MARACAIBO - Edward Piñón | El País en Venezuela
Llegó un clásico y con él la mejor invitación para demostrar qué es lo que tiene este equipo celeste. Un Uruguay-Brasil es un gran duelo continental, lo viven así en todos lados, y allá en el país se disfruta más que nada.
Para qué explicar algo que está en la esencia del uruguayo, que forma parte de las raíces. No es necesario, salvo que el que esté enfrente sea un venezolano y ponga cara de incrédulo cuando se le dice: "no hay uruguayo que no quiera tener de rival a Brasil". Porque hay respeto, sin duda, pero un pasado que invita a seguir pegándoles duro. Lo demostraron los jugadores celestes minutos después de haber jugado su mejor partido de la Copa América y mucho antes de conocer lo que iba a pasar entre Brasil y Chile. Todas las voces, sin excepción, apuntaron a un único rival. "Yo quiero a Brasil", dijo uno tras otro.
Y hasta el maestro Oscar Tabárez se sumó al sentimiento generalizado. Tras esbozar una sonrisa cómplice por lo que habían escogido sus jugadores, el entrenador dijo: "es el favorito y lo respeto, pero no creo que esté fuera de nuestro alcance".
Es imposible no valorar eso. Todo encaja. Brasil es siempre el gran "cuco" de América, pero no asusta ni a Argentina ni a Uruguay, porque de un lado no se dejan amedrentar con historia y nombres y del otro lado saben que no alcanza con gritar "buuuh". Es un clásico y con él se levanta el espíritu guerrero de un equipo que parece haber despertado a la hora de los "bifes", cuando se pega para nocaut o se cae a la lona.
Malos arranques. Fresco está el recuerdo de la Copa América pasada, en Perú 2004, cuando también en semifinales fue empate 1-1 y los brasileños (a la postre campeones) avanzaron por penales y si se mira con atención lo que fue el rendimiento de ambos en lo que va de la Copa América, hay ciertos puntos de contacto.
Del lado brasileño, en los últimos dos partidos han dado espectáculo, pero atrás quedó el debut en el que cambiaron golpe por golpe, pero recibieron dos más en la mandíbula. Porque el Brasil el partido con México perdió pero atacó como para conseguir otra cosa.
Del otro lado acaban de recuperarse de una Copa América que amenazaba con convertirse en decepción absoluta, por culpa de una goleada inicial y de malos partidos posteriores. Pero lo bueno es que el impulso anímico y futbolístico apareció a tiempo.
Además, saber que enfrente está Brasil impide que se produzca el bajón, ayuda a mejorar la concentración y la solidaridad que este equipo por fin encontró en Venezuela.
Es Uruguay-Brasil y no es un partido más. Lo saben todos los celestes y también todos los norteños. Los de Dunga tendrán que preocuparse por el "Cebolla" Rodríguez , Forlán, Recoba, de la misma forma que los del maestro tendrán que tener mucha atención sobre Vagner Love, Julio Baptista y Robinho.
Serán locales. Los brasileños tienen samba y contagian a los caribeños, por lo que no se duda que tendrán todo el Pachencho Romero a su favor. Todo encaja, es Brasil-Uruguay. Para qué explicar algo que está en la esencia misma del uruguayo.
Es el rival que más se quiere tener enfrente, lo dice la historia, se escucha en cada calle y en cada pueblo oriental. Es, como dijo el capitán Diego Lugano, "transitar por el carril histórico". Sólo hay que esperar que aparezca otro golpe duro al mentón del rival, ese que obligará a muchos a decir en Venezuela: "qué vaina este Uruguay".