Un paseo por la Rural con encuentros de película

Vázquez. El presidente se mostró de buen humor, aun ante las críticas con ironía

2007-09-11 00:00:00 501x307

DANIEL ISGLEAS

De aspecto distendido y notorio buen humor, el presidente Tabaré Vázquez recorrió a pie el predio de la Expo Prado. Saludó a todo aquel que se le acercó y habló con los cuidadores, pero también recibió reclamos.

Ayer, tras el Consejo de Ministros donde se analizaron las medidas para contener la inflación (rebaja de tarifas, entre otras), el presidente se fue al Prado a presenciar tareas propias de la actividad agropecuaria. Hizo malabarismo con una pelota, tocó el tamboril, se fotografió con los Simpsons y visitó los stands de las empresas estatales. Escuchó elogios pero también comentarios irónicos de una mujer a la que su pensión le aumentó $ 26.

Durante hora y media, tomó contacto con personas de toda edad y condición, ancianos, niños, peones de campo, empresarios del agro y hasta se abrazó con el ex presidente Luis Alberto Lacalle, con quien se cruzó en las oficinas de la Asociación Rural del Uruguay (ARU).

Guzmán Tellechea, presidente de ARU, y el director de exposiciones, Alejandro Carvalho, fueron sus anfitriones.

Acompañado por un discreto dispositivo de seguridad, casi no se notó su llegada a la exposición, minutos antes de las 12. Pero ni bien se corrió la voz, el presidente fue centro de atención. Primero visitó el stand de Chile (se bajó del auto al lado de la puerta). Luego siguió por los stand de UTE, Ancap, Antel y el Banco de Seguros. Entonces, inició una recorrida por los pabellones de bovinos, ovinos y caballos, se aproximó al ruedo y por último entró al stand de la raza ovina Merilin donde asistió a una sesión de esquila.

En los momentos en que caminó por las calles internas del predio de exposiciones, generó una aglomeración de gente que le pedía autógrafos, tomarse fotos o simplemente quería saludarlo.

"¿Querés probar?", le preguntó un malabarista a Vázquez, notando que al mandatario le llamó la atención cómo hacía girar una pelota de fútbol en su dedo índice a gran velocidad. "Dame", demandó el presidente. A cambio, el malabarista, seguramente desconfiando de la habilidad de Vázquez, le ordenó: "Poné el dedo acá". Y le hizo girar la pelota sobre el índice presidencial. Pero el presidente no mostró gran destreza. La pelota se le cayó, pero rápidamente la tomó con sus manos, la elevó y se la cabeceó al malabarista.

Pocos pasos más adelante estaba el stand de Antel con personas disfrazadas como la familia Simpson. Vázquez saludó a Homero, tomó en sus brazos a Maggie, y se fotografió con ambos más Marge y Bart. Fue la apoteosis mediática. Fotógrafos y periodistas apostaban cuál imagen sería publicada, aunque todos coincidieron en que habría pocas mejores que con estos personas de televisión.

Rápidamente, el presidente cambió de escenario: dejó a los Simpson por los tamboriles que tronaban en la puerta del stand de Antel. Y demostró que sabe más darle al parche que dominar la pelota con el dedo índice. Tocó unos instantes y siguió su camino. Cruzó la calle e ingresó a la sede de la directiva de la ARU, donde permaneció unos veinte minutos.

Al rato llegó el ex presidente Lacalle y las cámaras iban de un lado al otro, pareciendo deslumbradas ante presencias de los dos líderes en la Expo Prado. Los periodistas permanecieron fuera de la sede de ARU, pero testigos de la reunión dijeron a El País que Vázquez se cruzó con Lacalle y ambos se saludaron con un abrazo.

Lacalle permaneció dentro y el presidente salió al rato, ahora rumbo al ruedo principal. Pero le costó bastante llegar, porque a esa altura ya había crecido bastante la cantidad de gente que lo seguía. Entre las más eufóricas estaban dos adolescentes coreanas que se tomaron fotos con el presidente.

"Yo lo voté y voy a tener $ 26 de aumento"

El día de Luisa no pudo ser mejor. La señora, jubilada, fue al Prado a pasear con familiares. Y se encontró cara a cara con el presidente. Entonces, Luisa se acordó de los anuncios del gobierno sobre el aumento que los jubilados recibirán como adelanto en octubre, del 2%, en algunos casos a cuenta del de enero de 2008.

Primero saludó a Vázquez, y a continuación le dijo: "Yo a usted lo voté porque iba a llevar las jubilaciones a $ 3.000".

"Muy bien, ya vamos a llegar", le respondió el presidente sin percatarse -quizás- que tras ese comentario la señora le descargaría toda su ironía. "Como gano $ 1.300 el aumento que voy a tener es de $ 26", agregó la jubilada. "Es bárbaro", insistió la señora, tras lo cual recibió un nuevo compromiso presidencial: "Ya vamos a llegar a los $ 3.000".

A continuación, Luisa intuyó que esos comentarios quizás no habían caído bien en el ánimo del presidente, por lo cual eligió distender la situación. "Yo a usted lo conocí cuando visitó a la colectividad gallega", le comentó al presidente.

"Creo que ahí (el presidente) se ablandó un poco", dijo luego la jubilada a los periodistas, confirmando que había percibido cierta tensión en la sonrisa que le dispensó Vázquez ante sus primeros comentarios.

Por los stands de bovinos y ovinos

El tránsito del presidente por los galpones de la Rural fue extremadamente lento. "El país los necesita", decía el mandatario cuando se paraba a conversar con los cuidadores que estaban junto a sus ejemplares.

En el stand de bovinos, Vázquez se topó cara a cara con un ejemplar Hereford de 600 kilos que venía paseando con su cuidador. "Contame un poco sobre este animal", planteó el mandatario al peón. "Tiene un año, es de la cabaña San Enrique de Tellería, en Soriano. Tenemos grandes esperanzas con este animal", le explicó el hombre de campo.

El presidente quedó encantado. Preguntó por la alimentación y le deseó suerte. "Bueno, nos vemos, suerte".

Guzmán Telechea, presidente de la ARU, le mostró otro animal que provenía de Young, Río Negro. Los peones saludaron con un beso en la mejilla al presidente y cuando siguió caminando hacia la salida del galpón bovino lo despidieron con un aplauso.

En el stand ovino, Vázquez presenció parte de la esquila. Mientras, una niñita -familiar de uno de los peones- se le acercó y lo convidó con pop acaramelado. El presidente comió sin vacilar, confiado, como si se lo hubiera ofrecido una nieta suya. A la salida, el presidente se tomó fotos con las hijas de una persona que le llamó la atención diciéndole, apenas, "Taba".

El ministro de Ganadería, José Mujica, mostró su popularidad. "¿Puedo saludarlo?", le preguntó una joven mujer con una bebita en brazos. Mujica sonrió. "Todavía sigo confiando en Usted", le dijo la mujer.

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