un poquito de cada cosa", ha comentado el actor con cáustico humor, refiriéndose a su trabajo en la película.

Con el mismo tono ligero, el veterano intérprete (75 años) ha podido añadir en un reportaje concedido a la BBC: "Viví esta historia casi como una celebración. Lo digo pese a que me cuesta hablar con objetividad de una película en la que aparezco en casi todos los planos. Maurice, mi personaje, lo tiene todo a su edad: un empleo decente haciendo lo que le gusta y una hermosa chica a su lado. En mi caso, no hay mejor bendición ni mejor alegría que encontrarme bien con gente joven a mi lado".

En una entrevista en The Sunday, el actor pudo ampliar sus comentarios acerca de la edad: "Hace cuatro años, decía en voz alta que ojalá apareciera alguien con suficiente audacia como para escribir un papel políticamente incorrecto para mí, el de un hombre mayor relacionado con una mujer mucho más joven. Con esta película dejé de pagar el cheque para el geriátrico; es un papel maravilloso", asegura.

O´Toole se confiesa un perezoso profesional, pero hay una chispa de humor en sus declaraciones que hace que haya que tomarlas con pinzas: "Siempre dije que el único ejercicio que hice en la vida fue el de seguir la ruta de los ataúdes de mis amigos. De tanto hablar de eso, hace un año mi médico me conminó a cambiar algunos hábitos y terminé durante seis semanas en compañía de un grupo de jugadores de criquet, tratando de poner allí lo mejor de mí. El problema es que me pasé para el otro lado, sin poder encajar en ese mundo, aburriendo a todos y subiendo escaleras y colinas".

Tan perezoso no debe ser, sin embargo, porque cuando no está filmando se dedica a otras actividades, por ejemplo escribir. Ya ha publicado dos tomos autobiográficos (Loitering with Intent: The Child, sobre su infancia, en 1995, y Loitering with Intent: The Apprentice, sobre sus años de formación como actor, en 1997), "maravillosamente bien escritos" según alguien que los ha leído, y prepara un tercer tomo. También se ha dedicado a estudiar los sonetos de Shakespeare y tiene al parecer una teoría personal sobre ellos, de la que no habla mucho pero acaso alguna vez escriba algo.

Y ha seguido actuando. Interpretó un papel secundario en One Night with the King (2006), un drama de época basado en la historia bíblica de la reina Esther, y es el rey de un mundo mágico en la inminente Stardust. También integra el elenco de La chanson de Roland del chileno Raoul Ruiz. Y sigue confiando en que alguna vez va a ganar el Oscar.

Un Papa en la agenda de una estrella: Pablo III en "Los Tudor"

Reyes y representantes de la nobleza y el poder se le dan bien a Peter O`Toole. El actor encarna al papa Pablo III en la segunda temporada de Los Tudor, la serie sobre Enrique VIII y su tiempo que el canal para abonados People & Arts, pondrá en el aire el mes próximo.

Para que O`Toole pueda mantener un duelo epistolar con el mujeriego Enrique (Jonathan Rhys Meyers), que se empeñó en divorciarse de su primera esposa Catalina de Aragón para casarse con Ana Bolena, se peleó con el Vaticano e inventó la Iglesia Anglicana, la serie se toma alguna licencia poética. De hecho, para entonces Pablo III estaba muerto y el papa era Clemente VII.

Un buen scotch por la noche

O´Toole declara que ya no bebe como lo hiciera en sus tiempos de alcohólico, pero que se permite, sobre todo por las noches, alguna buena dosis del mejor scotch mientras añora a sus viejos amigos. "Se fueron todos; al último lo despedí hace un año", declara mientras reconoce su admiración por Laurence Olivier y repite que Jack Hawkins fue el tipo más divertido que conoció.

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