Mala lengua

Una de las pruebas del fracaso que sufre el sistema uruguayo de enseñanza, debe buscarse en el uso del idioma, en las precariedades de vocabulario, la penuria ortográfica, las carencias de sintaxis o el empleo equivocado de tiempos y modos verbales. El problema no afecta solamente a los jóvenes, sino también a una generación madura que incurre en similares tropiezos, porque las pobrezas lingüísticas han ido heredándose en este medio donde la gente crece sin saber retener el abecedario, sin dominar la lista de preposiciones o confundiendo el condicional con el subjuntivo. El fenómeno abarca todos los campos, desde la población marginal hasta el sector universitario, y así las autoridades respectivas discuten cómo enseñar la historia reciente del país, pero olvidan afilar las herramientas básicas que deberían sostener todo lo demás. Esas herramientas son las del idioma español y las pruebas del descuido están a la vista.

Puede ser pintoresco enumerar algunos vocablos de uso frecuente que delatan el desconocimiento colectivo en la materia. Por ejemplo, suele decirse "un tema puntual" cuando se trata en verdad de un tema específico o concreto, porque "puntual" quiere decir en cambio "a tiempo, a la hora prevista". Se emplea a menudo la palabra "quiebre", que no existe en el diccionario, cuando debería usarse quebrantamiento o ruptura. Se habla de "rol" confundiendo el término con papel o actuación, porque rol en español quiere decir rollo o lista, y no lo que mucha gente cree. Se recurre a términos retorcidos como "descontracturado", que alguien inventó para sustituir una expresión más aceptable, como "distendido". El problema consiste en que los disparates se contagian y difunden, mientras es muy poca la gente que examina la corrección o improcedencia de una palabra.

Es corriente, por ejemplo, que en el periodismo dedicado al deporte, tanto en el campo escrito como en el oral, se olvide el empleo de los verbos reflexivos y entonces se hable de concentrar, entrenar o clasificar, cuando lo correcto en esos casos sería en cambio concentrarse, entrenarse o clasificarse. Pero los errores se extienden al manejo de ciertas frases muy frecuentadas como "prensa escrita" para referirse a lo que simplemente es prensa (es decir, diarios y demás periódicos impresos) porque los medios audiovisuales no lo son, aunque sean otras formas de periodismo. El empleo inseguro del idioma abarca a veces la aplicación errónea de singulares y plurales ("hubieron accidentes" en lugar de "hubo accidentes") y en la aparición de construcciones redundantes como "hace un año atrás" cuando bastaría con decir "hace un año" o bien "un año atrás". Algo similar ocurre cuando se dice "protagonista principal" olvidando que un protagonista es por definición "el personaje principal de una obra o un suceso", por lo cual el adjetivo es innecesario, además de tautológico.

Otros giros equivocados provienen del uso que se les da en la propia España, donde es habitual que se diga "no más llegar", incluso en el terreno literario, cuando correspondería decir "en el momento de llegar" o sencillamente "al llegar". Se recurre también a la frase "de aquí en más" o "de ahora en más" cuando convendría decir de aquí en adelante o a partir de ahora. Igualmente se habla de "un 2 de junio de 1915" como si esa fecha pudiera repetirse, cuando lo correcto es "el 2 de junio de 1915", aunque el artículo "un" corresponde si se menciona sólo el mes y no el año respectivo.

Las imprecisiones idiomáticas incluyen esa moda reciente -y demagógica- que consiste en agregar una referencia femenina a un plural que no la requiere, como por ejemplo "uruguayos y uruguayas", añadido innecesario que asume empero el valor de una cortesía política en discursos o manifiestos. En todo caso, más grave es el nombre que el Ministerio de Desarrollo Social y la Administración Nacional de Educación Pública eligieron para el plan piloto de alfabetización, cuyo programa se denomina "En el país de Varela, yo sí puedo". Allí el adverbio "sí" está de más, porque basta con decir "En el país de Varela, yo puedo" para que la idea se entienda con entera claridad y con más apego por las normas de la lengua, a pesar de que ese empleo del "sí" pretenda enfatizar la expresión. Pero es más lo que afea que lo que acentúa, aunque las autoridades ministeriales y educativas no parezcan preocuparse de que su plan alfabetizador nazca bajo un título ya discutible.

Pero así sucede en aspectos cada día más numerosos y frecuentes del uso del idioma, cuyas incorrecciones alguna gente defiende en nombre de la flexibilidad, la apertura coloquial o los márgenes de libertad que -según ese sector- debería tener una lengua en perpetua transformación. Sin embargo, un poco de rigor y otro poco de conocimiento no le hacen mal a nadie.

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